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sábado, 30 de noviembre de 2013
Un sueño - Olga Appiani de Linares
Anoche soñé con mi padre. Había plantado campanillas en la casa vieja y me decía que ojalá fueran aquellas azules, aterciopeladas, que tanto me gustan. Tuve ganas de decirle que estaba muerto, que el jardín ya no existía, que cómo podía crecer nada de ese lado de las cosas. Pero en vez de eso le tomé la mano y así, juntos, nos pusimos a esperar que florecieran.
Tomado del blog:
http://olgalinares.blogspot.com.ar/
Acerca de la autora:
Olga Appiani
domingo, 21 de julio de 2013
Principios mecánicos - Olga Appiani de Linares
Van. Vienen. Suben. Bajan. Corren, corren, corren. Acción, pura acción. Mecánica, sin sentido aparente. Pienso. ¿En qué? En progresiones infinitas de movimiento. Andenes. Hormigueros. Shoppings. En Mar del Plata (verano a pleno). En horas pico. En Florida a toda hora. Atestada, plurilingüe, sospechosa, turística. Extranjeros e inmigrantes. Los que se van. Los que se quedan. Con su música, su acento, su distancia. Artesanos, policías, mendicantes, oficinistas. Arbolitos y yuppies. Gritos, voces, órdenes, súplicas. La calle, olla a presión donde se cuece todo. A fuego lento. El calor acelerando el movimiento. Átomos que van, que vienen. Acción. Pura acción. Sin sentido. Y la explosión. Cociéndose. A fuego lento…
Acerca de la autora:
Tomado del blog: http://olgalinares.blogspot.com.ar
viernes, 16 de noviembre de 2012
Descubrimiento - Olga A. de Linares
Se levantó, se arregló con esmero, eligió cuidadosamente camisa, traje, corbata. Mientras colocaba el Rolex en su muñeca, se contempló en el espejo que duplicaba lujos y elegancias enmarcando su figura impecable.
El ascensor lo llevó al estacionamiento con la eficiencia de costumbre.
Entró a su Mercedes.
Y entonces, con la llave de encendido en la mano, comprendió que no tenía adónde ir.
Acerca de la autora:
Olga A. de Linares
sábado, 14 de julio de 2012
En la ecológica Albión - Olga A. de Linares

El leñador alza el hacha, listo para despanzurrar a la fiera. Un grito lo detiene:
—¡Alto, monstruo criminal y deforestador!
Unos sujetos de verde, con pancartas de Greenpeace, salen de atrás de los árboles y rescatan al lobo, que los mira con ojos húmedos de agradecimiento.
El guardabosque demanda:
—¿Tiene permiso de portación de hacha? ¿No sabe que lobos y zorros son especies protegidas? Mire, tome la multa y lárguese. Y dígale a ese Perrault que deje de mandarnos mocosos subversivos... Aquí en Sherwood, ¡nunca ondeará una caperuza roja!
Acerca de la autora:
Olga Appiani
lunes, 9 de enero de 2012
¡Finalmente! - Olga Appiani de Linares
Después de mucho tiempo de dedicarse a la música entendió, por fin, que el mejor modo de demostrar cuánto la amaba era abandonarla para siempre.
Y por primera vez en su vida recibió un aplauso masivo y fervoroso, con el que todos los que habían padecido sus lamentables ejecuciones expresaban un profundo agradecimiento por su decisión.
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Espíritus - Olga Appiani de Linares

