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jueves, 22 de enero de 2009

Simular - Eduardo Abel Gimenez


SIMULAR
Eduardo Abel Gimenez

Las gotas de lluvia caen de forma roja. El piso es blando, huele a noche. Muchos bichos vuelan en torno a la lámpara encendida: cada segundo hay eclipse de luz. Comemos lo que queda y dejamos de simular que esto es un festejo.

Tomado del blog Ximenez

viernes, 16 de enero de 2009

Noche - Eduardo Abel Gimenez


NOCHE
Eduardo Abel Gimenez

Métrica esponjosa.
Mármol de Carrara.
Tos. Ginebra.
El sol es calculador.
No se acuerda de la estepa, no sabe dónde vive. Camina dando vueltas a la manzana y espera llegar a alguna parte. Eso cuando sale. A la mañana siguiente ya se olvida de las grandes decisiones, del potencial, de la palabra potencial, de las decisiones pequeñas. Sólo es la mañana, como antes fue la noche, y ninguna lleva a otro lado que el regreso a la misma calle, a la misma vereda, a la única ventana del edificio tras la cual hay una luz prendida.

Tomado del blog Mágica Web

sábado, 10 de enero de 2009

Espera - Eduardo Abel Gimenez


ESPERA
Eduardo Abel Gimenez

Acomoda la silla frente a la mesa, la mesa frente a la ventana, la ventana frente a la calle. Se sienta. Vuelve a levantarse y abre las cortinas. Adelanta la hora para ver atardecer. Se sienta otra vez. Apoya las manos en la mesa. Estira las piernas. Mira por la ventana. Deja pasar el tiempo hasta que se hace de noche. En la otra habitación, el cadáver sigue esperando.
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domingo, 4 de enero de 2009

La espera - Eduardo Abel Gimenez


LA ESPERA
Eduardo Abel Gimenez

La espera no es una sola. Las esperas se superponen, se cruzan, se entremezclan.
Lo sé porque soy experto. Mi rol es siempre el de esperar. Puedo esperar once cosas simultáneamente, y al parecer sin esfuerzo.
Pero todo tiene precio, y la espera también. El tiempo gastado en esperar vale por dos, y llega un momento en que ese tiempo se suma, y entonces soy más viejo.

sábado, 27 de diciembre de 2008

De noche - Eduardo Abel Gimenez


Pone las llaves a hervir. Piensa en comprar más candados. Toma el café de la palma de la mano. Encuentra que la ley de gravedad vale menos que el vuelto del kiosco. Se suena la nariz con la sombra de un pie. Admira esa cara que aparece en el televisor. No sabe cómo apagarse. Es de noche: si no sería otra historia.

Tomado de http://ximenez2.blogspot.com/
Ilustración: Salvador Dalí

miércoles, 15 de octubre de 2008

Propiedad - Eduardo Abel Gimenez


PROPIEDAD
Eduardo Abel Gimenez

No lo agites. No dejes que se caiga. No lo mires tanto. No lo aprietes, no lo acaricies, no lo sueltes nunca. No le hables, no le grites, no lo mojes, no lo seques, no lo alises, no lo arrugues. No lo apures, no lo esperes, no lo tientes, no lo ignores. Ahora que está en tus manos, le pertenecés.

jueves, 25 de septiembre de 2008

El último ser humano - Eduardo Abel Gimenez


El fin del mundo llegó a la madrugada de un lunes. Ahora soy el último ser humano sobre la Tierra, y encuentro todos los negocios cerrados.
Mi segundo año como último ser humano sobre la Tierra, y ya casi todos los envases han pasado su fecha de vencimiento.
Soy el último ser humano sobre la Tierra, y sigo recibiendo spam.
Soy el último ser humano sobre la Tierra. Sí, a vos te lo digo.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Los muñecos de peluche - Eduardo Abel Gimenez


LOS MUÑECOS DE PELUCHE
Eduardo Abel Gimenez

Los muñecos de peluche están amontonados en la caja, en cualquier posición, a oscuras, torcidos, codo con ojo, pata con cabeza, apretados, no vistos por nadie, no tocados, sin haber despertado el deseo de un solo abrazo. Aún no lo saben, pero tienen por delante un largo proceso de antropomorfización.

