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lunes, 22 de septiembre de 2008

Diógenes - Ricardo Ganso

Cuando despertó, recordaba que en su sueño acababa de pedirle a alguien que no le tapara el sol, pero no sabía a quién. Vio a Alejandro Magno alejándose ofuscado.
—¡La concha de la lora! ¡Siempre hablando dormido! —despotricó Diógenes.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Ella - Ricardo Manuel Ganso


ELLA
Ricardo Manuel Ganso

Gustavo se despertó con tiempo apenas suficiente. Ahora bosteza sentado en la cama, como exhalando el fastidio. Se pone de pie y camina descalzo hasta la ventana. Corre las cortinas y entonces la ve. Allí está ella, en la vereda de enfrente, en el mismo lugar de siempre, imperturbable. Parece mirarlo con esos ojos casi negros, casi cuadrados. Durante el verano, Gustavo ha podido soslayarla y pasar de largo con una sonrisita socarrona en sus labios. Pero hoy no, hoy no podrá. La sonrisa socarrona hoy será de ella, que tendrá la satisfacción adicional de reír última. Tres meses aguantó paciente los desplantes y hoy es su día. Hoy, ella —la escuela— abrirá sus puertas como una boca cuadrada y golosa, y Gustavito entrará resignado, porque hoy empiezan las clases de 1969.

Ilustración: M.C.Escher

jueves, 18 de septiembre de 2008

Serendipia – Ricardo Manuel Ganso


SERENDIPIA
Ricardo Manuel Ganso

El caballero londinense echó una cucharada del polvo en un vaso con agua. Esperó que cesara la efervescencia y bebió con avidez. Sentado en su sillón se tomaba el estómago con la mano derecha reprimiendo gestos de dolor. Minutos después le dijo a su mayordomo:
—Poole, ninguno de estos chismes que compras en la farmacia me hace efecto. Son todos inservibles. Mañana sírveme el té en mi laboratorio, que estaré allí preparando mi propio antiácido.
—Como usted ordene, Dr. Jekyll —contestó obediente Poole.