jueves, 6 de junio de 2013

La constante del mar — Cristian Cano


El pescador caminó hasta la baranda de babor. Ya no era muy temprano y ese día pensaba pasársela comiendo. Se apoyó en la balaustrada y recordó con preocupación: le habían dicho que un pirata acostumbraba a rondar muy temprano, casi en madrugada. Metió la galleta en su delicioso café con chocolate y, frenético, recordó el hidropónico sabor de las comidas de su madre: <<Cuídate, hijo. Mirá que te quiero sano y salvo para que vengas a comer los domingos>>. Mañana iría a visitarla. Esperaba mitigar el desasosiego. Buscó a su hijo que levantaba las redes con mucho esfuerzo y le preguntó si estaba todo en orden. El chico se lo aseguró con un pulgar hacia arriba. El viejo hombre de mar le había ganado al miedo otra vez.

Sobre el autor: Cristian Cano