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sábado, 6 de agosto de 2011

La miseria se extiende - Saturnino Rodríguez Riverón


La miseria se ha extendido de tal manera que hasta los mendigos han perdido las escudillas, otrora distintivas, que el arte y la literatura se encargaron de difundir como arquetipos.
Ahora colectan el producto de la caridad pública en envases reciclables de refresco o cerveza. Por carecer, carecen hasta de sus atributos.

martes, 19 de julio de 2011

Al margen de la ley - Saturnino Rodríguez Riverón


El reo estuvo preparando la fuga durante diez interminables años. Después de procurarse lo necesario y seguir el plan paso a paso, meticulosamente, pudo escapar como lo había concebido: con todas las de la ley.

viernes, 8 de abril de 2011

Parentesco - Saturnino Rodríguez Riverón


Algunas amistades y hasta vecinos a los que he confiado este cariño, han criticado mi excesivo afecto hacia los mosquitos. No pueden comprenderlo y es que soy una persona particularmente familiar.
Esos insectos, después de pasar la noche encerrados con uno bajo el mosquitero, se emparientan de la forma más entrañable. Los observo al despertar en la mañana: gordos, ahítos, casi no pueden volar de tan cargados con nuestro plasma sanguíneo. Y en ese momento, un amor fraternal me une a ellos inextricablemente. Son mis parientes cercanos. Aún sin saberlo se han convertido, de la noche a la mañana, en hermanos míos, porque a fin de cuentas llevan mi propia sangre.

Saturnino Rodríguez Riverón

Imagen: "Jasón y Medea", de Gustave Moreau

sábado, 25 de diciembre de 2010

La Salvación - Saturnino Rodríguez Riverón


Gordos, altos, flacos, bajitos, al menor síntoma de sismo espiritual corren atropelladamente, disputándose lugar, hacia los templos de la fe. Se arraciman a sus puertas, se amontonan frente a las estatuas y oran, elevan preces, reclaman pedidos urgentes y antes que nada, quieren a ultranza salvar su alma. Pero muchos no alcanzarán la meta. Porque la condición primaria para salvar el alma es tenerla, y falsarios, mentirosos, ruines, traidores, ladrones y semiladrones, hipócritas, alcahuetas, y otros, ¿tendrán realmente alma que salvar?...

martes, 9 de noviembre de 2010

Enojo libresco - Saturnino Rodríguez Riverón


Un libro rebelde y contestatario que al abrirlo cualquier lector desaprensivo en una página determinada —digamos la 53— todas las letras le saltan a la cara y comienzan a entrarle por la nariz, los oídos, mientras otras le aprietan el cuello fuertemente y le gritan enojadas: “¿Por qué, por qué vienes a pasear tus ojos intrusos precisamente aquí en nuestro mundo?” y aprietan, aprietan hasta asfixiarlo. Después ellas mismas se encargan de cerrar el libro y borrar las huellas del crimen.

martes, 26 de octubre de 2010

La mordida de David - Saturnino Rodríguez Riverón


La hormiga escritora muerde la mano del escritor, que entre otras cosas, ha escrito textos semejantes a esa misma mordida. ¿ Por qué?, pregunta el escritor. Porque tú no eres una hormiga para escribir como mi mordida, grita la hormiga. Y tú no eres tan escritora para morder como escribo yo, alega David. Y antes de aplastarla con el pulgar, recomienda al autor limpiar el texto: Hay demasiadas hormigas y escritores.

lunes, 4 de octubre de 2010

Método infalible para determinar... - Saturnino Rodríguez Riverón


Para evaluar prosa, poesía, literatura en general, colocar el libro en cuestión al borde de la taza del baño. Si permanece inmóvil, es posible aún pensar en su salvación. Pero si por imantación, simpatía o afinidad, cae hacia dentro, donde sobrenadan las excrecencias, entonces es mejor desecharlo, el libro es una mierda.

Imagen: Oriental Pages - Page 47, de malikanas en deviantArt

domingo, 12 de septiembre de 2010

Del "Diario" de Kafka — Saturnino Rodríguez Riverón


Entre dos estaciones no hay que dudar en emprender la marcha hacia el objetivo. En estos casos el azar muestra sus colmillos lúdicos. Alejarse con premura de la marcación media es lo recomendable. Porque si bien nos acercamos al peligro, el peligro mayor puede haber quedado atrás. Reconforta saber que el camino paliará cualquier fatiga. La distancia opone y permite. El hombre camina. Entre dos estaciones es conveniente alejarse de la marcación media.

viernes, 13 de agosto de 2010

Contradicciones - Saturnino Rodríguez Riverón


En ese entonces había mujeres mucho más hermosas que tú, pero tú eras la mujer más hermosa para mí. Había hombres más atléticos y apuestos que yo y, efectivamente, yo no era para ti el más apuesto y atlético de los hombres. Pasado el tiempo, te parezco el más atlético y apuesto de los hombres, pero tú ya no eres la mujer más hermosa para mí

jueves, 5 de agosto de 2010

Fragmento del desencanto - Saturnino Rodríguez Riverón



¡Ah, Dios, Dios! ¿Qué hiciste? Tomar un poco de tierra y agua y amasar con esa pasta el pasado de la raza humana. Y después, lo imperdonable, soplarle la vida para castigo de la amalgama alfarera que salió de entre tus dedos. Pero ahora comienzo a dudar de la calidad del material seleccionado. ¿Barro? ¿No sería más bien alguna boñiga abandonada en el campo? ¿O en la ceguera optimista de la creación, echaste mano a tus propios excrementos para terminar la obra en seis días como lo habías previsto? ¿Seremos polvo y a él retornaremos, o un simple amasijo de heces de incalificable fetidez que contamina al universo sin apenas darse cuenta?

jueves, 24 de junio de 2010

Moderno Aeda — Saturnino Rodríguez Riverón



Aquí tienen a Homero, alborozado junto a sus nuevas adquisiciones: un buró de caoba con silla giratoria, un armario de palosanto, rutilantes plumas de fuentes, cuartillas inmaculadas, textos de referencia y una luyida “Historia de la Grecia Antigua”. Sólo espera la visita del oculista, sus ojos ya le traicionan, para comenzar a escribir “La Odisea”.

