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miércoles, 13 de agosto de 2014

Slurp - Raquel Sequeiro


Llueve. Todos los blasones se han dormido, las puertas y las escaleras. Llueve. El agua inunda los pozos, las baldosas ramificadas por raíces de árbol lloviente. El sol llueve, con lágrimas doradas de acuosa dulzura. Simplemente, llanamente, paralelamente al mundo de los Gorps, aquí llueve. Y, si no quieres que llueva, llora, los árboles llovientes odian todas las lágrimas.

Acerca de la autora: Raquel Sequeiro

La plaga. Una maldición antigua (I) - Raquel Sequeiro


-¿Y qué se acercó?
-Un enjambre de abejas y arena. En el Palatino no se escuchaba otra cosa que el relato de la terrible plaga que había asolado Egipto, por la furia del dios Set, dicen, quien no quería a su hermano y osó hacerlo pedazos. Recuerdo- le dijo al muchacho sentado en la posición del loto, a sus pies, en el Jardín de las Hemérides- un sol frío y glauco, unas manos arteras que se posaron sobre el cuello de Seti I, lo demás son historias sin concluir.
Y el amanuense se pregunto si el rey, en su silla de oropeles, se había vuelto loco, pues la locura toca a los débiles y a los sabios por igual. Fue acompañado hasta la salida. El rey murió un poco después, sobre el enigmático y misterioso trono asirio.

Acerca de la autora: Raquel Sequeiro

miércoles, 25 de junio de 2014

El navegante. Cuentos de la esfera - Raquel Sequeiro


Tenía frío y un odioso calor interminable. Tenía sed y los ojos quemados por el sol. Estaba en un desierto, y en los desiertos los espejismos crean nebulosas de irrealidades. Comenzó a pensar qué es un desierto. Sintió frío y hambre, caminó largas horas. Ese lugar es el más especial que conoció en su vida y el viaje mereció la pena, pero, al despertar, se dio cuenta de que estaba soñando que flotaba en una burbuja. La burbuja se estremeció, de forma caótica cayó al suelo, terminó rodando... su pequeño desierto y todos los mundos reales o imaginarios que contenía se derramaron. Quiso recogerlos y atesorarlos, quedárselos para sí. No pudo. Nunca supo si estaba despierto o dormido cuando llegó a Nutria, la ciudad del cabo. El viaje apenas comenzaba de nuevo. Arrió las velas y encaró el viento del norte.

Sobre la autora:  Raquel Sequeiro

sábado, 3 de mayo de 2014

El pueblo de los sucesos raros - Raquel Sequeiro


Me llaman Analía. Tengo ocho años. Cuando quiero vuelo como un cóndor. Mi abuelo dice que sueño despierta, mi padre acostumbra pensar que miento, la abuela me lleva al psicólogo. Pero yo aseguro que vuelo y en vuelo rasante me he dejado caer sobre el tejado. Lástima que sólo tengamos fotos instantáneas que no captan el movimiento, huertos de tomates y una ingente falta de cantidad de libros para recrear nuestra imaginación, ya de por sí bastante exorbitante. Mientras, me compro un chupa en el quiosco de Anselmo el Rey de Troyesvances.

Acerca de la autora:
Raquel Sequeiro

martes, 1 de abril de 2014

Guerra de los cuatro mundos - Raquel Sequeiro


Dejo mi ojo de cristal sobre el escritorio. Albert está intranquilo: son muchas las ocasiones en que el lagarto sagrado se ha despertado, dejando su envoltorio sobre los restos de ceniza de la chimenea. Ha vomitado a un monstruo -es un lagarto sagrado-. Vuelvo a ponerme el ojo por la mañana, Albert tendrá todos los datos en 45 segundos. En verdad es doloroso, otra salamandra muerta y otro animal extraño para el animalario de Albert y otros monjes milenarios. (El monstruo de ayer custodia la puerta norte; estamos asustados porque pronto llegará la amenaza, valgos, bonzos y harcos, estamos preparados para la batalla). Mi perro Albert duerme con sosiego; mi mesa se acerca caminando. Le entregaré un sobre lacrado al rey de Birmania, en Algodonosa están pendientes del ataque mortal del señor de esas fieras: Norte, Sur, Este y Oeste están en guerra.


Autora: Raquel Sequeiro

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Delirios extrafalarios - Raquel Sequeiro


Se sentó en el borde de la acera, se estiró las orejas, se lamió un par de veces la herida de la pata. No sé si era un perro o un hombre. Cuando llegué de la luna vi tantas cosas raras acá abajo que me decidí a correr y volver a mi nave. Yo podía ser un perro verde, pero nunca descansaba en las aceras como si tal cosa.

