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miércoles, 18 de abril de 2012
No sé qué le vieron - Javier O. Trejo
La verdad es que no sé que le vieron a este Bolaño. No es un apellido muy común y le tocó ser pariente lejano de uno de los mejores escritores de Latinoamérica. Y no tuvo mejor idea que dedicarse a la literatura. Para colmo, y él dice que no planificó nada, que salió así, su estilo quiso parecerse al del primo. Lo digo así porque él –Carlos Bolaño- dice que no lo hizo a propósito; insiste. Escribió una antología –apócrifa- de escritores argentinos dedicados a la temática gauchesca. Pagó una edición y circuló por un tiempo; hasta tuvo alguna reseña auspiciosa en una revista de ficción.
El destino –con la magnífica ironía que dijo Borges- le trajo otro remedo del primo famoso: tiene una enfermedad terminal. Se está muriendo e intenta terminar un libro. También dice que él no planificó nada, que salió así.
martes, 6 de julio de 2010
Yo te he dado a tu mujer - Javier O. Trejo
Desde que algo se presentía. Desde aquel abrazo de despedida que vuelve en un regreso infinito en cada chau. Desde aquellos tomates partidos y perdidos. Desde aquel apuro que salió apurado y quedó en todos lados. Desde que se fue con vos. Desde que a vos también te dejó haciéndose tuya y mía para siempre. Desde las arenas blancas donde paseamos. Desde que se fue te la di y como se te fue se la diste a otro. Y ahora la llamo y mañana la veré.
¿Me dará alguien a mi mujer?
sábado, 3 de abril de 2010
Efímero y literario - Javier O. Trejo

Roberto Bentano era un escritor de esos, como Vila-Matas, o Auster o el mismísimo Borges, que escribían sobre escritura. Las tramas eran literarias, los personajes: escritores, lectores, editores, correctores, traductores, críticos, coleccionistas, libreros, bibliotecarios y vendedores. Su personaje favorito, o al menos el que más repetía, era un escritor que buscaba su consagración pero a la vez quería pasar desapercibido. Presentaba obra en todas partes y usaba seudónimos. Creaba revistas y antologías para publicarse pero finalmente no lo hacía por algún prurito que desconocemos. Se presentaba a concursos y obtenía premios pequeños, menciones, cuartos puestos, jamás alguno que implicase publicar el texto. Escribió su biografía varias veces pero allí quedaron los borradores. Dicen que su novela ‘Libro’ es la historia del fracaso premeditado, de la cuidadosa planificación de la literatura inexistente. Pero esto es una conjetura, jamás leí algo de Roberto.
domingo, 22 de febrero de 2009
Ying Yang - Javier O. Trejo

YING YANG
Javier O. Trejo
Prosa limpia y concisa, una historia con gracia y entretenida. Personajes que se pueden creer y querer y odiar. Agudeza e ingenio. Belleza suficiente y un toque de exotismo. Soltura en los diálogos y destreza en el argumento. Enroques pocos, elocuencia y cierto desparpajo. Agilidad en la trama y en los diálogos, presencia y cuidado.
Ponga de esto.
Maledicencia súbita. Diálogos barrocos. Personajes chabacanos y soberbios. Prosa recargada y altanera con retruécanos innecesarios. Abuso de los largamente cuestionados adjetivos. Petulancia y ese tufo que detenta la pobreza narrativa. Campos en flor, corazones valientes, amores puros, amistades eternas, familias perfectas, nobles caballeros y oscuros dragones en dosis suficiente. Imposturas varias.
Saque de esto.
Vaya y pruebe, a ver cómo le va. Es fácil, le cedo la receta.
Ponga de esto.
Maledicencia súbita. Diálogos barrocos. Personajes chabacanos y soberbios. Prosa recargada y altanera con retruécanos innecesarios. Abuso de los largamente cuestionados adjetivos. Petulancia y ese tufo que detenta la pobreza narrativa. Campos en flor, corazones valientes, amores puros, amistades eternas, familias perfectas, nobles caballeros y oscuros dragones en dosis suficiente. Imposturas varias.
Saque de esto.