Imagen: Helen of Troy de Dante Gabriel Rossetti en http://www.liverpoolmuseums.org.uk/

lunes, 17 de mayo de 2010

Frase con erratas - Saturnino Rodríguez Riverón


Amáos los unos a las otras, o si se quiere, las unas a los otros, escribió enfático y para siempre el dedo de Dios. Pero bastó un vertiginoso cambio de género en una de las copias, o el error indeleble de un hebraísta para consumar el fraude. Así quedó para siempre como escrita por el dedo de Dios: Amáos los unos a los otros. Después vendrían Sodoma y Gomorra, los travestis...

viernes, 23 de abril de 2010

El pozo, el árbol, el hijo y un libro - Saturnino Rodríguez Riverón


Como todavía no tengo el agua —no he cavado el pozo aún—, tampoco el árbol ha sido plantado. Y si no tengo el árbol para que el niño suba a sus ramas y desde allí conquiste el mundo, pues el hijo no ha nacido. Sólo me queda el relato de estas carencias como primer página del libro que escribiré. A partir de mañana comienzo a cumplir el adagio.

sábado, 3 de abril de 2010

Cobro puntual - Saturnino Rodríguez Riverón



El último hombre sobre la tierra se relamía de gusto al comprobar su irrefutable soledad, pues eran bien conocidas sus manías de solitario, aunque no quedara nadie para dar testimonio.
—Solo. Al fin solo. Sin vecinos fisgones ni amigos inoportunos. Sin mujeres bullangueras e histéricas, ni muchachos revoltosos e indóciles. Sin horarios que castran la esperanza, ni costumbres domesticadoras, ni frenos, ni tabúes, ni luces u oscuridad. Ni metáforas, alquimistas, abogados o jueces. Ahora soy el amo y el verdugo; tengo la cuerda pero también el árbol que dará frutos. Todo el planeta me pertenece por derecho propio.
Mío, absolutamente mío en toda su vastedad.
En eso tocó a la puerta el Recaudador de Impuestos.

lunes, 8 de marzo de 2010

Transposición - Saturnino Rodríguez Riverón


Era un cocodrilo enciclopedista que leía poemas románticos y postulados ochocentistas en resmas añejadas de melancolía, distancia, locura y muerte. El día que su amada lo abandonó, hastiada de papeles amarillentos y apolillados, de suspiros y ayes de reclamo, cuentan los que lo vieron que lloraba con lágrimas de hombre, el cocodrilo.

jueves, 4 de marzo de 2010

Colores nobles - Saturnino Rodríguez Riverón


El Príncipe Azul se pone en camino, pero no le permitirán el paso libre.
Blanco sobre blanco, flecha a sus enemigos, taja y abate cualquier impedimento.
Sortea con éxito los peligros y llega a la corte donde reside la Princesa Rosada.
El Rey y la reina estallan de contentos y asienten para que se efectúe la unión.
Mucha pompa. Corre vino, la cerveza. Los asados, la música. La alegría invade al reino.
Años más tarde, la corte en pleno se encuentra disgustada. El Rey y la Reina ahora desaprueban y dan el consentimiento a la disolución inmediata del matrimonio del Príncipe Azul y la Princesa Rosada. Todos los vástagos, o sea, sus propios nietos, han nacido bicolores.

sábado, 30 de enero de 2010

Conferencia - Saturnino Rodríguez Riverón


El cuento estructura su cuerpo a partir de tres movimientos básicos:
El comienzo (o arranque); el final (o cierre); y la parte central o meollo (algunos teóricos la comparan con el pollo del arroz con pollo). El elemento fundamental del cuento es el comienzo, el intermedio y el final. Un cuento es un cuento, y sin cuento no hay cuento.

domingo, 24 de enero de 2010

La metamorfosis - Saturnino Rodríguez Riverón


El bravucón de siempre en una taberna de Praga:
—Ven acá, chico, ¿tú eres hombre o cucaracha?
Y la respuesta, inusual en un tugurio como ese:
—Ambas cosas, incluso. Yo soy Gregorio Samsa.

Imagen: Out of the Darkness de Chris Carter

Insurgencia del minicuento - Saturnino Rodríguez Riverón


Este cuento terminó ayer. Si lo estás leyendo ahora, será que se rebeló y quiere perdurar en el tiempo. De pequeño se le notaba lo levantisco. Sin duda le dará por crecer. Quizá a la vuelta de unos años se haga un hombrecito.

Imagen: Integrated System de Chris Carter

jueves, 31 de diciembre de 2009

Trofeo del extrañamiento - Saturnino Rodríguez Riverón

El tigre se abalanza, ensaya una pirueta trágica y cae abatido certeramente por tus flechas. De su piel a rayas saldrán un par de sandalias para calzar tus pasos menudos, y un vestido moderno para el cuerpo de fabulosa Diana Cazadora. Con sus dientes también confeccionarás un collar, como un seguro amuleto que distancie las malas intenciones, a los hombres que se abalanzan, ensayando una pirueta trágica, como tigres asesinos.