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martes, 18 de junio de 2013

La nevada – Cristian Mitelman



Cuando se despertó (apenas habían pasado las seis) vio que nevaba sobre Buenos Aires.
A diferencia de lo que había imaginado años atrás, la gente no moría una vez que los copos se acercaban indefectiblemente a la piel. El diariero se frotó las manos y miró la tonalidad blanquecina del empedrado; un anciano tocó la alfombra helada con su bastón y dejó una marca.
Sin embargo, la nevada era mortal. Él lo sabía mejor que nadie.
Oesterheld salió a la pequeña calle de Vicente López. No se abrigó demasiado: la misma campera de todos los días, el pantalón de pana. En una semana empezaría abril. Pensó en sus hijas. Tosió.
Las casas todavía estaban a oscuras.

Acerca del autor:
Cristian Mitelman

miércoles, 17 de abril de 2013

Subte A(verno) - Cristian Mitelman



"Lamentamos anunciar que el servicio está interrumpido. Accidente en las vías", dice una, dos, tres, siete, incontables veces la misma isócrona voz.
Algunos suben por las escaleras mecánicas; otros se arremolinan como si quisieran soplar para remover el cuerpo que está en una estación indefinida.
Quitan el cuerpo. Entonces me doy cuenta de que hay cientos de hombres y mujeres en los túneles. Dentro de un momento se va a restablecer el servicio. Ya no será (al menos por hoy) el crujir de huesos bajo las ruedas; ya no será (al menos por hoy) la carne mutilada.
Los vagones pasan a través de nosotros… O nosotros pasamos a través de los vagones. Es igual. Buscamos una salida hacia alguna forma de luz, pero ya es irremediable.


Acerca del autor:  Cristian Mitelman

martes, 28 de agosto de 2012

Paradoja de la creación – Cristian Mitelman




Un novelista sufre un accidente y pierde la memoria. Al regresar a su casa, le muestran todas sus obras, de las que sólo tiene la vaga sensación de que forman un bloque con un  sentido único.
Comienza a leerlas y le parecen caóticas. Cada trama le parece deshilvanada; los personajes entran y salen de un modo misterioso; lo que ocurre en una de las obras pareciera cobrar algún sentido cinco o seis novelas después y aun así es probable que eso no suceda.
El novelista se lee a sí mismo y no sabe que esa vasta creación que abarca miles de páginas estuvo creada desde el comienzo para que su creador se perdiera en ella y le buscara el sentido.

Acerca del autor:
Cristian Mitelman

viernes, 9 de marzo de 2012

Pesadilla de un apicultor - Cristian Mitelman


Sé de un hombre que trabajó toda su vida con abejas. A lo largo de los años recibió cientos de picaduras. El médico le dijo que la toxina de una abeja no puede provocar daños, pero que la sumatoria de tantos aguijones hace que uno de ellos resulte fatal, puesto que existe un límite que el cuerpo tolera para recibir el veneno.
Todas las mañanas mi amigo sale a trabajar con una angustia que tal vez lo derrote mucho antes. En cada abeja (pequeña chispa dorada del universo) ve a su posible asesina.

sábado, 12 de noviembre de 2011

De cómo terminaron con el delito en Hípsila – Cristian Mitelman


Abrumados por los crímenes que castigaban la ciudad, los Sabios pensaron una estrategia. Decidieron que “no cometer” acciones como saquear, destruir el patrimonio público, golpear al vecino y demás sería considerado un grave delito. Las personas se lanzaron a todos los vejámenes pensados con la mejor excusa posible: la pena por negarse era más que severa.
Tiempo después, los Sabios decidieron morigerar los castigos y los ciudadanos, viendo el abismal descenso de la sanción (apenas una pequeña multa que podía pagarse en infinitas cuotas de centavos), acabaron por dejar las viejas tropelías. Si a tales actos los jueces les daban tan poca importancia, ¿qué podían valer realmente?
Cansada del robo y la indolencia, la gente acabó por dejar los viejos hábitos y acabó sintiéndose feliz de violar levemente la ley respetando a personas y patrimonios.

domingo, 23 de octubre de 2011

Pequeña metamorfosis - Cristian Mitelman


Saquean los templos. Debo ocultar la imagen de la diosa en el bosque. Me reciben las arboledas nocturnas y por fin entierro la imagen. El viento me trae las ásperas sílabas del idioma enemigo. Tras cubrir la tierra con desesperación, solicito auxilio a la diosa. La neblina cubre el bosque y una honda quietud me aferra. Cuando vuelve la luz de la luna, me he transformado en uno de los árboles. Comprendo que esta historia ha ocurrido y seguirá ocurriendo: no hay árbol que no sea un antiguo sacerdote de la divinidad.

