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martes, 26 de febrero de 2013

Visible - Daniel Diez Crespo



Al tocar con su nariz la uña del meñique del pie fue invisible. Descubrirlo sumergido en la bañera jugando a doblar como un libro su piel, llenó de espuma el espejo en el que ya no aparecía su reflejo. Escondido, invadió lo ajeno. Desvestido, inmune, escuchó, tropezó, vio y vigiló, rió, asustó, robó, tocó, usurpó, acarició, golpeó, sopló, zancadilleó, rió, carcajeó, aulló, rompió, rajó y desnudó, y el último día, eufórico, mató. Al tocar con su nariz la uña del pulgar del pie fue visible. Aparecer sumergido en la bañera jugando a doblar como un libro su piel, salpicó agua hirviendo, histérico y con sus brazos, los azulejos del cuarto de baño. A la vista, se descubrió avergonzado, y bajo el agua, visible, desapareció.


Acerca del autor:  Daniel Diez Crespo

domingo, 12 de agosto de 2012

La piedra - Daniel Diez Crespo


Ella no es él. Tampoco es ella. No es. Quiere ser pero cuando camina se tropieza con la ausencia de sus piernas. Nadie le enseñó a arrastrarse. Cuando piensa su cabeza es una habitación vacía. Nadie le enseñó a llenarla. Cuando habla no logra respirar. Nadie le enseñó a sentir. Cuando observa ya le han caído los párpados. Nadie le enseñó a despertar. A veces es hombre. Otras es mujer. Siempre es inhumano, como lo incoloro. Nunca es humano, como los seres. Se hunde y logra sentir que flota. Vuela y le aterra el vértigo de caer. Quieto, inmóvil, inflexible, obligado y sujeto, es invencible, duro, foco, epicentro, tu ojo, el mío, todos y nadie, y demasiadas veces, piedra invisible.

Tomado del blog https://elpaisdelagominola.wordpress.com/

Acerca del autor: 
Daniel Diez Crespo

viernes, 10 de agosto de 2012

El papel de tus dedos – Daniel Diez Crespo


Soy un juguete de papel entre tus dedos. Me dudas, me pintas, me escribes, me doblas, me rompes, me coses, me arrugas, me tiras y olvidas. Vuelo rápido, golpeo en el precipicio, a escasos centímetros del resto, y sin embargo, el equilibrio es un azar que evita que caiga y sea un nuevo olvido confuso. Cae la luz al subir la persiana e ilumina un pasillo mi piel herida; rojas líneas como sangre seca, azules venas, negras cejas curvadas, verdes ojos llenos y todo es pintura. Recuerdo ser papel blanco, liso, confiado, ilusionado; sin imposibles. En la esquina, quieto, solitario, impaciente por volver a sentir el tacto de tus dedos, aún le queda un garabato a la vida; un doblez, una letra, un sentimiento. Ni te huelo, ni te veo, ni te oigo, ni te siento. Ni tal vez te espero, y pese a todo, aún te deseo.

Tomado del blog El país de la Gominola

Acerca del autor: Daniel Diez Crespo

jueves, 2 de agosto de 2012

Objetos perdidos – Daniel Diez Crespo


Los zapatos caminaron vacíos en busca de dos pies. La camiseta, fría y enferma, quedó enredada en el tendero por el viento sin lograr llenar el vacío de su pecho. El reloj de pulsera no supo doblar su cuerpo sin una muñeca. Las gafas abrazadas nunca vieron los ojos ausentes. El preservativo se arrugó y no encontró la hormiga de su pene. Las ruedas olvidaron rodar, tumbadas, desenganchadas del eje de una bicicleta. El sombrero quedó colgado, atrapado, sin el tacto de los pensamientos. El único libro fue olvidado y nadie despegó sus páginas. El último bolígrafo no supo cómo volver a ponerse de pie. Tampoco las teclas se movieron, tristes, a la espera de la yema de unos dedos. Todos los objetos eran una fila desordenada de una búsqueda. En ella yo, otro objeto perdido. Ayer, dejé de buscar tu ausencia.

Tomado del blog  El país de la gominola
Acerca del autor: Daniel Diez Crespo

viernes, 13 de julio de 2012

Preso – Daniel Diez Crespo


Dormía acunado en el vaivén de un espagueti blanco y seco que se había descolgado del plato. Pequeño, como una lombriz, ignoraba morir en las manos de algún ser humano. Despertó por el golpe de una puerta de madera contra su marco, y al tercer pestañeo, quieto y pegado junto al vértigo, le cegó el cielo. Si llovía, las gotas inundarían el asfalto de zumo de naranja. Revisó su ala, rota, como un corte que abre por la mitad una rebanada de pan. Bajó los ojos, apretó los labios, y asumió ser preso de su final si no lograba volver a volar.

