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miércoles, 12 de marzo de 2014

Proyecto Apocalipsis - Lucila Adela Guzmán

Poco a poco las acciones cotidianas fueron perdiendo el sentido y aquellos que insistían en “hacer” fueron enloqueciendo pues no encontraban satisfacción por el deber cumplido El aplauso y la recompensa eran resabios de una humanidad de egos ahora perdidos y ya no tenían valor El proyecto Apocalipsis se había iniciado marcando una muesca en la línea del tiempo Un virulento cambio de conciencia fue poniendo fin al engaño y los sentidos humanos ya no tuvieron el deseo de percibir. Cuando estuvo todo listo, simplemente el interruptor cambió de posición

Ahora somos.

martes, 15 de octubre de 2013

Ser o no ser - Lucila Adela Guzman


“Yo soy”. Debería haber sólo dos opciones para adornar esta frase... Una opción, la más humilde, sería encerrándola entre los garfios de una pregunta. La otra opción lógica, a mi entender, sería adosándole un contundente punto final. Así evitaríamos estos floripondios tristes que usa la gente para hablar de sí misma y que sólo consiguen descuartizar nuestra posibilidad de ser aquello que es.

Sobre la autora: Lucila Adela Guzmán

viernes, 11 de octubre de 2013

Sagrada pereza - Lucila Adela Guzmán


El núcleo del invierno me es triste y hace que mi pecado sea más leve, quedarse quieta, oteando en la catedral de sábanas que me cobija, un ensueño que insiste en llevarme lejos, no sé si lejos de mí. En este ensueño todo es perfectamente ubicado para generar placidez. La pereza no debería tildarse de pecado sino clasificarse como un momento de sagrada nada, en donde remolonear sin usar el cuerpo, que allí quiere quedarse quieto para sostener con un mínimo de esfuerzo un paraíso imaginario.

Sobre la autora: Lucila Adela Guzmán

domingo, 15 de septiembre de 2013

Percepción - Lucila Adela Guzmán


Las frecuencias de luz que perciben los humanos son decodificadas de manera tal que sus cerebros las puedan entender, siempre tratando de asemejarlas a lo ya conocido. Sólo nosotros, que vemos un rango de luz ilimitado, las entendemos de esta forma inenarrable. ¿Cómo explicar el color de la muerte a un terrícola? ¿Ve? Es imposible. Así es que, yo que usted, ni lo intentaría. A ellos les gusta eso del “eterno retorno de lo mismo”. Sin ir más lejos, el otro día encontré a uno que me vio... ¡Sí! ¡Sí! Estoy seguro que algo percibió, pero cuando quiso interpretar lo que veía, me colocó un gorrito rojo en la cabeza y me dibujó duende.

Acerca de la autora:
Lucila Adela Guzmán