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domingo, 28 de diciembre de 2008

Gritan las visitas - Guillermo Marín


GRITAN LAS VISITAS
Guillermo Marín

Te decía que ya no duermo, que los que me visitan de un tiempo a esta parte han aumentado los reclamos; gritan todos juntos. Lo cierto es que, mientras te tragás un helado de limón, me pedís el número de la obra social. “18092666-03, Plan Platino”, te digo; “y no lo pierdas, llamá en cuanto puedas, los turnos están complicados; pero insistí, insistí porque hace mucho que Manuel, Laura, Santiago, Bárbara, Julia, Daniel, Ezequiel, Mariano, Lucía, Andrés, Adriana, Mabel, Miriam, Susana, Gabriela, Cristina, Clara, Joaquín, Elsa, Hilda, Ernesto, Noemí, Roberto, Eduardo, Sheila, Natalia, Pablo, Ariel, y Walter, me piden vacaciones y en mi cabeza no venden pasajes hacia ninguna parte”.

Ilustración: Salvador Dalí

lunes, 22 de diciembre de 2008

Ruta - Guillermo Marín



Hace mucho que en el noticiero de la tele no hablan de ovnis. Extraño las noticias que informaban acerca de los avistajes que se producían en los años setenta. ¡Esos sí que eran verdaderos encuentros cercanos del tercer tipo! En verdad yo no nunca creí en platillos voladores, sin embargo, cuando era chico, me la pasaba inventando historias con máquinas espaciales para seducir a la chica que me gustaba, o simplemente para contárselas a mis amigos del barrio. Pero ahora ya no hay espacio para la fábula de ciencia ficción con naves extraterrestres. ¡Ahí sí que uno se podía encontrar con marcianos de verdad!, y no con estas bestias lampiñas de pieles grises que hoy me miran con esos ojos negros y vacíos y que me quieren comer ciertas glándulas cuando interceptan mi camión en la ruta.

martes, 16 de diciembre de 2008

Efecto Mozart - Guillermo Marín


EFECTO MOZART
Guillermo Marin

La expresión "Efecto Mozart" se refiere a los presuntos efectos a nivel cognitivo que produce escuchar las melodías de W. A. Mozart. En 1993, psicólogos y neurobiólogos europeos descubrieron que la exposición de 36 estudiantes durante 10 minutos a la Sonata para dos pianos en Re mayor, tenía efectos positivos en las pruebas de razonamiento espacio temporal. El efecto duraba unos 10 minutos; el tiempo justo que necesito para servirme un brandy y volverme loco.

Foto: Vista de Valencia

lunes, 8 de diciembre de 2008

Geriátrico - Guillermo Marín


GERIÁTRICO
Guillermo Marín

Los fines de semana voy a un geriátrico. A los viejos les gusta que les lea los cuentos de Salgari. Siempre me esperan con la paciencia de un dromedario. Muchas veces siento que me aman; otras, que me odian. Yo no les guardo rencor; todos esos sentimientos no están en mí. Ellos dicen que soy como la muerte, la muerte que se les sienta al borde de la cama y los interroga; siempre las mismas preguntas. “¿Cuál es tu nombre? ¿Ha llegado una barcaza que espera por ti?”.

Foto: Vista de Valencia (J.V.Ortuño)

martes, 2 de diciembre de 2008

Amo mi auto - Guillermo Marín


AMO MI AUTO
Guillermo Marín

Amo mi auto. Por nada en el mundo cambiaría mi Ford Taunus modelo 83. Escucho el escape libre y me transformo; sufro la transformación. Acabás de cortar con tu mamá. Le decías que un hombre de 41 años sabe lo que hace y que te sentís a gusto y protegida, y que por fin tu papá está tranquilo; ya no hay más estúpidos de pelo largo en tu vida. Llegó el momento de sentar cabeza y que un hombre maduro te hará feliz.

Pero tus padres no saben que te voy a chupar toda la sangre y que nos vamos a arrojar al vacío mientras acelero a fondo mi Ford Taunus modelo 83.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

El perro que aprendió a hablar - Guillermo Marín


EL PERRO QUE APRENDIÓ A HABLAR
Guillermo Marín

CIUDAD DEL CABO, 17 de noviembre, Reuter. Un profesor de idiomas le enseñó a su perro a hablar porque leyó en un cuento de Benedetti que un hombre había aprendido a ladrar. “Viceversa fue mucho más fácil”, confesó el catedrático. “Además, la pronunciación del castellano no le trajo al animal picazón alguna en la garganta como le dio al principio el francés y el alemán. Las lenguas guturales traen molestos comezones en el aparato fonatorio, por lo cual, y dicho sea de paso, ya no hay nada que nos diferencie de las bestias”, concluyó el profesor.

sábado, 22 de noviembre de 2008

El rito - Guillermo Marín


EL RITO
Guillermo Marín

La llama comenzó a devorar el cuerpo desde los pies ensangrentados. Luego subió lentamente por las rodillas hasta llegar al huesudo vientre. Allí se frenó por un instante para tomar fuerzas. De ahí en más, todo lo que le quedaba al fuego eran algunos pocos centímetros para terminar de quemar. El hombre escuchó el sonido de sirenas lejanas y sumido en un arrebato de constricción, oyó el canto de un pájaro que se quejaba por el batifondo que lentamente comenzaba a subir la tensión de la media noche. Después de todo, el año siguiente, una nueva estampita con el rostro de un Cristo doliente con los pies ensangrentados, será fuego y ceniza para otro ritual de Navidad.

domingo, 16 de noviembre de 2008

La caída - Guillermo Marín


LA CAÍDA
Guillermo Marín

Era hermosa. Llamaba la atención siempre; como una pintura de Bruegel. Estábamos en el centro de la ciudad; huíamos de no sé qué mala película y paramos en la Richmond a beber algo. Yo te dije que había escrito un libro, biografía histórica, o algo así. Ahí comprendí que la soledad de un escritor es tan eterna como tu belleza. Hablamos de algo que no recuerdo y salimos a tomar un taxi. Bajamos en Retiro. Subimos a un tren. Después estoy en blanco absoluto. Ahora siento el acero de las vías, el olor a aceite rancio. De no ser por la caída, la billetera que se va en las manos de un chico con la cara emboscada, estaríamos amándonos en un hotel. En tu bolso llevas mi libro, obra menor de un autor menor. ¿Adónde vas con tanto apuro?