martes, 18 de junio de 2013

La nevada – Cristian Mitelman



Cuando se despertó (apenas habían pasado las seis) vio que nevaba sobre Buenos Aires.
A diferencia de lo que había imaginado años atrás, la gente no moría una vez que los copos se acercaban indefectiblemente a la piel. El diariero se frotó las manos y miró la tonalidad blanquecina del empedrado; un anciano tocó la alfombra helada con su bastón y dejó una marca.
Sin embargo, la nevada era mortal. Él lo sabía mejor que nadie.
Oesterheld salió a la pequeña calle de Vicente López. No se abrigó demasiado: la misma campera de todos los días, el pantalón de pana. En una semana empezaría abril. Pensó en sus hijas. Tosió.
Las casas todavía estaban a oscuras.

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Cristian Mitelman