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jueves, 21 de agosto de 2008

De la mala gente - Alberto Chimal





Las sirenas son los títeres de guante del Rey del Mar, que usa de teatrino las rocas de los arrecifes.
Cuando los barcos chocan y naufragan, fascinados sus marinos por la belleza ilusoria —pero esto, claro, no hay quien viva para contarlo—, salta el escenario, caen las fundas de piel y pelo y las manos del Rey, enormes, con cien dedos cada una, salen del agua y toman los cuerpos. Para entonces ya surgió el resto de él, sus brazos, su torso, su cabeza, y ya está abierta la boca, que tiene mil filas de dientes de roca verdinegra.

lunes, 18 de agosto de 2008

Realismo - Alberto Chimal




Terminada la obra —Las sirenas existen, de McGillicuddie—, hartas de las pelucas y las falsas colas y los sostenes que parecen conchitas y todos los otros accesorios horribles, las actrices se desnudan. La lamia es siempre la primera en terminar, impetuosa que es; el hada y la ondina, la salamandra y la esfinge, pueden tardar más o menos según su humor y sus urgencias; al final, invariablemente, siempre es la quimera quien se queda sola en el camerino, y no se lo dice a nadie pero es que desearía no salir jamás: su propia existencia es nula y miserable, y cuando al fin sale a la calle nadie la mira, “y el mundo es durísimo” (dice).

sábado, 16 de agosto de 2008

Ciencia ficción 2 - Alberto Chimal




Homuncular, sicalíptica, estúpidamente, las sirenititas comenzaron a pelear dentro de la retorta: todas querían llegar al cuello del recipiente e hicieron muy feliz a su creador, el doctor Yakitito, quien no sólo vio que podría controlarlas con facilidad (el cuello estaba tapado con un corcho enorme): también advirtió que, liberadas en el agua corriente —o infiltradas en las botellas y los garrafones de agua purificada— sus criaturas llegarían a todas las casas de clase media baja en adelante y espantarían a los niños con sus palabras atroces; a las señoras con su actitud obscena; a los señores y curas con su belleza física perpetuamente inasible, y a los críticos literarios con su belleza perpetuamente inasible y, además, no sólo física, sino artística, miniaturizada, de cosa levemente nueva y a la vez muy antigua, del todo imprevista por la mediocridad y abulia de la época.

viernes, 15 de agosto de 2008

Ciencia ficción - Alberto Chimal


CIENCIA FICCIÓN
Alberto Chimal

El doctor Kreseepurson, desde luego científico loco, inventó un "Rayo Sirenizador" y quiso probarlo. Pero le fue peor que al famoso Krackelgruber y su aparato para transformar a las personas en ángeles: algo no salió bien y las ciudades se llenaron de pobres diablos con colas de pez en lugar de manos, colas de pez en lugar de ojos, colas de pez en lugar de narices, espaldas, dientes, cerebros, cabellos, órganos de la generación pero nunca en lugar de las dos piernas, de tal suerte que ninguno parecía realmente una sirena y nadie creyó que el tiempo de la razón hubiera pasado y estuviera cerca, destrucción, cataclismo, una nueva edad de mitos eternos.
(Y tal era el objetivo último de Kreseepurson, a quien su padre había forzado a dedicarse a la ciencia en vez de a la tarjetería española, con el rencor y odio consiguientes).


lunes, 28 de julio de 2008

Tao (bis) - Alberto Chimal


TAO (BIS)
Alberto Chimal

Al norte de la ciudad exclusivísima convención de escépticos, cada uno de regreso de todas las creencias, y todos coinciden en rechazar en el mito espurio (¡periclitado!) de la Segunda Venida pero entonces se levanta Cristo retornado, incontestable, fulgurante, y todos en el auditorio enloquecen del sagrado terror y ninguno oye cómo Jesús, con voz clara y de dulcísimo acento, quiere en vano llamarlos a la calma, decirles cuánto los necesita (al sur de la ciudad exclusivísima convención de cristos retornados, cada uno de regreso de su propio culto en su propia secta, y todos coinciden en rechazar el mito periclitado (¡espurio!) de la Segunda Venida, etcétera, jajajá, etcétera).

sábado, 26 de julio de 2008

El que tenga oídos - Alberto Chimal


EL QUE TENGA OÍDOS
Alberto Chimal

Yo era pobre, vivía mortificado, todos me humillaban. Luego caí enfermo gravemente y aun quienes me odiaban me dieron la espalda. Entonces me encomendé a la gracia de Dios con tal fervor que el Señor se apiadó de mí, y no sólo me alivió sino que me convirtió en un hombre nuevo, totalmente distinto, hasta el punto de que tengo otro nombre y otra fecha de nacimiento, soy de otro país, hablo otra lengua, mi cabello tiene otro color y un remolinito y además no conservo ni un solo recuerdo de mi vida anterior. (Qué asco de mentiroso que soy, ¿verdad?)