Vaya y pruebe, a ver cómo le va. Es fácil, le cedo la receta.
lunes, 3 de noviembre de 2008
El viaje de Cristóbal - Javier O. Trejo

EL VIAJE DE CRISTÓBAL
Javier O. Trejo
Cristóbal decidió pasar sus vacaciones en una isla del Caribe. Viajar en ese barco hacia la playa fue como volver a verlo al almirante igual que en los libros escolares: peinado, con sombrero y botas, hincado y enarbolando el estandarte con un grupo de soldados, casi feligreses, parados en el bote y adorando al nuevo santo que cumplió con la promesa del huevo, y algunos indios asomando que esperan los espejitos de colores, tremenda falacia, indios que con total tranquilidad y sin sorpresa esperan que el almirante los bautice con la secreta promesa, pastiche al fin, de crearlos hombres.
Cuando Cristóbal baja del barco es acosado por taxistas, ofertas de hoteles, de mujeres, de alojamientos, de restaurantes.
Sonriendo, saca dólares y billetes de la moneda local, que son de colores.
jueves, 23 de octubre de 2008
Títulos - Javier O. Trejo

TÍTULOS
Javier O. Trejo
—Por favor, les pido que cada uno se presente y nos diga brevemente su función y responsabilidad —pidió el director.
—Soy el contador Peña y soy el gerente financiero; también soy miembro del Círculo de Contadores.
—Perdón, ¿puedo hacer una pregunta? —dijo la persona que escribía las notas: un hombre mayor. A pesar del silencio y las caras contrariadas el director le dijo que sí—. Señor, antes de ser contador ¿qué fue?
—Estudiante, ¿por?
—Si ‘es’ contador y gerente, cuando no era gerente ni contador, ¿no era?
—No le entiendo…
—Es claro, si usted es su puesto y su título y lo dejaran cesante usted dejaría de ser, y si no ‘es’, no podría estar acá.
—¿De qué habla?
—Del vacío de no ser por ser contador —dicho esto, el hombre se retiró.
Ilustración: Salvador Dalí
—Soy el contador Peña y soy el gerente financiero; también soy miembro del Círculo de Contadores.
—Perdón, ¿puedo hacer una pregunta? —dijo la persona que escribía las notas: un hombre mayor. A pesar del silencio y las caras contrariadas el director le dijo que sí—. Señor, antes de ser contador ¿qué fue?
—Estudiante, ¿por?
—Si ‘es’ contador y gerente, cuando no era gerente ni contador, ¿no era?
—No le entiendo…
—Es claro, si usted es su puesto y su título y lo dejaran cesante usted dejaría de ser, y si no ‘es’, no podría estar acá.
—¿De qué habla?
—Del vacío de no ser por ser contador —dicho esto, el hombre se retiró.
Ilustración: Salvador Dalí
jueves, 2 de octubre de 2008
Las enseñanzas de Jorge - Javier O. Trejo

LAS ENSEÑANZAS DE JORGE
Javier O. Trejo
Jorge escribió varios libros. En ellos ayuda a despertar tu superación. A lograr objetivos. Muestra con claridad que no hay que rendirse, que hay que seguir los sueños porque nada es imposible. Lo importante es no abandonar. Si le sumamos esfuerzo, no hay nada que no puedas hacer. Te curarás, crecerás, tendrás éxito.
Entonces, Jorge querido, ¿me podés explicar qué hace toda esa gente enterrada hasta el cuello en la mierda? ¿Acaso no leen? Si es tan fácil como lo decís vos y Pablo y tantos otros, ¿por qué no ocurre a granel?
Y ni hablemos de todos aquellos que se esfuerzan de lleno y con certeza, que trabajan y tienen muy en claro cuál es su sueño y qué quieren; pero fracasan.
¿No será que carecen de la más mínima habilidad, o que el talento le es vedado?
Entonces, Jorge querido, ¿me podés explicar qué hace toda esa gente enterrada hasta el cuello en la mierda? ¿Acaso no leen? Si es tan fácil como lo decís vos y Pablo y tantos otros, ¿por qué no ocurre a granel?
Y ni hablemos de todos aquellos que se esfuerzan de lleno y con certeza, que trabajan y tienen muy en claro cuál es su sueño y qué quieren; pero fracasan.
