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miércoles, 9 de julio de 2008

Trinchera - José María Tamparillas


TRINCHERA
José María Tamparillas

La trinchera, una cárcel que nos tiene atrapados, es peor que la propia guerra, incluso que el enemigo.
El bombardeo ha cesado.
Temerosos, recogemos a los heridos. Llevamos los muertos a la fosa. Es un antiguo cráter de obús, en el extremo oeste. Eso pensamos… Hay quien dice que ya estaba ahí antes de que llegáramos, antes de la guerra.
Vacía. Nos miramos; ayer no lo estaba. Arrojamos los cadáveres con miedo vacilante, aprisa. Nos alejamos sin mirar atrás. Pero, aún así, al rato, escuchamos la tierra removerse, cómo ellos salen del suelo cenagoso. Oímos el rasgar de los uniformes, el chasquido de la carne arrancada, el quebrar de huesos.

sábado, 5 de julio de 2008

La libertad del monstruo - José María Tamparillas


LA LIBERTAD DEL MONSTRUO
José María Tamparillas

Todos sabemos que aquí arrojaron la bomba tiempo atrás Es un lugar hermoso, aislado: un buen refugio para los que, como yo, buscamos escapar de la esclavitud. Ahora los normales nos rehuyen. No nos importa. Se nos teme. Nos da igual. Nos llaman monstruos y corren asustados al ver nuestras deformidades La radiación juega a la ruleta rusa con nosotros. Es lo de menos. Al menos nos queda la opción de elegir, la capacidad de usar eso que nuestros congéneres añoran dentro su burbuja de profilaxis, seguridad, normas y miedo.
Es nuestro mundo y le llamamos Libertad.
El resto no importa.
Es el legado que nos ha sido dado mantener.

lunes, 16 de junio de 2008

Trinchera - José María Tamparillas


TRINCHERA
José María Tamparillas

La trinchera, una cárcel que nos tiene atrapados, es peor que la propia guerra, incluso que el enemigo.
El bombardeo ha cesado.
Temerosos, recogemos a los heridos. Llevamos los muertos a la fosa. Es un antiguo cráter de obús, en el extremo oeste. Eso pensamos… Hay quien dice que ya estaba ahí antes de que llegáramos, antes de la guerra.
Vacía. Nos miramos; ayer no lo estaba. Arrojamos los cadáveres con miedo vacilante, aprisa. Nos alejamos sin mirar atrás. Pero aún así, al rato, escuchamos la tierra removerse, cómo ellos salen del suelo cenagoso. Oímos el rasgar de los uniformes, el chasquido de la carne arrancada, el quebrar de huesos.