Mostrando entradas con la etiqueta Silvia D'Imperio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Silvia D'Imperio. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de junio de 2011

Deseos - Silvia D'Imperio


Hay personas que les cuelgan sus ideas a otra gente. Para ellos esas ideas son trajes. Trajes con que visten a otros para convencerse de algunas cosas: “Aquella es la hermana que nunca tuve”, “¡Finalmente, no hay dudas de que Carlos es mi príncipe azul!”, “Raúl es un padre para mí”.
Esos trajes a primera vista caen perfectos. Pero, con el tiempo, empiezan a ajustar en las sisas, a chingar en las mangas. A veces parecen reducirse, como si no pudiesen contener al envase tan cuidadosamente escogido. Y no hay forma de que los destinatarios vuelvan a calzarlos.
Entonces, los dueños de las ideas se enojan, se frustran y siguen insistiendo: recortan mangas, suben dobladillos y toman pincitas por aquí y por allá.
Y así pasan la vida.
Sin ir más lejos, ayer lo vi a Roberto: caminaba por la plaza totalmente desnudo. Y ni siquiera se daba cuenta.

sábado, 12 de marzo de 2011

Compulsión - Silvia D'Imperio


Empezaba de un modo silencioso, apenas un cosquilleo en el cuello, menos que un soplo. O un mechón de pelo que se salía de lugar.
Lo percibía, y estaba perdida. Su caminar se hacía desparejo, el corazón se aceleraba un poco. Se detenía a mirar por el rabillo del ojo, a espiar, como si alguien la estuviera siguiendo. O mejor dicho, para asegurarse que nadie conocido la observaba.
Entraba a una tienda, así, vigilando. Sacaba de las perchas una o dos cosas, siempre que nadie se acercara a atenderla: tenía que ser a solas. A escondidas.
Casi nunca probaba nada.
Pagaba y salía apuradísima.
Volvía corriendo a su casa a guardar todo para que nadie lo viera…
Y así gastó montañas de pesos, para tapar un agujero vergonzoso que, de todos modos, seguía torturándola con su presencia.

jueves, 3 de marzo de 2011

Intromisión - Silvia D'Imperio


Cuando yo era una niña adoraba sentarme entre las mujeres grandes a escuchar sus conversaciones. No recuerdo nada de lo que hablaban.
Me gustaba la energía circulante entre ellas, la intimidad.
Me gustaba ser una mujer más.
Pero mi mamá siempre decía:
—¡Ya está ésta otra vez en el medio!
Y ahora es ella la que, cuando llegan mis amigas, se sienta entre todas y nos escucha hablar. Y habla también. Mucho habla. Tanto que ahora la que se enoja soy yo.

viernes, 28 de enero de 2011

En serio - Silvia D'Imperio



Yo conocí a alguien que no tomaba nada en serio. Se reía todo el tiempo. Lo único que le importaba era tener a quién decirle que no le importaba nada de nada. Entonces, un día ya no encontró a nadie a quien decirle que no le importaba. Y nadie y nada empezaron a ser su compañía todo el tiempo. Entonces dejo de reír. Y por sorpresa le asomó una lágrima.
Esa sensación lo dejó tan confundido que tuvo que buscar a alguien para que le explicara.
Esa fue la primera vez que algo le importó y no le dio risa.