domingo, 20 de julio de 2008

Martirio - Alberto Chimal


MARTIRIO
Alberto Chimal

Las manos soñaron que no eran del padre Rocha, sino de San Luto de Maguncia, el que murió cuando quiso cerrar un famoso burdel.
Aquellas manos virtuosas —levantadas, ah, en prohibición y temor divino—habían sido cortadas por un centurión borracho. Y estas manos, en la oscuridad, sintieron de pronto el dolor pero, también, se maravillaron con la recompensa: "¡Vivir para siempre, cubiertas de cera brillante, sobre un cojín de terciopelo rojo, bajo un capelo de cristal...!"
Entonces amaneció y las dos despertaron, posadas en las blandas carnes del padre. Y no tenían ojos para llorar, boca para un lamento, pero con el día empezaban el cargar y el limpiar, el tirar, el empujar, todos los deberes miserables.

De la alianza – Alberto Chimal


DE LA ALIANZA
Alberto Chimal

El menor tenía el don de curar por la fe y sus manos sanaban, como por milagro, las heridas más graves. El mayor tenía fuerza sobrehumana en los puños, que empleaba para darle clientes a su hermano.

sábado, 19 de julio de 2008

Tao - Alberto Chimal


TAO
Alberto Chimal

A las diez, preocupada, Mamá piensa en su hija: la ve bailar y retorcerse como una loca por quién sabe qué antros y para qué hombres. Como en Babilonia. Seguro se les desnuda: seguro se les entrega y les hace movimientos lascivos y quién sabe qué otras cosas horrendas...
A las diez, preocupada, la hija piensa en Mamá: la ve bailar y retorcerse como una loca por el salón del culto. ¿Y para qué? Choca con la pared que da al taller mecánico, con la otra pared, cae al piso junto a quién sabe quién. Seguro canta, o grita: seguro está convencida de que se entrega al Señor...

viernes, 18 de julio de 2008

Escándalo - Alberto Chimal


ESCÁNDALO
Alberto Chimal

Un cortaúñas, en profundo trance hipnótico, habló de pronto con voz de barítono. Reveló haber sido —reencarnación- San Tino Craso, también llamado el Fuerte.
—¡Absurdo! —estalla el padre Lida, consultado—. Tino Craso es una persona viva, yo lo conozco, es un actor de películas... —pero la última palabra no la dice, y se queda así, con los labios juntos y contraídos, mirando a un lado y luego al otro.

miércoles, 16 de julio de 2008

Drama - Alberto Chimal


DRAMA
Alberto Chimal

Más que un mechón de cabello, en el relicario guardo una ilusión: la memoria de un rostro, la esperanza de un beso... Bueno, no: en realidad guardo entera a sor Inocencia, a quien reduje por ebullición al modo jíbaro (soy muy posesivo) en 1966, cuando ella se negó tres veces a transigir a mi salacidad. Pero tuve castigo. Ella se despierta nada más los días 14 de septiembre (¡el siguiente de mi cumpleaños!) para regañarme por ser así, "tan creedor de que la gente es toda tu propiedad", me dice, y entonces yo la insulto por la tristeza incalculable de mi infancia, por las noches a oscuras, por este amor torcido y contrariado. —¡Tú me provocaste —le remacho— con esos hábitos negros y entallados...!

Aquí hay sabiduría - Alberto Chimal


AQUÍ HAY SABIDURÍA
Alberto Chimal

Horas le duró el sueño acerca del número de la Bestia. Cuando despertó, sudorosa y trémula, descubrió que lo recordaba perfectamente. En el vértigo de lo revelarlo, de lo que se sabe espantoso y a la vez irresistible, fue al teléfono y marcó.
A los dos timbrazos le contestó Panfilo Orihuela, en efecto apodado la Bestia en la lejana infancia; ella lo recordaba pues del segundo al sexto de primaria había insistido en asegurarle su amor, meterse lápices en la nariz, escarbarse los dientes con la mano, bajarse los pantalones en el recreo, babear en clase y provocar la burla de todos en el grupo.
—En el fondo, siempre has querido conmigo —le dijo él, seguro, como si nada, por la bocina. Ella (apocalipsis) dudó.

De Grey.

martes, 15 de julio de 2008

El secreto - Alberto Chimal


EL SECRETO
Alberto Chimal

La hostia le quema la lengua: cada vez el mismo dolor espantoso, casi imposible de ocultar, pero él lo esconde, se cura con presteza la boca y persiste en sus crímenes, sus burlas de la inocencia, su apoyo del sufrimiento y de la angustia. Es superior a los otros hombres: sabe que existen los milagros.

De Grey.