¿No será que carecen de la más mínima habilidad, o que el talento le es vedado?
martes, 9 de septiembre de 2008
A Julio le regalaron un auto - Javier O. Trejo
No te regalan un reloj,
tú eres el regalado,
a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Julio Cortázar.
tú eres el regalado,
a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Julio Cortázar.
Era un coche sport pequeño. Reluciente, moderno, llamativo.
Julio lo cuidaba con esmero. Lo lavaba todos los sábados, aún los sábados de lluvia. Lo lustraba y enceraba. Pasaba por los charcos de agua a velocidad mínima. Jamás dejó que otro lo maneje.
Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras…
Julio salió un sábado del boliche con su auto reluciente. Había tomado un poco. Atropelló a tres muchachos que iban imprudentes en una misma moto. Espera juicio en la comisaría 18; el auto está estacionado en la calle enfrente de la comisaría y no lo sabe. Está lleno de tierra.
A la noche se imagina pasándole el trapo con cera.
Julio lo cuidaba con esmero. Lo lavaba todos los sábados, aún los sábados de lluvia. Lo lustraba y enceraba. Pasaba por los charcos de agua a velocidad mínima. Jamás dejó que otro lo maneje.
Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras…
Julio salió un sábado del boliche con su auto reluciente. Había tomado un poco. Atropelló a tres muchachos que iban imprudentes en una misma moto. Espera juicio en la comisaría 18; el auto está estacionado en la calle enfrente de la comisaría y no lo sabe. Está lleno de tierra.
A la noche se imagina pasándole el trapo con cera.
Imagen: "Placita", de Antoni Vives Fierro
jueves, 4 de septiembre de 2008
Felipe Dick escribió algo - Javier O. Trejo
Pequeño y olvidado para el fútbol, Felipe pasaba más horas en la biblioteca que jugando con sus amigos. Cuando en la escuela hicieron el concurso de cuentos, él mandó. Sacó una mención. En el colegio secundario escribió esporádicamente. Unas poesías le brindaron cierto suceso con compañeras de baile. Incursionó en cierto surrealismo y eso, mezclado con mucha cerveza, generó algunos cuentos un tanto excesivos. Un domingo gris, bajo la misma combinación y un poco al tuntún dio un texto que escondía, en una frase que mezclaba letras al azar, el nombre secreto de Dios.
El cuento se publicó en una revista literaria de la escuela. Felipe murió y esa muerte no fue clara. La ajada revista descansa en la biblioteca y no volvió a ser abierta.
Hoy, la profesora de literatura pasa por allí y agarra la revista.
El cuento se publicó en una revista literaria de la escuela. Felipe murió y esa muerte no fue clara. La ajada revista descansa en la biblioteca y no volvió a ser abierta.
Hoy, la profesora de literatura pasa por allí y agarra la revista.
domingo, 31 de agosto de 2008
El museo de ciencias naturales - Javier O. Trejo
Viajaron a La Plata con el colegio, los acompañaban los profesores de Biología. Augusto Montero llevaba una mochila un poco más grande que sus compañeros. Tenía planes.
Recorrieron todas las salas y para alivio de los profesores, los alumnos se portaron bien. Sobre la hora de cierre, Augusto de separó del grupo y se escondió en el baño. Era viernes. Los dinosaurios le fascinaban; quería llevarse una parte de recuerdo para poner en la pared de su cuarto.
Dio varias vueltas hasta que pudo sacar un cráneo de tatú carreta y lo guardó en la mochila. Se quedó dormido al lado de un esqueleto enorme que ocupaba el centro de la sala.
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
La piel verde brillante relucía bajo la luz y lo miraba fijo con las pupilas dilatadas.
miércoles, 27 de agosto de 2008
El gambito de Roberto Fisher - Javier O. Trejo
Roberto Fisher aprendió a jugar al ajedrez en la escuela primaria. Salió tercero en un intercolegial de menores. Coronó un cuarto puesto en el provincial de Tucumán cuando tenía quince años. Siguió jugando en el club Huracán y sus gambitos eran famosos entre los jubilados de Parque Patricios; ninguno le pudo ganar. Lo encontré veinte años después, cuando volví a Huracán a jugar al metegol; él estaba en el salón de ajedrez.
