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sábado, 24 de enero de 2009

Navidad - Beatriz Mingo


NAVIDAD
Beatriz Mingo

Qué hermosa reunión, pensó, contemplando a todos los miembros de su familia sentados alrededor de la mesa. Mientras cortaba la pularda se dio cuenta de que su hermano se estaba empezando a apolillar. Suspiró con resignación. Tendría que embalsamarlo de nuevo.

martes, 20 de enero de 2009

Importación - Beatriz Mingo


IMPORTACIÓN
Beatriz Mingo

Bien embutida en su abrigo de piel la señora miró despectivamente al mendigo harapiento que suplicaba limosna.
—¡Hay que ver! —le gritó escandalizada a su marido—. Mírale el código de barras. ¡Ahora los mendigos también los hacen en China! No me extraña que duren tan poco.

domingo, 11 de enero de 2009

Vidas de papel - Beatriz Mingo



Cuando llego la casa huele a pólvora. Me encuentro otra vez a Allan Quatermain tomando té tranquilamente en la cocina. El salón está todo salpicado con los restos de algún Dios Exterior. Gregorio Samsa agita sus pinzas nerviosamentre bajo el sofá, intentando pasar desapercibido. Salgo a la terraza, y allí está él, como siempre, rodeado de una pila de libros, la vista perdida en las páginas de alguna novela.
—¡Alonso Quijano! —le digo—. ¿Ya estamos otra vez? —Me mira cándidamente desde su armadura de latón, sabe que no puedo enfadarme con él. Después de todo fue él quien me rescató de aquellos horribles Thénardier.

lunes, 5 de enero de 2009

Encuentro - Beatriz Mingo




Contempló el cuerpo dormido de su amante, bajo la tenue luz de las estrellas. Tenía grabadas sobre la piel cada una de sus caricias, que habían acallado la soledad aullante de su ser. El vacío insondable que había sido su vida se diluía en su memoria, mientras sus dedos recorrían suavemente, una vez más, aquellas formas alienígenas. Supo que jamás volvería a la Tierra.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Xenofobia - Beatriz Mingo


XENOFOBIA
Beatriz Mingo

Aún podía verlos, en sus pesadillas. Primero aparecían a lo lejos, en el horizonte, con esas siluetas fofas y desarticuladas que parecían a punto de deshacerse, siempre gesticulando. Después podía oírlos: todos esos sonidos húmedos y chasqueantes que hacían para comunicarse. Esto aún era tolerable. Pero entonces se acercaban, lentamente, regodeándose en su blanda existencia. Y entonces los veía, oh, no, otra vez, los veía. Todos esos poros... ¡Todos esos poros! Sintió una oleada de náuseas y se incorporó, aferrándose con fuerza a su irisado caparazón quitinoso. Sus superiores agitarían sus lustrosas pinzas en agradecimiento al saber que había barrido el planeta con radiación gamma, erradicando toda la vida blanda, inteligente o no. Sobre la superficie de la Tierra, las cucarachas se daban un festín de fin de año.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Causalidad - Beatriz Mingo


CAUSALIDAD
Beatriz Mingo

El niño lloraba desconsoladamente. ¡Deseaba tanto haber hecho bien aquel examen! Lo deseó con tanta fuerza que, gracias a las leyes de la mecánica cuántica, esa ínfima probabilidad fue de pronto una certeza. El hecho de que dos y dos súbitamente sumasen cinco no tuvo grandes consecuencias. El cambio en la tercera cifra decimal de pi hizo explotar el Universo.

Ilustración: Salvador Dalí