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jueves, 14 de agosto de 2008

Cartas desde Umbrías 7 - Erika Mergruen



CARTAS DESDE UMBRÍAS 7
Erika Mergruen

Hoy, temprano, abrí la puerta de la casa; escuché un toquido suave, apenas perceptible. Y allá fui, a abrir la puerta, todo desmañanado porque la noche anterior no pude pegar el ojo. Un tren pasaba una y otra vez por la avenida. Eso ocurre a veces en Umbrías. Y a veces en esta avenida. Y digo: abrí la puerta y en el segundo escalón de la entrada una maraña de gusanos se retorcía. Eran gusanos coloridos, viscosos.
No he salido ni he abierto la puerta de la casa. No sé si los gusanos siguen ahí. No sé si perdieron el tren o cayeron de éste. No sé. Voy a dormir.

martes, 12 de agosto de 2008

Cartas desde Umbrías 6 - Erika Mergruen


CARTAS DESDE UMBRÍAS 6
Erika Mergruen

Cuentan que en la fonda de la seño Casilda se salan los platillos con las uñas de una estatua perdida: no se sabe si fueron sustraídas de las rejas de una alcantarilla, o amputadas en un acto de violencia (la maldita estatua no quiso confesar el por qué huía). Pero esto a nadie importa cuando de llenar el buche se trata: a quién importa quién gime, quién llora, quién ladra cuando nuestras tripas repletas nos mecen y susurran una canción de cuna entre estertor y estertor... En eso Umbrías se parece tanto —triste tanto— al mundo exterior.

lunes, 11 de agosto de 2008

Cartas desde Umbrías 5 - Erika Mergruen


CARTAS DESDE UMBRÍAS 5
Erika Mergruen

La veo pasar, todos los días, a las cinco menos siete. Arrastra los pies, con la mirada clavada en el suelo. Lleva puesto un vestido descolorido que alguna vez pudo ser lila. Lleva prisa. Arrastra los pies. Y aprieta sus manos contra sus mejillas. Y hunde sus uñas en las mejillas prisioneras. La veo pasar, todos los días. A las cinco menos siete rasga su carne para tocarse los pómulos.

sábado, 9 de agosto de 2008

Cartas desde Umbrías 4 - Erika Mergruen

CARTAS DESDE UMBRÍAS 4
Erika Mergruen

A dos cuadras del centro está la estación de autobuses. La gente hace fila frente a la taquilla. Nadie paga con billetes. Tampoco con morralla. Para conseguir un boleto se ha de depositar un globo ocular. No importa si es el derecho o el izquierdo. Los viajeros arrojan su tributo sobre una charola de acero inoxidable. Porque todo aquél que quiera huir de Umbrías debe olvidar la mitad de lo que ha visto. Porque todo aquél que desea atiborrarse de nuevos horizontes ha de morir un poco. La muerte en este pueblo puede tener el tamaño de una pupila.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Cartas desde Umbrías 3 - Erika Mergruen


CARTAS DESDE UMBRÍAS 3
Erika Mergruen

Aquí hay noches que pertenecen a los perros. Son parecidas a las de otros lugares: los perros ladran, aúllan, convocan y salen a las calles. Sólo que en Umbrías se buscan uno a uno, se lamen, se liberan y forman una gran jauría. En las noches de perros nadie sale de casa; y los que afuera se encuentran buscan, despavoridos, refugio. Los perros no se detienen. Gobiernan. Y todo aquello que palpite en su camino es descuartizado. Nadie sabe cuándo sucederá. Aquí los plenilunios no son emisarios. De la nada llega la noche de perros y todos descolgamos de las paredes los crucifijos.

martes, 5 de agosto de 2008

Cartas desde Umbrías 2 - Erika Mergruen


CARTAS DESDE UMBRÍAS 2
Erika Mergruen

Todo lugar infecto tiene su loco, pero aquí los locos son Legión. Suben hasta la iglesia de la Dolorosa, por la calle empedrada donde el otro día dejaron un perro muerto. No soy imbécil, si hablo de locos y del perro muerto es porque la historia es de ellos ¿sobre ellos? ¿para ellos?
Repito. Suben hasta la iglesia, los locos. Pero alguien dejó un perro muerto. El sol de Umbrías hace lo suyo. El perro hiede. El perro se pudre. El perro es iglesia de las larvas. Los locos van a la iglesia. Rezan a las larvas. Comunión. Comen larvas.
Todo lugar infecto tiene su loco, pero aquí Legión mastica gusanos en la calle empedrada. Arriba, La Dolorosa, los observa con antojo, con rencor.

lunes, 4 de agosto de 2008

Cartas desde Umbrías - Erika Mergruen


CARTAS DESDE UMBRÍAS
Erika Mergruen

Al norte, sobre un montículo de ostras, se eleva el congal de Umbrías. Sus paredes son gruesas, como trozos de murallas antiguas. Al caer la noche tras sus ventanas guiñan luces verdes. Las paredes se cimbran con la música.
Y se cimbran las conciencias de los persignados de Umbrías. Bajo la noche sin estrellas, padresnuestros y cumbias fornican. Ondulan al norte los senos de las putas; al sur, las sotanas de los cuervos.
A medianoche, del montículo escurren pulpos, percebes y sardinas. En el congal todo es nota metálica y sudor. Y si alguien abre las puertas del tugurio, una gran marejada se vuelca a las calles para destapar a los sepultos y sepultar a los que rechinan los dientes en las cuentas del rosario.