Me dijo muy serio: —La gente se burla cuando camino siguiendo los movimientos del caballo. Sin embargo, el que termina riendo soy yo... cuando les doy mate.
Lo volví a ver la semana pasada por Florida y me hice el que no lo conocía. Caminaba dos pasos cortos, pisando exactamente dentro de cada baldosa, y uno para el costado.
Me alejé a paso vivo y escuché: —¡Mate!
domingo, 24 de agosto de 2008
Sobre la red - Javier O. Trejo
Daniel García es un programador eximio. Sus pares lo respetan y admiran en silencio; muy a pesar de su carácter agrio y cierta soberbia mal disimulada. Sus algoritmos y deducciones llegaron a varios expertos y ellos respondieron alabanzas de todo tipo. Es distraído y parece analfabeto en otros órdenes de su vida; dicen que los genios son así. Trabajaba en una gran empresa que tiene oficinas en todo el mundo. Renunció y nadie entendió por qué. En realidad era mucho dinero. Ahora arregla software de avanzada desde su casa. Es una empresa virtual, todos desde su casa en una red de empleados. Se relaciona con programadores brillantes, quizás más que él, más agrios y pedantes. Más genios. Ahora intuyo, porque no hablo con él desde que se fue, intuyo que con su sueño en hilachas, está muy solo en la red infinita.
martes, 19 de agosto de 2008
La isla del doctor Morel - Javier O. Trejo
Se contaba que en la isla vivía un loco llamado Morel. Decían que había sido médico pero que ahora vivía como un ermitaño.
Salimos del club en el bote y remamos hasta el lugar; hacía mucho calor. La altura de las aguas nos permitió entrar en la isla hasta muy cerca de la casona.
El calor de la siesta ponía quietud en todos lados. Bajamos y nos acercamos con sigilo; miramos por una ventana.
Pudimos ver una mesa antigua que estaba servida como para recibir a varios comensales. En la pared del fondo había un telón en donde se proyectaban fotos de una gran familia comiendo en esa misma mesa.
El siseo de las alpargatas nos alertó. Un hombre viejo nos miraba con una tristeza notable.
Corrimos y subimos al bote. Remamos en silencio hasta el club.
domingo, 17 de agosto de 2008
Las fotos de Ernesto Guevara - Javier O. Trejo
Sus padres le dieron el nombre y las consecuencias que no imaginaron. Ernesto padeció el apodo de “Ché” hasta el cansancio. Oyó cientos de comentarios y sufrió conversaciones tediosas en cada ocasión en que dijo su nombre.
Militó en el Partido Intransigente pero luego abandonó la política. Trabajó en un banco y luego en una casa de fotografía.
Al principio guardaba las que más le gustaban. Luego se quedó con una copia de todas las fotos carné. Más tarde pedía copias en otros negocios y a cuanta persona conocía.
Las pegaba en las paredes de su departamento, una al lado de la otra. Las pegaba en camisetas blancas.
Una vez se puso una de las camisetas y salió a la calle.
Cuando lo llevaron al hospital no paraba de gritar: “en mi casa tengo la foto de todos ustedes”.
jueves, 14 de agosto de 2008
López y Ward - Javier O. Trejo
López y Ward se mataron en Malvinas. Aunque es improbable que fuera mutuo, están muertos. Borges les dio el Quijote y a Conrad. Pero lo más cerca de Conrad que estuvieron fue que vieron Apocalypse Now.
López nació en Corrientes, de dorados pescados y atardeceres en la arena. Ward en Manchester y frecuentaba los tablones del United.
Siempre pensé que la estupidez de la guerra era una frase cursi. Hasta que fui testigo de la más estúpida de todas. Impostada, teatral, patética.
Junté plata y la doné, vi llevar una bicicleta a quién no tenía otra cosa y creí lo que decía la televisión.
De todo ese yerro, de la colosal infamia de un borracho, algo de culpa, aún pequeña, nos queda.
martes, 12 de agosto de 2008
Las peripecias de Zyrko - Javier O. Trejo
Daniel Zyrko era un payaso. Animaba fiestitas infantiles y algunos eventos de empresas. También era dirigente de la Asociación de Payasos Argentinos.
