sábado, 11 de junio de 2011

Cuestión de principios - Oriana Pickmann & Javier López



El anuncio llegó a todos los rincones de la ciudad: habían puesto en venta la felicidad.
Todos, ansiosos por poseerla, corrían por las calles, tarjetas de crédito en mano, listos para adquirirla. Muchos habían hipotecado sus bienes, vendido sus coches, sus televisores, sus teléfonos móviles, o habían dejado incluso de comer durante días para poder adquirirla.
Cuando llegaron al lugar del anuncio, quisieron saber el precio. Ese detalle no estaba en la publicidad. Y la respuesta era simple: lo que cada cuál hubiera sido capaz de reunir.
Tras las entregas que hicieron los compradores, se anunció que el dinero se enviaría a los que nunca tuvieron casa donde dormir, coche para transportarse, televisores para mirar, teléfonos móviles para comunicarse... ni siquiera comida para llevarse a la boca.
Solo unos pocos supieron interpretarlo y se fueron de allí siendo felices. Los demás, se sintieron estafados.

Imagen de Clarita