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sábado, 17 de marzo de 2012

El gusano - Andrea González


Se arrastraba por el pasillo dejando un rastro de tierra y mocos. Gruñía. Su cuerpo espumoso se estiraba y se contraía. Volvía a gruñir. Sus pequeños y ciegos ojitos se movían sin parar. En aquellos años aún era yo una niña curiosa, y se me ocurrió acercarme y tocarlo. Exhalando su pegajoso hedor y envolviéndolo todo con él, me engulló. Aún sigo atrapada en esta materia blanda. Puedo atravesarla con mis manos y tomar algunas cosas, como hojas y plumas, pero no puedo salir.

sábado, 12 de noviembre de 2011

La noche de Asterión - Andrea González


Lentamente se oscurece el cielo y la mirada del minotauro extiende un manto de estrellas sobre la tierra. Estrellas de agua solificada y núcleo de perla. El suelo se estremece. Hace frío. La soledad y la noche son impenetrables. Sentado en su trono, el minotauro cierra los ojos. Recoge poco a poco así estrellas, y vuelve a emerger la luz que lo petrifica.

martes, 11 de octubre de 2011

La tarea de Anita - Andrea González

En la noche, Anita anda de puntillas en la alfombra. Atraviesa la habitación. Cruza la puerta. Sale al corredor. Cruza otra puerta. Sale a otro corredor. Cruza otra puerta. Sale a otro corredor. Cruza otra puerta. Cae en la palma de la mano de un palíndromo y se va a lavar la tina antes de que todos despierten.

lunes, 3 de octubre de 2011

Sobreviví - Andrea González


Feroz, aterrador, enorme. Su pelaje era negro, grueso y revuelto, como un montón de alambres enredados. Su hocico expedía un vaho oscuro, sin duda fragmentos del alma que intentaban huir de la prisión bestial y licántropa que yo, valeroso a pesar de todo, tenía delante. Sus ojos brillaban como si el demonio los alumbrara por dentro con mil lunas. Sus garras preparaban un ataque que los afilados colmillos iniciaron. Se comió mi tarea y a mi abuelita… afortunadamente yo no sufrí ni un rasguño.