Ilustración: Grant Wood

martes, 23 de septiembre de 2008

El agitador - Eduardo Abel Gimenez


EL AGITADOR
Eduardo Abel Gimenez

El agitador vive solo. No tiene perro. No tiene amigos. Se acuesta a las once de la noche y se levanta temprano. Mientras camina hacia el subte piensa en cosas que no le cuenta a nadie.
El agitador entra al trabajo unos minutos tarde, saluda con cortesía, se sienta. María S. no le devuelve la mirada. Alguien habla de un programa de televisión.
El agitador come un sandwich de milanesa, carne envuelta en dos capas de pan, con lechuga y tomate. Está flaco de tanto agitar, de tanto agitarse.
El agitador pasa horas enteras sin acordarse de contarlas, y después cae en la cuenta de que falta menos, falta mucho menos y todavía no se puso al día.
El agitador tiene que informar este sábado, y no sabe qué decir. Tampoco tiene ganas.

Ilustración: Grant Wood

lunes, 15 de septiembre de 2008

Parar un momento - Eduardo Abel Gimenez


PARAR UN MOMENTO
Eduardo Abel Gimenez

Parar un momento, avanzar, parar, detenerse por completo, tomar aliento, perderlo, darse tiempo para un poco de depresión, represión, introspección, desolación, prepararse para situaciones no deseadas, desearse en situaciones no preparadas, darse vuelta de arriba abajo, de adentro afuera, tener más sueño que sueños, proponerse una vez más cambiar y seguir así como siempre.

domingo, 14 de septiembre de 2008

En la calle las caras se superponen - Eduardo Abel Gimenez


EN LA CALLE LAS CARAS SE SUPERPONEN
Eduardo Abel Gimenez

En la calle las caras se superponen, se ocultan mutuamente, aparecen y desaparecen, la primera tapa a la segunda y luego descubre una tercera para que la segunda la cubra y aparezca una cuarta, y así sucesivamente, como cartas del mazo que uno esta mezclando antes de repartir, o como varillas de un abanico roto.

Ilustración: M.C.Escher (Periodo Italiano 1922-1935)

sábado, 13 de septiembre de 2008

Yo - Eduardo Abel Gimenez


YO
Eduardo Abel Gimenez

—Hola. Soy yo.
—Sí. Yo también soy yo.
—Pero yo soy más yo que vos.
—Eso es posible.
—Yo soy de verdad yo, mientras que vos no.
—Ah. No sabía. Entonces…
—Entonces vos tendrías que decir “yo hago como que soy yo”.
—Yo hago como que soy yo.
—Eso es. Aunque un poco todos hacemos como. Claro que yo no.
—Vos no. Vos sí que sos yo.
—Exacto.
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viernes, 12 de septiembre de 2008

Tienen sueño los brazos de Arlos - Eduardo Abel Gimenez


TIENEN SUEÑO LOS BRAZOS DE ARLOS
Eduardo Abel Gimenez

Tienen sueño los brazos de Arlos mientras rema lentamente río abajo. Detrás, Armen tiene la mirada fija en la nuca de Arlos, dedicada a odiar cada uno de esos cabellos. De pie en la costa, Icardo primero los ve acercarse, luego pasar, luego alejarse. Es la hora del atardecer. Esta noche, piensa Icardo, habrá problemas.
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jueves, 11 de septiembre de 2008

Faltan seiscientos kilómetros - Eduardo Abel Gimenez


FALTAN SEISCIENTOS KILÓMETROS
Eduardo Abel Gimenez

Faltan seiscientos kilómetros por este camino angosto, gris y sin curvas, con un cielo blanco y tan bajo que nos obliga a inclinar la cabeza. A ambos lados, junto al pavimento, hay alambres de púa y torres de vigilancia. Aceleramos, aceleramos, aceleramos, y todo lo que ocurre es que las gotas de lluvia nos lastiman más la cara. Entonces vemos, allá adelante, un camión enorme que viene en sentido contrario. Es ancho, ocupa todo el camino. Empezamos a frenar, hasta quedarnos quietos. Pero el camión, cada vez más grande, como un globo que al inflarse se convierte en hierro, no frena. Justo a nuestra derecha hay una entrada pequeña, un corte en el alambre de púa, a mitad de camino entre dos torres. La atravesamos, para entregarnos.
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martes, 9 de septiembre de 2008