Sobre el autor: Cristian Mitelman

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Parábola del indeciso - Cristian Mitelman


Llego a un sitio donde se bifurca el camino. No logro tomar una decisión. Nace la noche mientras espero una señal, pero las aves que cruzan de Este a Oeste son idénticas a las que cruzan en sentido contrario y el número de estrellas es parejo en uno y otro cuadrante del cielo.
Comienza el aullido de los lobos y sigo observando los astros. Un dolor punzante, desgarrador, me acomete.

Sobre el autor: Cristian Mitelman

viernes, 26 de agosto de 2011

Intento - Cristian Mitelman


Un hombre es picado por una serpiente. Sabiendo que le quedan pocos minutos de vida, decide ir al pueblo para cobrarse una vieja deuda. Al entrar en el almacén de Navarro pide una ginebra y talla en la mesa el nombre del asesino de un antiguo vecino del pueblo. La gente comenzará a leer y la justicia deberá propagarse de boca en boca. Sabe que el fin está cerca. Se adormece, pero alcanza a escuchar un diálogo que Navarro mantiene con un desconocido: -Por fin me trae las nuevas mesas; a las viejas las voy a hacer astillas. La leña se paga bien. Antes de hundirse en la última capa de sueño, comprende por qué la justicia es inútil en esas tierras.

Sobre el autor: Cristian Mitelman

domingo, 14 de agosto de 2011

El castigo - Cristian Mitelman


Del otro lado de la línea telefónica alguien invoca mi nombre. Creo reconocer esa voz, pero es imposible que sea él. Sé dónde está su cuerpo. Sé cuál es el zanjón que lo oculta en el camino de tierra.
Tal vez alguien me esté jugando una broma en verdad macabra. O tal vez ahora, en la habitación hundida en penumbras, empiece a entender que no estoy en la cama de siempre ni en la habitación de tanto años. Cuelgo. Hay un leve golpe en la pared. El golpe se multiplica infinito, isócrono. Puede que este sonido dure meses o años. En algún momento el teléfono vuelve a sonar. Extiendo la mano. No hay nada. También mi mano se desdibuja. Estoy cayendo en una zanja infinita. Tengo tierra en los ojos.

Sobre el autor: Cristian Mitelman

Imagen: Fish and Moonlight, de essani666

miércoles, 23 de febrero de 2011

Fantasía oscura 2 - Cristian Mitelman



Cena de camaradería de la promoción 92 organizada por el señor Anselmo Leto. A la hora y media, los huéspedes empiezan a sentir molestias en las piernas. No mucho después, agonizan.
Comprenden que Leto es un demente. Alguien alcanza a preguntarle por qué lo hizo.
–Por miedo –explica–. Siempre pensé que uno de nosotros iba a ser el primero en morir: la idea me resultaba atroz. Asesinar a uno hubiera sido lo más lógico, pero dado que todos me parecían igualmente odiosos, ¿por qué castigar más a éste o aquél? Por lo menos ahora sé que mi destino no era morir primero.

lunes, 24 de enero de 2011

Fantasía oscura 1 – Cristian Mitelman



Angustiado por un amor esquivo, un hombre decide suicidarse saltando desde el puente que cruza el río Yuán. Tiene la mala suerte de caer sobre la barca de un humilde pescador que navegaba a altas horas de la noche, cuando reina el silencio y hay mejor pique. Mata al pescador que era aquél con quien la mujer había decidido quedarse.
Los jueces encuentran culpable al fallido suicida y lo condenan a la horca. Esta vez el hombre logra su cometido y pasa al trasmundo sin inconvenientes de importancia.

martes, 25 de agosto de 2009

Palabras Cruzadas I - Cristian Mitelman


En un colectivo veo a alguien absurdamente concentrado en las palabras cruzadas. Pienso que es una futilidad perder el tiempo en semejante nadería. Sin embargo, alcanzo a distinguir que el otro ha escrito mi nombre en uno de los tramos verticales. Y además, veo que hay precisiones de mi propia historia en las otras líneas. Comprendo que en los espacios vacíos empezará a llenar todas las dudas que desde hace años me angustian; comprendo que las claves del futuro estarán escritas en esa cuadrícula. Pero antes de empezar, el hombre se baja del colectivo y me deja absolutamente vacío.

domingo, 23 de agosto de 2009

Palabras Cruzadas II - Cristian Mitelman


Un inglés observa a un irlandés que, en el banco de una plaza, juega a las palabras cruzadas. ¨Por eso esta gente no progresa¨, se dice, ¨malgastan la vida en esfuerzos absurdos¨.
En la grilla se ha formado la siguiente combinación: imponente, rollizo, Buck, Mulligan, aparece, alto, escalera, bacía, desbordante, espuma…¨.
El hombre abandona la plaza y entra en una taberna de la esquina. Aquellas palabras le han traído una especie de revelación.
El inglés, que lo sigue observando, piensa: ¨Y además, ebrio¨.

