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miércoles, 31 de diciembre de 2008

Hambre III - Carmen Courtaux



Salieron del galpón empujando sus carritos y se dirigieron al norte de la ciudad. Fueron a varios centros de salud privados a los que acudía sólo gente rica. Su objetivo: las bolsas de grasa, producto de las “lipo”, que algunas señoras se habían sacado de nalgas, panzas y piernas. Juntaron casi treinta kilos.
Volvieron al galpón donde todo estaba organizado: un fogón con una gran cacerola, bidones de agua, bolsas de harina, sal, enormes mesas improvisadas con tablones y diez personas esperándolos.
Se pusieron a amasar.
A la mañana siguiente, muy temprano, se dirigieron a la zona cercana a la cancha de River Plate y empezaron a distribuir su mercancía.
Cerca de sesenta y cinco mil personas que acudieron a ver el clásico “Boca-River”, en octubre del 2008, comieron las tortas fritas y el pan con chicharrón, fruto del sudor de su trabajo.

Hambre II - Carmen Courtaux



Es mediodía y Juan se cruza hasta la panadería frente a su trabajo; hacen muy buenos sandwiches en ese lugar. Compra uno de jamón y queso con huevo, tomate, lechuga y mucha mayonesa. De regreso y sentado frente a su PC, da el primer bocado enorme y mastica, mastica sin parar. Traga y se prepara para el segundo bocado. Cuando se está llevando el sandwich a la boca se detiene. Mira perplejo el sandwich y lo abre. Una cucaracha descabezada esta sumergida entre la mayonesa y el jamón.

Hambre - Carmen Courtaux




La perra estaba famélica y deambulaba por el basural. Husmeaba unos restos cuando empezó a gruñir satisfecha. Otro cusquito se acercó para pelearle el botín pero la perra ya le había ganado. Una bolsa de plástico llena de pañales sucios, bien pesados, había sido la presa.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Inocencia - Carmen Courtaux


INOCENCIA
Carmen Courtaux

Karina y Mariela conversan en el sillón mientras toman el té y untan tostadas con mermelada. Un gatito, rescatado de una caja encontrada al lado del río, corretea alrededor de ellas.
—¿Viste cómo se percibe la ausencia de maldad en los animalitos?
—Sí, son un encanto.

Krix y Mlax llegaron a la Tierra desde algún punto del universo y están sujetos a una camilla en el Centro de Investigaciones de la NASA. Treinta científicos se mueven a su alrededor midiendo y anotando mientras aprestan sus herramientas.
Sin mirarse, los extraterrestres conversan telepáticamente.
—¿Has notado cómo se percibe la ausencia de maldad en estos seres?
—Sí, son un encanto.

Ilustración: Salvador Dalí

martes, 26 de agosto de 2008

Edén - Carmen Courtaux


EDÉN
Carmen Courtaux
A Nino Bravo

—¿Otra vez te vas de excursión y dejas todo? ¿Cómo resolverán Adán y Eva sus problemas sin tu consejo?
—Gabriel, las criaturas están bien y yo quiero descansar...
—Señor, con esa excusa te has ido a Aguascalientes hace unos días a mirar las orquídeas y los picaflores y luego te encaprichaste en seguir el curso del Urubamba en una balsa y te salvaste porque eres grande; y hace dos meses estuviste navegando el Paraná y te paseaste durante días por la selva en Iguazú, y hace tres meses fuiste a visitar las aves del Amazonas y hace cinco nadaste la profundidad de los xenotes en Yucatán...
—Basta, Gabriel, ¿acaso no tiene derecho su creador a disfrutar del Edén?

martes, 12 de agosto de 2008

Habían sido ocho - Carmen Courtaux


HABÍAN SIDO OCHO
Carmen Courtaux

Blancanieves estaba agotada. El enano más viejo, misógino empecinado, le hacía la vida imposible.
—¡La sopa está fría! ¡Los vasos se ponen delante del plato y no al costado! ¡Has corrido la mesa diez centímetros! ¿Es que no puedes hacer nada bien? ¿Lo haces a propósito para molestarme?
Harta, lo agarró de las solapas, lo metió en la leñera y cerró la tapa. Satisfecha, se fue tarareando al bosque llevando la merienda para los siete enanitos.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Palpitaciones - Carmen Courtaux