Tomado del blog El País de la Gominola 

Acerca del autor: Daniel Diez Crespo

lunes, 9 de julio de 2012

La maleta – Daniel Diez Crespo


Mete tres calcetines en la maleta. Nada más. Echa tres gotas de colonia. Se enrolla la bufanda a la cintura y cuelga el pantalón en su cabeza. ¿Preparado? Ha vestido a la muñeca de plástico de su hermana, de cabello lacio y ojos rotos, con un vestido rosa con una mancha de chocolate a la altura del corazón. Mete dos calzoncillos en otra maleta. Nada más. Echa tres gotas de colonia. Se calza un gorro de lana en los pies desnudos y los ata a los tobillos con una cuerda de nylon. ¿Preparado? Ha deshinchado tres ruedas del coche verde aceituna de su padre, aparcado sobre un árbol, para ir ligero en el largo viaje que le espera. ¿Preparado? Mete su cuerpo tres veces en la maleta. Nada más. Echa tres gotas de colonia. Cierra la maleta y se va.

Tomado del blog: El País de la Gominola 

Acerca del autor:
Daniel Diez Crespo

domingo, 1 de julio de 2012

El ataúd rosa – Daniel Diez Crespo



Era un vampiro que al sonreír le brillaban los colmillos de punta redonda. Cabello rojo, de rizo cerrado, ojos negros, orejas afiladas, piel albina y voz muda. Hundió la brocha en el cubo de pintura, y con calma, esparció sus bigotes gastados sobre la madera de su ataúd. Era un rosa chicle precioso a la luz de los diecisiete candiles que colgaban del techo de su habitación. La ventana tapiada era una sombra en la que difícilmente podría vislumbrar, colgado con chinchetas, una hermosa puesta de sol de Sentosa, una playa de Singapur. En su inmortalidad, al dormir los días, despierto, imaginaba el imposible de despertar, levantar la tapa y desayunar lejos de la oscuridad. Si cerraba los ojos, sentía pisar con sus pies fríos el calor de la arena del mar. Inmortal, soñaba vivir.


Tomado del blog: El país de la gominola
Acerca del autor: Daniel Diez Crespo

sábado, 23 de junio de 2012

Pato de cerámica - Daniel Diez Crespo



Ella rompió su pato de cerámica. Tres trozos y un pico sin sangre sobre la alfombrilla rosa del váter. Lo ahogó en la bañera. Fueron diecisiete segundos de lucha hasta detener su pequeño latido. Le intoxicó con la espuma. Lo estranguló con la toalla aún enganchada a la cintura. Descalza, resbaló en dos ocasiones. Buscó sujeción en la base firme del lavabo mientras el animal graznaba su asfixia. Hundió la ira y su cabeza en el agua, y sin aire, resbaló el pato de entre sus dedos, voló veloz, lo persiguió asustada con la mirada por encima de su cabeza, y pese al intento, no atravesó el espejo. Desnuda, con la cadera hundida entre la sucia espuma y la toalla atornillada al muro de la bañera, decidió recoger el cadáver y jamás declararse culpable.

Tomado del blog El País de la Gominola

Sobre el autor: Daniel Diez Crespo

domingo, 17 de junio de 2012

Adiós – Daniel Diez Crespo




Vomitó los ojos y ya nunca los encontró. Tiró de la cadena y alguien rió la torpeza. Le abofeteó pero nunca le golpeó. Dieron media vuelta y desaparecieron. Sus ojos, rotos como añicos de un cristal nunca más aparecieron. Nadie fue impune a los hechos maquiavélicos de aquel asalto al castillo. Ella caminó veloz con sus pies verdes descalzos. Él anduvo despacio con sus pies rojos descalzos y enormes. Nunca se dijeron adiós, lo escribieron invisible en el aire.

Sobre el autor: Daniel Diez Crespo

lunes, 28 de mayo de 2012

El valiente más cobarde del mundo - Daniel Diez Crespo


El valiente más cobarde del mundo tenía una corbata amarilla demasiado prieta y corta, una copa tiritando ya vacía sujeta por tres dedos y los cordones desatados para caer si hubiera tentación de huir. El cobarde más valiente del mundo tenía lágrimas y mocos hasta las rodillas, palabras ‘rompidas’ en su cabeza y frases sin verbo en el corazón. El cobarde más valiente del mundo no supo degollar de un mordisco el cuello del pollito cuando su plumaje amarillo caminó gracioso y descalzo ante sus ojos. Lo escondió en sus manos, diminuto, tembloroso, y besó su pico.

Tomado del blog El País de la Gominola
Sobre el autor: Daniel Diez Crespo