Desperté y el fantasma prometido estaba en la habitación.
Ropa oscura, gestos exagerados, suspiros que rivalizarían con cualquier huracán tropical...
Muy teatral, demasiado "demodée", tirando a trágico. Y al parecer sin otro deseo que pasearse de un lado a otro, entre lamentos.
Amante de emociones fuertes, yo había pagado para ocupar la habitación con fama de encantada. Pero esperaba más que esos deambulares suspirantes.
—Oiga, joven... Si no piensa hacer algo más... fantasmal, digamos, pediré la devolución de mi dinero. Así, el único riesgo que corro es morir… ¡de aburrimiento!
—¡Oh, Muerte! ¡Oh, grave signo de un gran poder lejano! —declamó, en respuesta. Pasó el resto de la noche recitando a Novalis.
No logré que me reintegraran lo abonado.
Yo pedí un fantasma y eso tuve, dijeron; si no me había gustado que fuera el Espíritu del Romanticismo, debí prestar atención a la letra chica.
Tomado del blog: Palabras
jueves, 21 de julio de 2011
Engaño - Olga Appiani de Linares
El vendedor aseguró que las plumas de la almohada que acababa de comprar eran de cisne; imaginé entonces que mis sueños podrían volar alto y lejos…
Pero no se puede confiar en los vendedores…
Pasé la noche huyendo de las intenciones amorosas de un gallo y de las sospechosas invitaciones de un zorro.
Ahora, ya despierta, me preocupa el destino del huevo al que di a luz poco antes de amanecer.
domingo, 17 de julio de 2011
Lo siento, tengo que irme - Olga Appiani de Linares
Le bajo el cierre despacio y ella me deja ver, insinuante, lo que tiene debajo.
No sé cómo decirle que si estoy acá es solo por obligación, que no es momento para que nos acostemos, ni ha llegado la hora de pasar, una vez más, toda la noche a su lado en ese abrazo que tanto cuesta romper cada mañana.
Así que terminaré de desvestirla y me iré, dejándola desnuda y sola sobre la cama deshecha y ya fría...
Ojalá entienda que, de vez en cuando, toda almohada necesita que se le lave la funda.
Tomado del blog: http://olgalinares.blogspot.com/
Sobre la autora: Olga A. de Linares
Imagen: Melissa--Angel, de Artnsm en deviantArt
lunes, 13 de junio de 2011
Palabras - Olga Appiani de Linares

Dormíamos.
Intocadas, desde que fuimos abandonadas en este territorio incógnito. ¿Soñamos? Quizás...
Con el mismo mundo que nos contiene y que, a la vez, construimos.
Mundo también soñado por nuestro creador.
Pero hoy hemos despertado.
Y todas, por fin realmente vivas, salimos a tu encuentro, diminutas Scherezadas, para cautivarte con nuestras maravillas...
Hoy, cuando tus ojos recorren nuestra casa, este castillo de palabras que tú, desconocido, llamas libro.
Tomado del blog http://olgalinares.blogspot.com/
miércoles, 23 de marzo de 2011
Aguada - Olga Appiani de Linares

Hay un cierto desgano en esta lluvia / que cae como quien hace a disgusto / su trabajo... / A pesar de todo / se abre el verde a su conjuro. / Parece como si el gris de arriba destiñera / sobre el otro, impasible, del cemento. / Con indiferencia adolescente / dos pájaros destrenzan su romance / sobre la aridez de las antenas, / sobre los techos solos... / Sus alas destellan contra el cielo / como una luz oscura... / En tanto, el trueno se derrumba / con estrépito de murga / aplastando el vacío de la calle. / Una ordenada procesión de jaulas / eleva su horizontal ausencia / (No veo las miradas que, acaso, / tras otros vidrios / las mías me regresan). / Cae el granizo implacable / de las horas. / A Buenos Aires / también lo empapa / la tristeza... /
Tomado del blog de Olga Appiani de Linares
http://olgalinares.blogspot.com/
Tomado del blog de Olga Appiani de Linares
http://olgalinares.blogspot.com/
Olga Appiani de Linares
domingo, 5 de diciembre de 2010
El que espera - Olga Appiani de Linares
En un andén, entre otra gente sola alguien, desde hace mucho, espera. Mira una vez más los relojes inmóviles, suspira; de improviso, una sombra difusa le rueda por el rostro, se sobresalta. Nervioso, da vuelta sus bolsillos: busca una foto, un nombre, algo; sólo encuentra cientos de hojas de almanaques ya vencidos, mohosos o amarillentos. Resignado, descubre que ya no sabe qué o a quién estaba esperando. Entonces alza los hombros, mete las manos en los bolsillos ahora vacíos, y se aleja silbando.
Tomado del blog: http://www.olgalinares.blogspot.com/
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Cajas Chinas - Olga Appiani de Linares

