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domingo, 11 de septiembre de 2011

Laberinto vivo - Juan Pablo Noroña


Ansioso de afecto, entro al laberinto vegetal en persecución de una mujer sagrada y única. Una vez dentro, hallo con asombro que se ha multiplicado: me saluda desde un recodo, atisbo su luciente cabellera por sobre una muralla verde, escucho su voz a mis espaldas. A cada paso, a cada vuelta, son más, y mayor mi confusión. Cuando finalmente atrapo a una, sólo esa veo, sólo esa existe.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Espejo del cuarto de hora - Juan Pablo Noroña


Era casi niño cuando compré a un viajero el espejo que refleja tu condición futura en vez de la presente. Aunque sólo adelanta quince minutos, bastó para calmar mis aprensiones sobre el porvenir. Pude prever traiciones y calamidades, pero también sufrí dolores y tristezas con antelación. Me envicié con la seguridad que daba, y viví sin apartarme de él, sin apenas pegar ojo, temiendo morir en el minuto dieciséis del sueño. Ahora, ya viejo, observo mi imagen muerta, y pienso que los próximos quince minutos serán los únicos libres en toda mi vida adulta.

Ilustración: "Espejo", de Ignacio Urrutia

miércoles, 22 de octubre de 2008

Comunión - Juan Pablo Noroña



Cierto fiel de una religión cuyo dios se adoraba bajo la efigie de un gato soñó una noche que era un ratón. Alcanzó la iluminación a través de ese sueño, en el cual fue perseguido, atormentado y finalmente devorado vivo por la divinidad.


viernes, 4 de julio de 2008

La Fundación - Juan Pablo Noroña


LA FUNDACIÓN
Juan Pablo Noroña

—¿Los propietarios de los derechos de las obras de Kafka fueron mantenidos en secreto hasta hoy?
—Tengo documentos de prueba. ¡No tragué polvo en centenares de notarías por nada! Incluso vi el testamento secreto.
—¿Pero qué hace esa fundación con el dinero?
—Ecologismo, creo. Combatir el uso del DDT, malatión y cualquier insecticida exitoso.

Ilustración de Angelika J. Trojnarski

lunes, 16 de junio de 2008

El placer de la batalla - Juan Pablo Noroña


EL PLACER DE LA BATALLA
Juan Pablo Noroña

Los niños se machacan entre sí con espadas, mazas, hachas, toda la panoplia. Hay sesos por el suelo, muñones, tripas al aire, sangre a borbotones. En el frenesí de la batalla olvidan bandos y se vuelve un “todos contra todos”. Sin embargo no hay vencedor, pues la madre del anfitrión llega con la merienda y todos corren o se arrastran hacia ella. La madre levanta la bandeja de pasteles y advierte que nadie comerá hasta que no hayan recogido todos sus pedazos y regenerado todas sus heridas.