jueves, 18 de septiembre de 2008

Incidente aduanal - Jorge Márquez Flores


INCIDENTE ADUANAL
Jorge Márquez Flores

El recién llegado abrió sus maletas para inspección aduanal. Era un sujeto alto que cargaba, enroscada al cuello y cubriendo sus hombros, una generosa estola —de su mujer, supongo; debía andar por allí—, pero al acercarme por su espalda, intentando identificar las pieles —¿Mink?—, vi algo moverse. Colgaban colas, como de lobo; reconocí entre el denso pelaje una pata... o más bien, una mano simiesca; al tocarla, se ocultó, apareciendo un tentáculo, el cuál me propinó minúsculos latigazos. El todo peludo trepó, reacomodándose en los hombros del pasajero, ocupado en explicar el contenido de sus maletas. Jalé un mechón de pelambre y el extraño animal se conmocionó; asomó brevemente algo lleno de ojos y colmillos, y emitió chillidos horribles, haciéndome saltar y gritar. El hombre se volteó y exclamó: —¡Deje usted en paz a mi esposa!

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