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miércoles, 21 de mayo de 2014

Sin pena ni gloria - Juan Carlos Vecchi


A Lemania…

Rompió el espejo un viernes a la noche, medianochando el desgraciado pronóstico popular.
Otro sábado sin novedades por los cuatro cardinales de la vida; salvo ese Epifanio Poliya que aparece en la sección "Necrológicas Humanas", del diario local.
En la siesta del domingo lo velaron sin pena ni gloria; claro que estuvo Gloria Pérez, el último de sus amores, quien dejó en la sala cuatro o cinco lágrimas secas y un ramo de flores insatisfechas; también marcó tarjeta mortuoria Josecito Pena, empleado de la sala velatoria.
El lunes, durante el entierro, se arrimaron unos pocos: los cuatro o cinco que el martes lo pasaron por las catapultas del olvido.
¡A la miercoles! ¿No eran siete los desgraciados años cuando uno rompe un espejo?

Sobre el autor: Juan Carlos Vecchi

miércoles, 4 de abril de 2012

Genio y figura hasta la sepultura - Juan Carlos Vecchi


Se sufría el sol del mediodía y el verano tenía olor a pollo olvidado en el horno.
La sombra, obesa y beoda, se desprendió del hombre y caminó tambaleante, siempre hacia adelante, indiferente al asombro de los atónitos transeúntes; a medida que se alejaba del ancho y transpirado cuerpo, perdía oscuridad…
—¡Dale, che! ¡Apurate que tengo mucha sed! —gritó el hombre, pero la sombra mantuvo su paso lento, lento y zigzagueante— ¡Y decile al Betsabé que la anote, eh! Mañanita tengo una changa y pago todo…
El hombre persiguió con la mirada a su sombra hasta que ésta atravesó la familiar puerta de la cantina; fue entonces cuando ancló su pesado cuerpo al oportuno banco de la plaza.
Desparramado quedó el hombre, experimentado catador de la piedad humana; esperando el regreso de su sombra con la bendita e irremediable copa de vino.