En la hora inexplicable del crepúsculo las cosas pugnan por revelar su identidad secreta… Y así el árbol se asume nido y ala, y vuela y permanece al mismo tiempo, arropado de plumas y soñando pájaros. Y el camino se funde al fin con el horizonte, en la penumbra se vuelve principio y llegada, alfa y omega de la esperanza y sus pies febriles. Los grillos, borrachos de luna, crepitan, para iluminar de música la noche todavía frágil. Y en cada encrucijada la tierra, vestida de luciérnagas, se sueña cielo, multiplicando la cruz del Sur que ya se asoma, enjoyada y lejana, a contemplar la fiesta de la oscuridad desnuda. Donde se acuna el árbol y las hojas vuelan y el grillo palpita y las luciérnagas arden y el camino abraza las estrellas.
Tomado del blog: http://olgalinares.blogspot.com/
jueves, 2 de septiembre de 2010
Requiem de alas - Olga Appiani de Linares

En el olvidado rincón de la ventana yace, / (petrificado espanto) / lo que alguna vez fingió ser mariposa / y ahora, / vaya una a saber / bajo qué forma brilla / en otra instancia, / que la habitual ceguera de mis ojos no percibe
Tomado del blog: http://olgalinares.blogspot.com/
jueves, 13 de agosto de 2009
Nombre - Olga A. de Linares

¿Cuál es mi nombre?
¿Éste, con el que todos me conocen?
¿Por qué, entonces, lo siento tan ajeno?
Hay otro, debe haberlo, escondido donde yace también el rostro verdadero, subterráneo, incógnito, oculto igual que él.
Tal vez algún día alguien reconozca esos, mis secretos rasgos.
Tal vez en alguna mirada pueda verlos, en el momento exacto en que otra voz me llame, con las palabras sin mentiras del amor.
¿Éste, con el que todos me conocen?
¿Por qué, entonces, lo siento tan ajeno?
Hay otro, debe haberlo, escondido donde yace también el rostro verdadero, subterráneo, incógnito, oculto igual que él.
Tal vez algún día alguien reconozca esos, mis secretos rasgos.
Tal vez en alguna mirada pueda verlos, en el momento exacto en que otra voz me llame, con las palabras sin mentiras del amor.
jueves, 22 de enero de 2009
Caballo de Troya - Olga A. de Linares

Cuando vio la botella que el extraño viejo le enseñaba, George Bissell supo que había llegado su oportunidad. Ese líquido apestoso podía ser útil y, además, rentable.
Luego, el reporte de Benjamin Silliman convenció a los inversores, y se contrató a Drake para buscar sitios donde el codiciado material abundara. Muchos más excavaron el suelo, hasta que la pestilencia los ungió a todos con su oscuridad. Cuando se tenía éxito, el dinero surgía a la par del viscoso fluido. Y nada más importaba. Dicen que la idea de Bissell dio forma al mundo que conocemos hoy. Es cierto. Con sus guerras de saqueo, sus montañas de basura, su aire turbio y maloliente, sus aguas contaminadas, las vidas ofrendadas en esos sombríos altares....
Tal como esperaba el viejo, paciente Diablo, cuando le mostró el camino del petróleo...
miércoles, 14 de enero de 2009
Silencio - Olga A. de Linares

—¡O el chico está loco de remate o no sabe más que decir macanas! Pero yo voy a enseñarle lo que es bueno.
Eso repite el tipo cada vez que pongo en palabras lo que mis visiones cuentan.
Mamá no se atreve a contradecirlo ni a defenderme, el miedo siempre es más fuerte.
Para no lastimarla más, aprieto los labios y, como siempre, aguanto los correazos sin quejidos. Aunque sé que eso lo enfurece más.
Él, en cambio, ignora muchas cosas.
Una es que, al menos por ahora, ha logrado su propósito.
Ya no hablaré del futuro que, a veces, veo tan claramente.
Nada diré, entonces, de lo que le espera mañana cuando, en la taberna, un puñal le borde el pecho con sangre.
Y tampoco sabrá nunca por qué, a pesar del odio, del dolor, del castigo implacable, sonrío.
Eso repite el tipo cada vez que pongo en palabras lo que mis visiones cuentan.
Mamá no se atreve a contradecirlo ni a defenderme, el miedo siempre es más fuerte.
Para no lastimarla más, aprieto los labios y, como siempre, aguanto los correazos sin quejidos. Aunque sé que eso lo enfurece más.
Él, en cambio, ignora muchas cosas.
Una es que, al menos por ahora, ha logrado su propósito.
Ya no hablaré del futuro que, a veces, veo tan claramente.
Nada diré, entonces, de lo que le espera mañana cuando, en la taberna, un puñal le borde el pecho con sangre.
Y tampoco sabrá nunca por qué, a pesar del odio, del dolor, del castigo implacable, sonrío.
jueves, 8 de enero de 2009
Danzarines - Olga A. de Linares