Arte:

Susana Boettner

domingo, 31 de mayo de 2009

Cuestión de conciencia - Cristian Mitelman


El hombre se baja del auto para auxiliar a la persona que acaba de atropellar. No hay nadie en la calle; la noche pareciera girar en derredor de esos dos cuerpos: el caído a un costado y el que mira con desesperación. Se dice a sí mismo que lo mejor será colocarlo en el asiento de atrás del coche, pero para eso debe levantarlo con suavidad infinita. Reconoce entonces a un viejo compañero de escuela al que una vez odió por haberle quitado su primera proyección amorosa. ¿Será posible? Es él. No puede ser otro. Los años pasaron, pero lo esencial de aquel rostro se mantiene.
Entonces piensa. ¿Fue en verdad un accidente? ¿Acaso, en medio de la noche, no pudo haber reconocido a su antiguo contendiente y atropellarlo por su viejo rencor?
Hay un hombre caído y otro que mira. Segundos después, el auto arranca.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Crimen con flecha - Cristian Mitelman


Le habían dicho que moriría a causa de una flecha de hierro a la luz del día. Aquellas palabras le parecieron risibles. ¿Dardos en el siglo XX? ¿Crímenes en lugares públicos?
Días después, en la estación solitaria, recibe el empujón de un enemigo. Antes de ser arrollado por la locomotora, comprende el valor de la metáfora.

jueves, 7 de mayo de 2009

Proyecto erróneo- Cristian Mitelman


Conozco a un hombre que se suicidó para causarle remordimientos a una mujer de modo que ésta, tarde o temprano, lo siguiera por los caminos de la eternidad.
Entiendo que el método no funcionó. Un par de meses después la mujer se casó con un próspero comerciante y tuvo dos hijos. Con el tiempo se divorció y volvió a casarse. Ahora dirige un colegio privado de la zona sur.
Un día, al pasar, le hablé del muerto. Lo recordaba —es cierto— tal como se recuerda un expediente, una boleta impaga o las gotas que de noche hay que poner en el oído del perro.

martes, 5 de mayo de 2009

Cuarto cerrado - Cristian Mitelman


Cuarto cerrado - Cristian Mitelman

Con el cuchillo en la espalda, el hombre es hallado muerto en una habitación con la puerta cerrada por dentro y los ventanales clausurados.
Los detectives conjeturan posibilidades, pero todas se derrumban. No comprenden (no pueden comprender) que el hombre fue acuchillado antes de entrar en la habitación y que éste, por un último prurito de dignidad, cerró como pudo aquella puerta para embellecer su muerte con el aura del misterio.

miércoles, 29 de abril de 2009

Crimen de palabra - Cristian Mitelman



(Variaciones sobre una música de Marco Denevi.) 

Un hombre escribe un libro y le dice a su rival que allí encontrará la forma en que será asesinado. El lector se lanza desbocado a la lectura de la novela y al llegar a la última página no encuentra la clave. Relee el texto, coteja combinaciones de palabras, se hace cabalista de la obra y muere de agotamiento psíquico.
El arma (el libro) sigue callado en el escritorio del muerto. Finalmente, alguien lo coloca en un anaquel y no sabe que así entierra la evidencia.

lunes, 27 de abril de 2009

La Gracia – Cristian Mitelman



–Deben permanecer en gracia, porque nadie sabe cuándo le llegará el último momento –nos aconsejaba el padre Soler. Somos buena gente. Esperemos que la maceta que le destrozó el cráneo aquella mañana de invierno estuviera sin pecado.

miércoles, 15 de abril de 2009

Inutilidad de los puentes - Cristian Mitelman


Por fin construyeron el puente que uniría a los dos poblados.Una mañana apareció el cadáver de un hombre en la mitad de la calzada de piedra. Nadie lo conocía, pero los del poblado A endilgaron el crimen a los del poblado B y –como es lógico- los del poblado B hicieron lo mismo para con sus vecinos.Una semana después ya nadie cruzaba el puente.Las mujeres decían a los niños:-Ni se te ocurra acercarte; mira que los del otro lado son la mala gente.