
TIRO DE GRACIA
José Manuel Ruiz Regil
Convencido de que la única forma de que su enemigo alcanzaría la gloria celestial una vez herido en el frente contrario, era a través de una muerte segura y piadosa, decidió que no bastaba la buena puntería, sino que arriesgaría su propia vida, incluso, con tal de brindar al bastardo invasor la posibilidad de reducir su agonía. Y en una suerte de ruleta rusa, más cercana al suicidio que a la compasión, logró colarse entre las trincheras enemigas en medio de la noche para buscar moribundos, y asestarles el último tiro sacramental.
Convulsionados, desangrados, tuertos y mutilados vieron en la descarga la última luz de su combate terrenal, y la primera condecoración del alba de su gloria