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lunes, 29 de noviembre de 2010

El último vuelo - Patricia Gloria Oyola


Amanecía. El anciano se revolvía en su cama con los ojos cerrados. ¿Soñaba? Una mano joven, enérgica, lo sacudió y, entre dormido, escuchó el zumbido de un avión en vuelo. Tardó en reaccionar. A su alrededor, otros estaban como él, adormecidos… y, unos jóvenes encapuchados los ponían en fila… el sol le estallo en la cara y el aire con olor a río, lo despertó.
Solo pudo ver las aguas marrones y sintió el empujón, que lo despidió hacia el agua. Quiso gritar y se ahogó.
—¡Doctor, doctor! ¡El paciente se ahoga!
Con un último estertor, el anciano se quedo quieto… con los ojos abiertos. El médico movía la cabeza incrédulo.
¿Era de verdad un ACV? Porque de la boca del anciano brotaba un barro verduzco y maloliente.

sábado, 28 de junio de 2008

¡Bum! - Patricia Oyola


¡BUM!
Patricia Oyola

“LOS ANGELES INK”.
Las cámaras se encienden. Kat comienza con el trabajo. Entra un hombre alto, delgado, de cierta edad. Se dirige a ella con un acento extraño y sus ojos claros la contemplan con gélida inocencia. Elije un sencillo tatuaje en blanco y negro: un rifle y un año, 1963.
—Una cuestión sentimental —dice lacónicamente. Kat trabaja en silencio y antes de que el hombre se retire, le pregunta su nombre. Al llegar a la puerta, él hace un ademán con los brazos, apunta a la cámara y, con una sonrisa, contesta:
—Lee... Lee Harvey Oswald… —y desaparece calle abajo.

sábado, 21 de junio de 2008

Lágrimas - Patricia Gloria Oyola


LÁGRIMAS
Patricia Gloria Oyola

Anna, envuelta entre pieles de marta, lloraba amargamente en la terraza de su mansión de San Petersburgo, mientras las gárgolas bostezaban de aburrimiento y frío. En el Grand Hotel, en su habitación cinco estrellas, David Bowie escribía, insomne, cartas y canciones de amor, a la espera del enfrentamiento final con el príncipe Karenin, mientras en las calles la nieve cubría con su manto los árboles deshojados y el pasto seco del parque.

viernes, 20 de junio de 2008

Cacerolazo – Patricia Gloria Oyola


CACEROLAZO
Patricia Gloria Oyola

La multitud se dirigía camino al Obelisco por la avenida 9 de Julio, batiendo las cacerolas. Al pasar por los negocios, tanto los dueños como los empleados se unían a las columnas abandonando sus lugares de trabajo. En un coqueto resto bar todos volaron a la calle para unirse al bullicio general, cocineros incluidos. La cajera, la última en salir, se dio cuenta, al llegar a la puerta, del único cliente que, lentamente, bebía un café. Alcanzó a gritarle:
—¡El consumo corre por cuenta de la casa!
Adán Buenosayres la miró, le sonrió y golpeó la taza con la cucharita.

jueves, 19 de junio de 2008

Abuelo - Patricia Gloria Oyola


ABUELO
Patricia Gloria Oyola

Caminaba presurosa por las calles de Montserrat, una fría noche de junio. Doblé por una calle angosta y mal iluminada. Bajo un farol bamboleante, leí la dirección de mi destino en el papel mal escrito. Al llegar, crucé un portón de altas rejas.
Un aroma de glicinas, me recibió. Un anciano, estaba sentado en la oscuridad de la angosta galería.
—¿Abuelo? —le pregunte, acercándome.
Una sonrisa suave e irónica surgió de sus labios.
—No, m’hijita… soy Borges —me contesto.
Mientras tanto María Kodama, con kimono de seda floreado, le servía el té y la Rubia Mireya y Juan Muraña jugaban a las cartas en la sala de tapices orientales.