Para poder sumar votos y risas en los escaños, Zyrko sumaba adulones, tanto sea por dinero como por su proverbial labia.
Escribía sus propios libretos y rutinas; y llegó a hacer unos pases como invitado, cuando el circo Tihany hizo una gira por el interior.
Tenía cierto talento. Algo indescifrable, o tal vez ambición, o envidia, lo eclipsó. Él mismo arruinó su carrera. A ese tipo de cosas se les suele decir una payasada.
Ahora que murió, nadie lo recuerda.
Ilustración: Luz de luna (1896), de Edvard Munch
lunes, 11 de agosto de 2008
Los hermanos Cohen - Javier O. Trejo
Desde que los conocí, los hermanos Cohen querían hacer cine. Era Bettina la que insistía. El Pato la seguía.
Filmaban cumpleaños, eventos, vacaciones. El VHS los ayudó. Estudiaron cine en la universidad y filmaron algunos cortos. Los acompañamos un tiempo, pero creo que era más por las curvas de Bettina que por las películas.
El proyecto más ambicioso fue incursionar en el hiperrealismo.
Tomaron una historia de Dolina y filmaron La Siesta del ingeniero Fernández. Su vuelta de tuerca fue Bettina filmando al Pato que filmaba a Fernández (que era el ruso Gomes durmiendo).
Duraba dos horas y la vieron unos pocos en un cumpleaños.
Recibidos de contador y abogada, pusieron un estudio. Filman los casos más críticos.
No les va mal.
sábado, 9 de agosto de 2008
Los sueños de Mario L. - Javier O. Trejo
Tenía un sueño recurrente: entraba a una casa formada por una sucesión de habitaciones iguales con dos puertas. Cada puerta daba a una habitación idéntica.
También soñaba juegos y laberintos. A estos los construyó y vivió de ellos.
Supe de sus sueños porque me los contó en noches interminables de café y truco. Al detalle.
Murió en su Montevideo natal, no pensaba ir. Un llamado de un familiar me advirtió que había dejado un sobre para mí.
Había una llave y una dirección. Entré, encendí la luz y cerré la puerta; vi la puerta de enfrente y la mesa. Temí y luego se hizo pavura. Abrí la puerta de entrada mirando hacia abajo. Las maderas del piso continuaban en otra habitación.
Ilustración: Museo Dalí (Figueres)
miércoles, 6 de agosto de 2008
Mujer en la luna - Javier O. Trejo
Raquel Armstrong se fue a trabajar a la Puna como maestra primaria. El primer entusiasmo se le fue entumeciendo por las soledades y las carencias. El paisaje baldío sembrado de piedras le recordaba su sentir. A la noche, a la luz de la luna y de las estrellas conseguía el bálsamo que le permitía continuar. El alivio llegaba a su expresión máxima las noches de luna llena. Caminaba hasta la laguna cercana y se quedaba horas mirando el reflejo congelado en la superficie. Pensaba en subir a la luna aunque sea con la escalera de Calvino. Una noche y sin saber por qué, se metió en las aguas heladas para tirarse a flotar sobre el reflejo; y fue la mujer en la luna.
martes, 5 de agosto de 2008
Las sombras de Antonio Domingo - Javier O. Trejo

LAS SOMBRAS DE ANTONIO DOMINGO
Javier O. Trejo
El señor Antonio Domingo no tiene la más pálida idea de lo que es La Caverna de Platón y sus sombras. Esa, la de los hombres prisioneros desde su nacimiento, que al sólo contemplar la sombra de otros hombres, terminan creyendo en esa realidad. Prisioneros de las sombras.
Antonio Domingo sí que tuvo a prisioneros en las sombras. De los de cárcel y de los que caminaban por las calles adorando sus órdenes, y su gobernación.
El señor Antonio Domingo se pavoneó dejando su sombra atrás. Dio clases de democracia y de tortura, en noches cerradas sin sombra.
Ahora la sombra de la justicia lo tiene en el estrado.
El señor Antonio Domingo se volvió su sombra.
O ella lo abandonó.
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