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lunes, 8 de marzo de 2010

Sentirse bien con uno mismo, no elimina los males, pero ayuda - Carmen Rosa Signes Urrea


Consultó a todos sus conocidos. Se desplazó hasta encontrar un buen médico especialista, pero nada. Aquel rumor constante, aquella comidilla de voces estridentes y silbantes, no cesaba.
Acudió entonces a un centro de belleza en donde, al menos, pudiera sentirse bien consigo misma. Se sentó en el asiento que le ofrecieron y se dejó hacer.
Todo hubiera ido mejor de no ser por el perseverante cuchicheo que llegaba a sus oídos. Creía que el revuelo y la algarabía despertada eran injustificados.
Cuando por fin salió de allí, tuvo que realizar muchos esfuerzos para calmar las protestas que había provocado aquella vanidosa acción.
Qué difícil es para una Medusa conseguir de las serpientes, que coronan su cabeza, un sentimiento de solidaridad ante la necesidad de sentirse más atractiva.

Imagen: Wild Horses

viernes, 7 de agosto de 2009

El paciente - Carmen Rosa Signes


Salió de la casa con el convencimiento de haber hecho lo que había podido. Pensaba que le iban a recriminar su actuación, pero no fue así.
Descendió por la colina satisfecho de su trabajo. En el camino alguien le llamó a gritos. Giró su mirada y se quedó atónito. Frente a él se hallaba la persona a la que había atendido. Con una sonrisa y muy buen aspecto le dio las gracias.
La noticia de su muerte llegó al mismo tiempo que él al pueblo.

sábado, 28 de febrero de 2009

La señal - Carmen Rosa Signes Urrea


LA SEÑAL
Carmen Rosa Signes Urrea

Rebuscó ansioso entre las cenizas y nada. Cerró la portezuela de la vetusta estufa y regresó con un nuevo cargamento de leña.
La habitación parecía resistirse al efecto calorífico de aquel artilugio, tal vez por que en las ventanas el vidrio inexistente —sustituido por pequeños trozos de hojas de prensa— favorecía la salida del calor.
Con acelerados pasos, en un constante ir y venir, se le veía desde la calle. Nadie se atrevía a decirle nada, todos conocían su alterada mente.
Rebuscando entre las cenizas las señales que, según decía, le hablaban, transcurrían sus días.
Se precipitaron hacia la vivienda. Tarde le bajaron de la cuerda amarrada al cuello que colgaba desde el techo.
Junto a la estufa de leña aún humeante, inusualmente revuelta, el trozo carbonizado de un leño que asemejaba un ataúd.

sábado, 14 de febrero de 2009

Muirne - Carmen Rosa Signes Urrea


MUIRNE
Carmen Rosa Signes Urrea

Le pusieron Muirne (nombre que en gaélico significa amada) sin imaginar que aquello podría marcar su vida.
Muy pocas veces se tiene en cuenta que el nombre que se nos da al nacer tiene relevancia en nuestro destino.
Al alcanzar la pubertad, ya se había convertido en la más deseada. No había hombre, joven o viejo, que no anhelara su compañía.
Por miedo a no poder complacer a todo aquel que a bien se le acercaba, terminó sus días en la calle haciendo felices a todos.