El Cawaring - Eduardo Abel Gimenez


EL CAWARING
Eduardo Abel Gimenez

El Cawaring sigue anclado a cien metros de las rocas que protegen la costa, pero más que un barco parece la suma de esqueletos de un par de monstruos marinos. Un mástil se apoya contra otro. El bauprés se inclina hacia el agua. Hay un florecimiento de tablones partidos, retazos de vela, cuerdas dispersas. Otros esqueletos, más pequeños, se esconden adentro. El casco gira lentamente al impulso de las olas.
A la sombra de un árbol, frente al mar, Alía toca la flauta: una melodía fúnebre, en homenaje a los restos del Cawaring. Un viento persistente, con olor a sal, se lleva los cabellos y las notas de Alía hacia los campos labrados. Es el comienzo de una estación más fresca, que ya dibuja nubes grises en el horizonte.
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El pedazo de uña - Eduardo Abel Gimenez


EL PEDAZO DE UÑA
Eduardo Abel Gimenez

El pedazo de uña cortado ayer todavía está a la vista sobre la baldosa del baño. No quiere actuar de cucaracha, ir a esconderse a la primera luz o la primera sombra, ni tampoco hacer de basura que se mimetiza con el fondo, ocultarse en las grietas, desaparecer. Quiere ser uña cortada, y como tal espera en la baldosa que le tocó, paciente, intensa en su quietud, aprovechando lo único que todavía da sentido a lo que le resta de existencia.

Ilustración: M.C.Escher (Periodo Italiano 1922 - 1935)

domingo, 7 de septiembre de 2008

Cae una roca - Eduardo Abel Gimenez


CAE UNA ROCA
Eduardo Abel Gimenez

Cae una roca sobre un vidrio que está en el suelo. Lo hace pedazos. El ruido me asusta, sobre todo porque estoy acostado, dormido y soñando. Por debajo de la roca asoman vidrios azulados, que terminan en punta. Siento una presión en el pecho.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Jugaba con las manos a la espalda - Eduardo Abel Gimenez


JUGABA CON LAS MANOS A LA ESPALDA
Eduardo Abel Gimenez

Jugaba con las manos a la espalda, de manera que al poco rato todos pensamos que ocultaba algo. Nadie se atrevió a preguntar. Quienes dimos la vuelta con disimulo no encontramos nada. El misterio continuó durante horas, y después días. Farly me dijo, en voz baja, que el mundo llegaría a convertirlo en leyenda, si no fuera que todo lo que hacemos queda encerrado entre estas cuatro paredes.

Ilustración: Francis Bacon

viernes, 5 de septiembre de 2008

Música de Bach - Eduardo Abel Gimenez


MÚSICA DE BACH
Eduardo Abel Gimenez

El barco se desliza sobre la ola gigante como si estuviera sonando música de Bach. Hay un trenzarse de espuma y velas, un entrecruce de agua y madera, a la manera de las voces en contrapunto de una partita.
Pero al capitán no le gusta Bach. Está furioso mientras aferra el timón como si todavía tuviera control de lo que ocurre, cuando sólo le sirve para mantenerse en pie. La gorra apenas deja verle las cejas gruesas y negras, y la nariz apenas deja verle los labios delgados y blancos.
El capitán está solo. El barco también. Incluso el mar está solo, a su manera descomunal y autista.
Algo trascendente va a ocurrir.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Ida y vuelta - Eduardo Abel Gimenez


IDA Y VUELTA
Eduardo Abel Gimenez

Están los que llevan y están los que traen. Los que llevan se esconden de los que traen y los que traen se esconden de los que llevan. Los que traen creen que están ganando. Los que llevan también. Así están las cosas desde hace miles de años.