Sobre la autora:
Raquel Sequeiro

jueves, 12 de diciembre de 2013

Un bosque de almas – Raquel Sequeiro


Estamos aquí. No somos los mismos desde que te fuiste. Las jaulas están abiertas, pero nadie quiere salir. El aire es denso, irrespirable, corrompido por muchos gases que nos impiden respirar sin las máscaras. Todos esperamos. Esperamos tu regreso y la salvación. Cada vez queda menos aire limpio en las bombonas. Se están produciendo mutaciones y tenemos que matar. Estamos reducidos a la última sala, se nos acaban las bengalas para destrozar a esos monstruos; nuestros amigos, nuestros padres, nuestros hijos.

Acerca de la autora:

lunes, 2 de diciembre de 2013

Escalerista de Hamelin - Raquel Sequeiro


Tenía una escalera de mano y una flauta, por tal cosa lo conocían como el flautista de Hamelin en Hamelin y como el escalerista en Escalania, la ciudad de todas las escaleras mutantes. Nunca usaba la flauta; otro cantar eran las escaleras: había que subirlas y bajarlas un ciento de vesces al cubo hasta conseguir tu propia escalera, lo malo es que cambiaban de lugar constantemente, y no hablemos de la flauta: mil horas de sueño le costaría conseguir los agujeros.

Acerca de la autora:
Raquel Sequeiro

domingo, 24 de noviembre de 2013

Zeus - Raquel Sequeiro


Amorosamente se abrazó a mis rodillas e imploró. Yo… Yo sólo era un dios que apenas se sostenía en el Olimpo, porque nadie creía ya en los dioses. Niobe se echó a llorar: después de pedirle sus favores a faraones, rajás y meritorios Elixires, y después de consultar al Oráculo de Delfos, allí estaba, y ese estúpido se empeñaba en la no manifestación.
Pues bien, Júpiter, si prefieres el nombre romano te lo concedo, lo que pasa es que no tengo cabida en el mundo si sigo midiendo dos metros veinte.
¿Qué te dijo el oráculo? —La pitonisa era lerda. El dios se sirvió otra copa de vino. Zeus Altitonante, ya en la puerta está escrito el secreto.
¿Entonces qué me pides? bramó el dios.
La pequeña Némesis no dijo nada; tiempo era de recuperar su lugar entre los hombres.

Acerca de la autora:

miércoles, 23 de octubre de 2013

El edificio - Raquel Sequeiro


Tengo siete brazos, una nariz en forma de trompeta, soy de color verde y vivo angustiado. En el piso de abajo, mi vecino, de color azul, orondo, sentado todo el día en el sofá, confabula. Llamo a la policía de rechoncho amarillo verdoso.
—¿Cómo sabe que confabula contra usted? —me preguntan a bocajarro, observando la bañera.
—Mi foca era de color verde. ¿A usted no le parece confabular? —miro a mi foca azul, tan deprimida que la he cambiado del estanque al baño para bañarme con ella.

Sobre la autora:  Raquel Sequeiro

lunes, 14 de octubre de 2013

Café - Raquel Sequeiro


Tengo frío pero ella no lo sabe. Siento miedo, se nubla mi visión, caigo al suelo degenerado por los transistores. Ella no lo sabe. En mi cuerpo algo me mata. Pierdo sangre, me quedo dormido. En algún momento se dará cuenta del cuchillo clavado en la espalda. Cierra la puerta y hace café, oloroso, esponjoso, rico aroma. Y yo me derrito como un trozo de basto chocolate entre las lenguas pérfidas de las baldosas.

Sobre la autora: Raquel Sequeiro

lunes, 7 de octubre de 2013

El secreto - Raquel Sequeiro


Abrió la tapa de la casa (un tejado rojo y plomizo de antes de la guerra mundial), metió las dos manos y sacó a dos muñecos, les peinó el pelo, les atusó las ropas, pasándoles un cepillito diminuto. De entre todas las exquisiteces que su padre le había traído de Viena, la casita victoriana era la más hermosa,no obstante, Alberta pensó en la prótesis de un niño judío y se la lanzó al perro. Los dos muñecos se miraban. Yo volví el rostro al centro de la casita.

Acerca de la autora:

viernes, 27 de septiembre de 2013

Soy un libro - Raquel Sequeiro


En el anaquel se la izquierda está ese libro avejentado que yo escondí entre todos los libros que quedan en el mundo. La guerra fría se llevó todos a un bunker, incluso a mis hijos, a los hijos de mis hijos y a los hijos de los hijos de mis hijos. He vuelto a ser un árbol frondoso. Los habitantes de las islas se recuestan en mis ramas y, antes de dormir, abren un libro.

Acerca de la autora:
Raquel Sequeiro

martes, 17 de septiembre de 2013

Año 2024 - Raquel Sequeiro


No han caído en la cuenta de que, desde hace mucho, nadie sale de casa, las calles están desiertas, en los patios del colegio no se oye a ningún niño, la leucemia los ha derrotado a todos. Ya no se dan cuenta que el mundo no es blanco y negro, sino de colores. Ya no entienden, ni evalúan.
Yo me he dado cuenta, en el silencio de las teclas del ordenador, que este pueblo vacío está congelado y que, para descongelarlo, tendré que volver.

