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lunes, 4 de agosto de 2008

Tiro de gracia - José Manuel Ruiz Regil


TIRO DE GRACIA
José Manuel Ruiz Regil

Convencido de que la única forma de que su enemigo alcanzaría la gloria celestial una vez herido en el frente contrario, era a través de una muerte segura y piadosa, decidió que no bastaba la buena puntería, sino que arriesgaría su propia vida, incluso, con tal de brindar al bastardo invasor la posibilidad de reducir su agonía. Y en una suerte de ruleta rusa, más cercana al suicidio que a la compasión, logró colarse entre las trincheras enemigas en medio de la noche para buscar moribundos, y asestarles el último tiro sacramental.
Convulsionados, desangrados, tuertos y mutilados vieron en la descarga la última luz de su combate terrenal, y la primera condecoración del alba de su gloria

domingo, 3 de agosto de 2008

Punto final - José Manuel Ruiz Regil


PUNTO FINAL
José Manuel Ruiz Regil

Iba como cualquiera. Caminando tranquilamente. Con la vista fija en sus zapatos. Sin importarle pisar las rayitas de unión entre los bloques de concreto. Sus pensamientos no se ocupaban de analizar el pasado ni de imaginar el futuro. Sólo un punto en la banqueta, como el punto final de una oración andante, lo entretuvo; un punto negro en aumento, que él creyó sería agujero. Probó tímidamente y metió un pie, para sacarlo luego. Ensayó otra vez para comprobar que el hoyo no era hueco, sino un simple punto negro que crecía. Lo intentó de nuevo, entrando y saliendo divertido, hasta que el piano que caía lo aplastó.

sábado, 2 de agosto de 2008

El ejecutivo - José Manuel Ruiz Regil


EL EJECUTIVO
José Manuel Ruiz Regil

Al dar la hora de salida puso en orden los papeles de su escritorio y se levantó del sillón reclinable. Cogió del suelo el maletín de forma anatómica y lo abrió sobre el cristal despejado de su mesa de trabajo. Destornilló la cabeza del resto de su cuerpo y la calzó en el contorno de terciopelo rojo. Contento por haber cumplido una jornada más, cerró de golpe el portacráneos y salió, dispuesto a descansar.

viernes, 1 de agosto de 2008

Sonrisas - José Manuel Ruiz Regil


SONRISAS
José Manuel Ruiz Regil

La gente le sonreía al toparse con él en todos lados. Se sabía simpático, pero era significativo que ese día en especial hombres, mujeres, ancianos, niños, personas de toda clase se voltearan a verlo con atención y, además, le regalaran una sonrisa cómplice. Sucedió más de una vez en el elevador, en el transporte público, a la entrada del banco. Empezó a creer que aquel carisma que su mamá le había declarado desde pequeño se estaba por fin mostrando esa mañana para irradiar al mundo su bondad y alegría. Pero la realidad le devolvió en la cara del espejo el ridículo rostro de una bragueta descuidada, cuya evidencia lo había elevado a la cima de la autoestima. Y desde ahí se desplomó.

miércoles, 23 de julio de 2008

Árbol de dinero - José Manuel Ruiz Regil


ÁRBOL DE DINERO
José Manuel Ruiz Regil

Prometió compartir los frutos con él una vez que brotara la planta financiera. El único requisito era donar su capital como semilla para aquel vergel. Confiado, entregó al astuto la suma que echaría raíz, sin siquiera sospechar que aquella empresa entrañaba algún equívoco. Con toda fe y disciplina cada tercer día el inversionista asistía al terreno donde había sembrado su ilusión, para regar con agua reditual su quimera. El tiempo demostró que ni el oro, ni la plata, ni el cuproníquel, mucho menos el papel moneda germinan. No al menos bajo la oscuridad de la tierra.

jueves, 17 de julio de 2008

El tiro por la culata - José Manuel Ruiz Regil


EL TIRO POR LA CULATA
José Manuel Ruiz Regil

Tomó el arma con la que había sido herido en la pierna; la que el maleante tiró en un charco, para huir ligero. Con las pocas fuerzas que le quedaban, apretó el gatillo en la dirección de aquella sombra que se achicaba, conforme el callejón se hacía lejano. Desde su posición, tumbado en el piso, atinó en el centro. La sombra cayó.
Más tarde levantaron el cuerpo y al herido. Mientras el uno iba al foso; el otro, al calabozo, acusado de homicidio.
—¡Pero, si fue en defensa propia! —alegó.
—No, fue en venganza ajena —corrigió el jurado.