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miércoles, 13 de agosto de 2008

Envuelta en tinta - Ruth Ferriz



ENVUELTA EN TINTA
Ruth Ferriz

Como serpientes, los tentáculos largos y ondulantes, me abrazan firmemente. Blancos y flexibles envuelven mis hombros, mis senos, mis caderas, en giros lentos y suaves como en una danza con final macabro. Se mecen en el agua, se mueven en el aire, buscando dar el golpe mortal y necesario.
En el agua turbia de mi sueño vislumbro reflejos que me aterran. Ventosas adheridas a mi cuello, remolinos de piel que me atarantan, abrazos asfixiantes. Besos circulares como bocas entreabiertas me recorren. Sorben y succionan, robándome la esencia.
Me sumerjo en la vorágine. Siento en mis entrañas su violencia, su pico curvo penetrándome. Asesto un golpe con lo que tengo a mano, negra y viscosa la tinta del monstruo empapa todo.
Abro por fin los ojos. La tinta que mancha las sábanas es roja. La pesadilla ha comenzado.

sábado, 9 de agosto de 2008

Sin escape - Ruth Ferriz




SIN ESCAPE
Ruth Ferriz

Llevaba un buen rato corriendo y sentía más cerca el aliento acezante de los lobos que se encontraban a la cabeza. Comerían unos cuantos, pues eran veinte lobos adultos sin contar a las hembras y a los cachorros, pero suficientes para matar y devorar una presa en poco tiempo.
Con la luna llena caería la maldición, pasando de jefe de la manada, a ser presa de sus hermanos que no reconocerían al espléndido y feroz lobo que los guiaba, en la criatura que trataría de escapar de ellos, pobre hombre enclenque apenas digno de servir de alimento a la manada.

miércoles, 6 de agosto de 2008

La mujer bipartida - Ruth Ferriz




Cuando Salomón ordenó que cortaran en dos a la mujer, para que cada uno de los que alegaba ser el esposo correspondiente tomara su parte; no pudieron llevarlo a cabo, pues los maridos no lograron ponerse de acuerdo sobre la mitad que preferían.
¿La derecha? ¿La izquierda? ¿La de abajo…

martes, 5 de agosto de 2008

Honor supremo - Ruth Ferriz



La suavidad del lienzo se ha vuelto ríspida, el aroma de los aceites perfumados se disipó muchos años atrás. Las horas, gránulos de polvo, se deslizan sobre los muros y se arrastran dentro de las galerías inclinadas, atropellándose para formar aquella masa compacta que tapona las vías de escape.
Toneladas de piedra envuelven el resplandor del faraón. Sin sueños de esperanza, en un insomnio perenne, perdido en la pesadilla de una noche interminable, ha ganado el derecho de permanecer en el capullo de la vigilia.
Ha logrado la eternidad…

lunes, 4 de agosto de 2008

En la feria - Ruth Ferriz


EN LA FERIA
Ruth Ferriz

Cuando salieron los últimos visitantes de la feria: se apagaron las luces y los juegos. En la carpa de los fenómenos, el enano y la mujer barbuda alimentaron a la cabra de dos cabezas, al perro azul, al becerro de cinco patas; el hombre serpiente y el monstruo sin cuerpo se quitaron los disfraces.
Cansada, la mujer araña que no necesitaba quitarse nada, estiró una por una sus ocho patas, se arregló el cabello, y esperó al director de la feria que todas las noches se volvía loco por sus múltiples caricias.

De Grageas, 100 cuentos breves de todo el mundo

domingo, 3 de agosto de 2008

Agujas - Ruth Ferriz




Retiró lenta y cuidadosamente las delgadas agujas de acero que el médico, especialista en acupuntura, había puesto en su cabeza para quitar las jaquecas que lo agobiaban.
Sin embargo, las punzadas continuaron. Extrañado, revisó uno a uno sus cabellos y volvió a retirar suavemente algunas agujas que posiblemente no vio en la anterior ocasión.
El hombre comenzó a enloquecer. Diminutas y plateadas, las agujas brotaban entre sus cabellos como si fueran hongos, cubriendo lenta pero inexorablemente toda su cabeza.

lunes, 28 de julio de 2008

Una maldición - Ruth Ferriz


UNA MALDICIÓN
Ruth Ferriz

Era desesperante. Cada mes tenía que sufrir cambios dolorosos y terribles. Sin embargo, nada era comparable con la soledad, el frío, el rechazo de la manada y la insensata idea de ser el heredero de una maldición. Tan feliz que era siendo lobo. Definitivamente eso de ser hombre, aunque sólo fuera durante la luna llena, no dejaba nada bueno.

domingo, 27 de julio de 2008

Posesión - Ruth Ferriz




Por la mañana apenas se nota su existencia y llego a olvidarme de ella. Al avanzar el día deja a un lado la timidez y va cobrando fuerza, reclama derechos inexistentes. Llega al grado de no perderme de vista ni un momento, buscando celosa mi atención.
Con la caída de la tarde, crece, se agiganta e impone su presencia. Aunque le teme a los lugares muy iluminados, me acompaña a todas partes, buscando impresionarme con su fiel constancia.
Al final, la victoria es suya, pues en cuanto apago la luz, me envuelve, me aprisiona y es tal su ansia de posesión, que me devora. Ya satisfecha, mi sombra duerme abrazada a la oscuridad.

sábado, 26 de julio de 2008

Encuentro - Ruth Ferriz


ENCUENTRO
Ruth Ferriz

Siempre me ha preocupado conocerme; llevo años invertidos en la búsqueda de mí mismo. Esta mañana, cuando pensé que estaba un poco más cerca de la meta, me miré en el espejo y por fin encontré al verdadero ser que vive en mí, cuando el reflejo me mostró una cara desconocida, que me devuelve mi mirada a través de sus ojos.

viernes, 25 de julio de 2008

El vuelo de la mariposa - Ruth Ferriz


Es mi turno: en un suspiro subo hasta tocar el cielo de la carpa. La ovación del público se convierte en un rugido sordo. La banda toca un redoble y estalla en música triunfal.
El mundo gira a mi alrededor, las luces y los colores me envuelven como en una trama de lentejuelas. Doy vueltas sobre el cable como un trompo viviente. Embriagada de libertad, vuelo y al buscar el círculo de luz, llego a las estrellas.
Sólo debo evitar mirar abajo, pues lejos, muy lejos, sobre la arena de la pista, el hombre marca el movimiento de la cuerda y controla a su antojo, el vuelo de la mariposa.

miércoles, 23 de julio de 2008

Concepto equivocado - Ruth Ferriz




Para el niño que por primera vez conocía la mitología, fue toda una revelación. ¿Cómo era posible que no se hubiera dado cuenta antes? ¿Y los demás? Tontos, que no sabían la verdad.
Todo ese tiempo pensando en su terrible desgracia, cuando la realidad era muy distinta. Había nacido siendo una maravilla y debía estar orgulloso de serlo.
Era un cíclope ¡Un cíclope! No un pobre tuerto, como todos pensaban.