Acerca de la autora:
Raquel Sequeiro

domingo, 15 de septiembre de 2013

Rigor mortis - Raquel Sequeiro


El peatón cruzó a paso ligero dos pasos de peatones verdes, un cuarteto de escaleras rojas y siseantes, un mirador y a un marinero impertérrito mirando al mar.
Me hago mayor susurró el viejo—. No sabía nada de Ciudad Fantasía. ¿El reto de no perder la ilusión, le llamáis? —agregó, sin dejar de mirar por el diminuto agujero.
Si no dejas el catalejo, viejo, todo lo verás disforme. Acércate a la ventana. Yo me voy a trabajar; aún tengo que cruzar un acueducto.

Acerca de la autora:

viernes, 13 de septiembre de 2013

El pueblo - Raquel Sequeiro


Cuando tengo los ojos azules, mi frente es de un color cerúleo. Nada de esto preserva una gran importancia: mi incapacidad para cortarme las uñas, sí, o para jugar al bádminton, o para comer chicle, pese a que soy juez y tengo cuatro hijos, que, en el árbol genealógico serían señalados como murciélagos, otros tantos como licántropos y unos pocos como vampiros y hadas; con semejante descendencia apenas puedo cerrar los ojos un instante al día, a lo sumo. Por suerte las brujas del pueblo empiezan a cotillear y ya sabemos aquí que de parecer a ser hay un corto trecho.

Acerca de la autora:

sábado, 7 de septiembre de 2013

La rata - Raquel Sequeiro


Era una bruja de las mejores. Barría la casa con la escoba y ¡voilá!, desaparecían todos los muebles y la rata de la casa. Era ésta pequeña, peluda y enfadadiza, un tanto obtusa, y lo peor era la estrecha largura de su hocico. Irene desmontó en pedazos la fregona, se llevó el aspirador hasta el armario e intentó mover la escoba, pero esta no le hizo caso. En estos instantes es la rata, quien, agazapada, conseguía dar caza a la escoba, tumbarla, amedrentarla y colocarla en su sitio.

Acerca de la autora:
Raquel Sequeiro



domingo, 21 de julio de 2013

Un largo pasillo hasta el otro lado de la calle - Raquel Sequeiro


Hay una diferencia entre la melancolía y la latente depresión del muerto que atisba la casa contraria y se ennoblece mirando cuanto hay al otro lado de la calle llenándose la vista de ojos, de coches, de árboles, de farolas, de habladurías, de susurros, de soles, de lunas, de parques, de hondonadas, de valles… Le llegaba la vista tan lejos que creyó por un momento que era Dios, luego se sostuvo la mirada frente al espejo. Su hija Cati le explicó en un susurro que las nuevas gafas eran mágicas. Ernesto se quedó boquiabierto, con la baba colgándole del labio inferior; pasaron un par de coches. Ernesto aún vivió doscientos años más; ahora soy yo la que lleva las gafas.

Acerca de la autora:
Raquel Sequeiro

sábado, 22 de junio de 2013

Pensativa - Raquel Sequeiro


Había una caja de música, una caja de música verde, con los bordes deslucidos y las tapas gastadas, era, no  obstante, mi caja favorita, en ella atesoraba cucarachas. No podía llevarla a ninguna parte debido a que dejaba de sonar y las cucarachas morían por falta de música, la música es pues una de mis pasiones frugales. Añoro los días en que esa caja de cuerda antigua era una caja para guardar cucarachas.
—Abuela, ¿cuándo se convirtió en una caja de estas? —Le da unas cuantas vueltas.
—Hace poco. ¿Conoces al relojero?
—Lo conozco. —Se quedó pensativa—. Es el relojero loco —dijo, frunciendo el ceño.
El relojero vive después de los humedales.
Cierto es que funciona raro y que la cuerda dura eternidades.
—¿Loco por qué?
—Porque le da sus tuercas a los relojes.

Acerca de la autora:
Raquel Sequeiro

miércoles, 29 de mayo de 2013

Laboratorio de sueños - Sergio Gaut vel Hartman & Raquel Sequeiro



Arrojó el cigarrillo al charco y saltó. Había estado pensando en Gustavson, el único paciente con el que se sentía ligado por una relación afectiva, un sueco con el que uno podía conversar sin sentir que lo hacía con un imbécil. Pero eso no era suficiente para hacerle cambiar de idea. El mundo es un nido de idiotas, reflexionó, un agujero negro de miserables y pervertidos. Gustavson le había contado todos sus sueños, pero no lo hizo para que los investigara y lograse descifrar algo, lo hizo para que el viaje fuese menos monótono, para que, momentáneamente, el hecho de no vislumbrar tierra y estar terminando las reservas de comida resultase menos pretencioso. Había un laboratorio en el camarote de Gustavson y a él le gustaba llamarlo de una forma especial, porque, al abrir la puerta del espejo, el mundo dejaba de ser sólo agua y un barco solitario.

Acerca de los autores:
Sergio Gaut vel Hartman