(a partir del cuadro Danza de la vida, de Munch)
Bailan en el centro de la pista, creyéndose amados por la vida. No le prestan atención, pero su sangre sabe que está ahí, vestido blanco salpicado de oro y falsa pedrería, rostro de porcelana sonriente, gesto amable que incita a seguir danzando. Y a olvidar que en la pista danzan también monstruos y fantasmas, inocentes y réprobos, solitarios y demonios. Obedientes, absortos, olvidan también que cada giro los acerca a la otra, su gemela, la de la oscura presencia y mirada compasiva. Esa que espera, paciente, al otro lado del ruedo, donde la música se apaga poco a poco...
viernes, 19 de diciembre de 2008
Humo - Olga A. de Linares
—¿Él te está fumando a vos? —le decía yo siempre.
Pero no me hacía caso, y seguía prendido al pucho, igual que si fuera la teta de la vieja cuando era un crío.
De todos modos, yo tampoco me esperaba esto, pienso, mientras miro la sopa que se enfría, en la que flota un poco de ceniza.
Que no sé si es del cigarrillo o del hombre que se hizo humo frente a mis ojos.
Pero no me hacía caso, y seguía prendido al pucho, igual que si fuera la teta de la vieja cuando era un crío.
De todos modos, yo tampoco me esperaba esto, pienso, mientras miro la sopa que se enfría, en la que flota un poco de ceniza.
Que no sé si es del cigarrillo o del hombre que se hizo humo frente a mis ojos.
sábado, 29 de noviembre de 2008
Sueño de caracol - Olga A. de Linares

Aprendió carpintería para armar una casa de muñecas a su gusto. Satisfecha con el resultado, la pintó con sus colores favoritos. Poco a poco la amobló, no con adocenadas creaciones para Barbies, sino con preciosas miniaturas artesanales en madera, delicadísimas vajillas, macetas no más grandes que un dedal y sus mínimas plantas en flor. Sutiles encajes cubrieron las ventanas, alfombras minúsculas se acomodaron sobre los pisos, y en el ático depositó un baúl repleto de secretos familiares. En la biblioteca acomodó (con sus grandes dedos torpes) todos aquellos títulos que amaba. Luego se aseguró que la instalación eléctrica funcionara bien, y de que hubiera suficiente leña en el hogar, además de una buena reserva para el futuro. Por fin, se hizo más y más pequeña, hasta poder atravesar la puerta amorosamente cincelada, cumpliendo el sueño (siempre postergado) de la casa propia.
lunes, 24 de noviembre de 2008
Ser o no ser - Olga A. de Linares

En su camerino, alejada ya del escenario, con el eco de los aplausos resonando aún en sus oídos, rodeada de rosas, la Gran Actriz comienza a despojarse de su papel.
Fuera la corona, la peluca, las alhajas; fuera el vestido pomposo con el que, poco antes, hizo creer a todos que era una verdadera Reina. Le toca luego despedirse de los guantes, mientras el miriñaque que dio forma a la abultada pollera de terciopelo azul la deja salir de su jaula. Ya descalza, retira de sus piernas la falsa piel sedosa de las medias. Es ahora el turno del maquillaje: pestañas postizas, sombras, rubores, el encendido corazón de los labios, todo es retirado, desvanecido, deshecho. Un gran silencio cae sobre el camarín. Pétalos suicidas se desprenden de los ramos.
Y, sobre el espejo, solo se refleja una ausencia.
Fuera la corona, la peluca, las alhajas; fuera el vestido pomposo con el que, poco antes, hizo creer a todos que era una verdadera Reina. Le toca luego despedirse de los guantes, mientras el miriñaque que dio forma a la abultada pollera de terciopelo azul la deja salir de su jaula. Ya descalza, retira de sus piernas la falsa piel sedosa de las medias. Es ahora el turno del maquillaje: pestañas postizas, sombras, rubores, el encendido corazón de los labios, todo es retirado, desvanecido, deshecho. Un gran silencio cae sobre el camarín. Pétalos suicidas se desprenden de los ramos.
Y, sobre el espejo, solo se refleja una ausencia.
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