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lunes, 20 de septiembre de 2010

Obra maestra - Julio César Pérez Méndez


Miguel Ángel el escultor, quien era conocido por su perfeccionismo, continuaba con la impresión de que algo le faltaba a su más reciente obra: la estatua de Moisés.
Por más que se esforzó, no encontró el detalle que buscaba para considerar que su creación estaba completa. Así que después de dar la última cincelada al mármol, se dirigió a la escultura y le gritó: “Habla”. Pero Moisés no lo atendió: con arrogancia, se limitó a girar su rostro, reacomodar bajo el brazo derecho las tablas de la ley, y retraer un poco el pie izquierdo.
Miguel Ángel se marchó decepcionado.

domingo, 29 de agosto de 2010

Falsa Alarma - Julio César Pérez Méndez


Caminó hacia el estudio y sacó del cajón principal del escritorio el diario de su marido, que yacía recién muerto en la cama de ambos.
Fue lo primero que se le vino a la cabeza apenas tuvo certeza de su deceso. Así que extrajo la llave de la cartera del hombre y se dirigió al estudio, donde todas las noches él permanecía encerrado escribiendo hasta tarde, después que regresaba de la calle.
La mujer, sin rituales ni reflexiones,  abrió el diario y leyó detenidamente las últimas treinta páginas, con la voluntad de un volcán acezante.
Cuando terminó, dejó abierta durante varios minutos la página final; luego cerró por completo el diario y dio un suspiro profundo. 
Sólo entonces pudo respirar tranquila.