PALPITACIONES
Carmen Courtaux

Jazmín tiene siete años y espera, con una leve taquicardia, que llegue el sábado.
Es que ese día va al cine. Sus hermanos la empezaron a llevar el año pasado y desde entonces siente que su cabeza se abre y conoce otros mundos completamente diferentes a su realidad cotidiana. Allí se compenetra con las ansias de liberación de Espartaco, llora de indignación con el destino de Gerónimo, comprende a El fantasma de la Opera, tiembla de miedo ante Dinosaurios, forma parte de las cruzadas con Los Caballeros del Rey Arturo y no teme blandir su espada aunque sea una mujer. Pronto sabrá que las películas se filman basadas en guiones, que se inspiran en libros. Pronto los libros comenzarán a ser otra razón para sus palpitaciones.

sábado, 12 de julio de 2008

Retenciones - Carmen Courtaux


RETENCIONES
Carmen Courtaux

—¿Yo soy acaso responsable de mi hermano? —preguntó Caín.
—Sí —le respondió Dios.
De este modo, desde entonces, la historia de la humanidad se redujo a la lucha entre quienes están de acuerdo con esa respuesta y quienes no lo están.

viernes, 11 de julio de 2008

Cacería - Carmen Courtaux


CACERÍA
Carmen Courtaux

El tren estaba detenido. Mientras la gente subía y bajaba, la morocha, sentada, observaba con la intensidad que un gato mira a una presa. Su blusa roja se movía acompañando la respiración mientras clavaba la mirada en su objetivo.
El hombre en el andén era muy atractivo. No miraba hacia el tren; hablaba desinteresadamente con una rubia. De repente su mirada sobrevoló y algo advirtió a su instinto.
Cambió el perfil, movió los brazos al hablar, luciendo sus músculos bien trabajados, pero permaneció sin mirar hacia el tren.
La morocha se humedeció levemente los labios con la lengua. El silbato sonó y los vagones comenzaron a moverse.
En el último segundo, cuando ya no habría retorno, él le devolvió la mirada.

Mansedumbre - Carmen Courtaux


MANSEDUMBRE
Carmen Courtaux

El hombre es del tamaño de un ropero y su guitarra parece de juguete. Canta en medio del vagón. Al terminar, se cuelga la guitarra por la espalda mientras dice:
—Señores pasajeros, gracias por su atención. Acabo de entonar La Telesita que es una hermosa canción de Agustín Carabajal. Les deseo que tengan un buen viaje de regreso a sus hogares. Yo soy un hombre de paz, trato de ganarme la vida honestamente. Si ustedes me pueden ayudar, yo pasaré muy mansamente por el medio del vagón. Que Dios los bendiga.
Muchos alcanzan una moneda hasta la latita que el hombre lleva en sus manos.
Entonces se le ven los puños. Los nudillos de sus dedos están pelados y con pequeñas costritas de sangre.

Ilustración: Félix Suriel

jueves, 19 de junio de 2008

Cacería – Carmen Courtaux


CACERÍA
Carmen Courtaux

El sonido del chapaleo lo hizo agazapar. Afinó su vista y la dirigió hacia donde el oído le indicaba. Vio entonces al pecarí que remojaba su lomo en el fango.
Agachado, se movió lentamente. Sus patas se apoyaban una después de la otra en una sola línea recta. Reptó los dos metros que lo separaban de su presa. Los últimos centímetros los cubrió de un salto. Le clavó sus garras en la cabeza y los dientes en el cuello. Lo desnucó en un sólo movimiento.
Sosteniéndolo con sus dientes, lo arrastró desde la orilla hasta una zona más seca. Recién allí lo soltó. Empezó a emitir un suave sonido de placer.
Hambriento, buscó las entrañas.

