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domingo, 17 de agosto de 2008

Adonai - Isidoro Blaisten


ADONAI
Isidoro Blaisten

Adonai iba por el mundo vendiendo las tablas de la ley.
Las llevaba sobre el hombro y pregonaba:
—A dié la tabla de la ley, a dié.
Nunca nadie le compró nada.
Pero cuando murió, un carpintero que también era hebreo escribió su nombre como escriben los hebreos, de derecha a izquierda. Nunca nadie alcanzó a entender qué quería decir esa palabra escrita sobre la losa con el lápiz de carpintero: IANODA.
Pero eso sí: nadie se animó a borrarla. Ni siquiera la lluvia.

viernes, 11 de julio de 2008

Un millón de sandías - Isidoro Blaisten


UN MILLÓN DE SANDÍAS
Isidoro Blaisten

Resulta que dos negros estaban dormidos en las laderas del Mississippi. Uno de los dos se desperezó, bostezó, suspiró y dijo:
—Cómo me gustaría tener un millón de sandías.
El otro negro preguntó:
—Rostus, si tuvieras un millón de sandías, ¿me darías la mitad?
—¡No!
—¿No? ¿No me darías un cuarto?
—No, no te daría un cuarto.
—Rostus, si tuvieras un millón de sandías, ¿no me darías diez sandías?
—No.
—¿No me darías siquiera una sandía? ¡A mi que soy tu amigo?
—Mira, Sam, si tuviera un millón de sandías, no te daría una sola raja siquiera, una sola tajada de sandía.
—Pero, ¿por qué, Rostus?
—Porque eres demasiado perezoso para soñar por ti mismo.

martes, 24 de junio de 2008

El principio es mejor - Isidoro Blaisten


EL PRINCIPIO ES MEJOR
Isidoro Blaisten

En el principio fue el sustantivo. No había verbos. Nadie decía: "Voy a la casa". Decía simplemente: "Casa" y la casa venía a él. Nadie decía: "Te amo". Decía simplemente: "Amor" y uno simplemente amaba. En el principio fue mejor.

Los hermanos corsos - Isidoro Blaisten


LOS HERMANOS CORSOS
Isidoro Blaisten

El uno comía higos y el otro tenía diarrea. El uno firmaba el manifiesto y al otro lo llevaban en cana. El otro daba la conferencia y el uno se acostaba con las espectadoras. El otro le encajó treinta y cuatro puñaladas al uno. El otro murió cuando era conducido por el uno camino al hospital.

lunes, 23 de junio de 2008

El equilibrista - Isidoro Blaisten


EL EQUILIBRISTA
Isidoro Blaisten

Lo que nunca alcanzó a oír el equilibrista, antes de ponerse a caminar sobre la cuerda floja, fue que en el poste de la otra punta un peón del circo le dijo al payaso: —Pa’ mí que esta soga ya no da más.