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martes, 9 de diciembre de 2008

En el país de los tuertos - Juan Torchiaro


EN EL PAÍS DE LOS TUERTOS
Juan Torchiaro

En el reputado país de los tuertos, de quienes, se sospecha, conservan la antigua vocación del desencuentro, hay una construcción de piedra no muy elevada. Aunque desde afuera no se aprecie, su interior es un laberinto de senderos curvos flanqueados de espejos. Durante décadas, un ciego ha recorrido de memoria esos pasillos, entregado a la tarea de concebir ficciones que tiempo después, por la magia de la escritura, les fueron siendo reveladas a los tuertos para su regocijo.
En estos momentos, extraviado en otro laberinto, un tuerto se ha propuesto describir la imagen que guardan en silencio los espejos, de aquel ciego erigido rey en el país de los tuertos. Nunca se sabrá si lo ha logrado.

Foto: Vista de Valencia (J.V.Ortuño)

jueves, 4 de diciembre de 2008

Centro - Juan Torchiaro


CENTRO
Juan Torchiaro

Tomé el subterráneo “C”, que como de costumbre venía repleto. Pronto reparé en un muchacho de mp3 y mochila, convencido de haberlo visto antes.
Cerca de la puerta del lado opuesto había otro casi idéntico, con la misma expresión estúpida e igual equipaje. Y detrás de mí, otro. Y otro más que se abría paso a los empellones entre la gente y se me acercaba.
Cuando me rodearon traté de defenderme, pero sólo conseguí desprender de uno de ellos un antebrazo, del que asomaron cables y circuitos luminosos.
Ahora espero mi turno en este centro de exterminio.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Sueño cortado - Juan Torchiaro


SUEÑO CORTADO
Juan Torchiaro

El degollador de una republiqueta se había quedado dormido. Ante sus ojos cerrados desfilaron una vez más, cumpliendo con ese diario ritual, todas las gargantas abiertas por su mano. Luego, el sueño se le hizo profundo. Soñó con un paisaje luminoso surcado por un arroyo. Con sus seres queridos que no eran muchos. Un bosque con los rayos del sol filtrados por el follaje. Eso iba soñando y, a medida que se adentraba en ese bosque, veía que los troncos de los árboles habían sido hachados salvajemente y por las rajas perdían la savia a borbotones. Algunos caían cerrándole el camino. Quiso correr pero en los sueños es casi imposible. Quiso gritar para despertarse, pero no pudo. Entonces sintió el gusto de las lágrimas salidas de sus ojos, tan abiertos y percatados de la daga con que el nuevo degollador acaba de abrirle la garganta.

martes, 4 de noviembre de 2008

El desembarco de los dioses - Juan Torchiaro


EL DESEMBARCO DE LOS DIOSES
Juan Torchiaro

Ellos vieron con asombro arribar a los dioses. Las profecías ya los habían descrito con infalible certeza. Pronto conocerían el gran secreto que no habían logrado desentrañar los antiguos. Por eso no dudaron en hincarse de rodillas, sumisas sus cabezas y mansos los corazones, esperando la revelación.
Los dioses pasaron, soberbios, rozándolos apenas. Por el rabillo de los ojos vieron con espanto el saqueo, la violación de las hijas, el desenfreno y la depredación. Ahora ya lo saben, pero no les quedan motivos para volver a erguirse.

viernes, 31 de octubre de 2008

Maníes - Juan Torchiaro


MANÍES
Juan Torchiaro

En verano, después de la siesta y la leche, salíamos a la puerta con las sillitas de mimbre. El nono contaba una vez más, en su media lengua, el cuento de la misciarella, mientras llegaba ese vientito que hace ir la tarde. Entonces sonaba por ahí la corneta del manisero y desde la esquina aparecía su locomotora cargada de maníes calientes.
Sólo que esa vez el viento pasó más rápido, llevándose repentinamente la tarde. Así como aquella locomotora que nos dejó un puñado de maníes, y se llevó para siempre al nono.