Fuego – Carmen Courtaux


FUEGO
Carmen Courtaux

Tenía una neumonía brutal. Le temblaba el cuerpo con convulsiones, transpiraba como si fuera un trapo de piso y la retorcieran.
Una tarde, agotada, tuvo un sueño: alguien, sentado en su cama, le acariciaba el pelo y le conversaba. De espaldas, ella respondía confiada; conocía esa voz. Se dio vuelta.
Al verlo se le erizaron los pelos del cuerpo en un oleaje que lastimó su piel. Quien estaba a su lado era el Demonio. Se despertó de un salto involuntario.
—El diablo no existe —se dijo. Y se aferró—, el diablo no existe.
Quince días después, ya repuesta, aunque débil y ojerosa, descubrió frente al espejo que estaba cubierta de canas.

Creación - Carmen Courtaux


CREACIÓN
Carmen Courtaux
—Ursula, no resisto estar apegado a la tierra. Me has hecho nacer en una aldea, luego me llevaste a un islote y yo quiero volar. Necesito entender la clave de los vientos, quiero ver el horizonte en el mar, hablar con las criaturas de otros tiempos —dijo el muchacho. Estaba parado, erguido, frente a una mujer sentada en la mesa de su cocina con papeles y lápices en las manos.
—Está bien, te comprendo. Yo misma elegiría un destino así —respondió la dama canosa de mirada azul—. A partir de ahora serás Gavilán.

martes, 17 de junio de 2008

Dolor II – Carmen Courtaux


DOLOR II
Carmen Courtaux

Cuando se llevaron a mi madre yo tenía 9 años, Pedro 11 y mi hermanito menor, Hernán, era un bebé. Irrumpieron disparando en mi casa desde todos los costados. Eso fue un infierno.
Mamá, protegiéndonos con su cuerpo, atinó a encerrarnos en el baño y taparnos en la bañadera con una chapa, preservándonos... Esa fue la última vez que la vi.
Hoy, que nació mi hijo, siento una enorme nostalgia porque hubiera querido ver la alegría en su cara y que sus verdes ojos valientes miraran a su nieto.

Torero – Carmen Courtaux


TORERO
Carmen Courtaux

—Usted está viendo mi mansión y sus jardines pero mi vida no fue siempre así. De chaval fui indignamente pobre y el hambre fue una constante.
Fue entonces cuando el diestro andaluz me invitó a acompañarlo a los sótanos. En penumbras, fresca y seca estaba lo que él llamaba su despensa. De los techos colgaban cientos de jamones y embutidos. Hormas de queso y conservas de todo tipo se alineaban en los estantes. En el medio de ese recinto había un sillón.
—La lidia me ha dado fama, poder y dinero pero cuando me siento oprimido o angustiado, cosa que me ocurre a menudo, para calmarme vengo aquí, me siento y miro a mi alrededor.

Dolor - Carmen Courtaux


DOLOR
Carmen Courtaux

Ella iba a ir allí sin que nadie lo supiera; se exponía a un gran peligro. Sus hijas eran muy chiquitas, no podía llevarlas con ella. Entonces las dejó resguardadas y se fue.
Pasó un angustioso tiempo hasta que se juntaron nuevamente y ya no se volvieron a separar. Pero como el peligro seguía existiendo, su oculto pensamiento acerca de sus hijas fue “que crezcan fuertes, sanas, que crezcan independientes, que crezcan pronto”. Es que secretamente temía dejar de estar allí para cuidarlas.
Con los años el peligro pasó y ellas se hicieron mujeres magníficas. Y se fueron. Crecieron fuertes y sanas, crecieron demasiado pronto, están muy lejos y son absolutamente independientes de su madre.

miércoles, 11 de junio de 2008

Blanqueo – Carmen Courtaux




—Ya es hora de que hablemos claro —dijo mirando a su creador a los ojos—. El público está abierto a estos temas, ya no nos rechazan como hace cincuenta años.
—Lo que me pides es un imposible —le respondió mientras llevaba el vaso de whisky a su boca—. Nunca diré que eres gay.
—Es un error, Mr. Fleming —murmuró James mientras revolvía su Martini.