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miércoles, 16 de julio de 2008

Un placer inocente – Diego Zanetti



UN PLACER INOCENTE
Diego Zanetti

Informa Darnton que, al preparar un cadáver para enterrarlo, los habitantes de Bali leen veinticuatro horas sin parar. De ese modo, ahuyentan a los demonios que pululan en ese período de vulnerabilidad para las almas. El ritual puede considerarse extraño, siempre y cuando no se descubra que son los propios burócratas del infierno quienes proponen y supervisan esa liturgia. El rumor también dice que ellos mismos intentaron acercar el ritual hacia las metrópolis occidentales. Pero algo los detuvo. “Allí las operaciones de recepción imposibilitan el acceso al conjuro. En esos sitios la lectura ha dejado de ser una actividad subversiva”, explicó el más viejo. Y el resto no se atrevió a contradecirlo.

martes, 8 de julio de 2008

Lo que aparece y desaparece - Diego Zanetti


LO QUE APARECE Y DESAPARECE
Diego Zanetti

Promediando el domingo intuyó que una sombra le sonreía. No pudo asumirlo. También presintió a un hombre transformándose en piedra y a unos niños pescando un monstruo en la fuente de la plaza. Fingió no verlos. Luego, escuchó el pronóstico y pensó en el paraguas. Planificó el lunes.
Abrió la puerta y pronunció un sitio. Quiso preguntarle al taxista si veía en sus ojos una sombra alegre, al hombre de piedra o al monstruo de la fuente. No supo cómo hacerlo. Le pagó, cerró la puerta, caminó hacia la plaza y sacó el paraguas. Sentado en un banco, esperó al cireneo que tenía que devolverle su infancia o, al menos, la visión.

domingo, 6 de julio de 2008

Te lo digo por tu bien - Diego Zanetti


TE LO DIGO POR TU BIEN
Diego Zanetti

Reflexionó indolente en el espesor de la vigilia. Aunque más bien le parecía un sueño irreconciliable. Pensó en corregir los fragmentos de esas imágenes difusas, pero desistió cuando se concibió como actor de una narración onírica que no le pertenecía. Enfrente, un hombre hosco repetía el desprecio que sentía por sus pocos alumnos. Cuando lo descubrieron, musitando una milonga, provocó la indignación del docente. Entonces, soltó una tímida sonrisa, mientras Schopenhauer lo maldecía simultáneamente en alemán, inglés y lunfardo. De este modo, Jorge Luis Borges comprobó que otro lo estaba soñando y que el insomnio no era una opción tan espantosa. Al menos, para un escritor y un humorista de su talla.