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miércoles, 16 de julio de 2008

H. P. - David Jorajuria


H. P.
David Jorajuria

No me mires así. Tus filamentos carbónicos, tus neuronas de sílice y los 6300 programas que componen tu aparato perceptosensorial, no están capacitados para la concepción del sueño.
Tus tejidos cibernéticos, tus labios de carnosidades plásticas, húmedas, no fueron hechos para estremecerse con una caricia; y tu corazón de engranes inoxidables no es capaz de anhelar.
¿Entiendes?
Eres casi humano, pero no existen programas para amar. Desenvuélvete dentro del margen de tus limitaciones, y por favor, no llores más.

martes, 15 de julio de 2008

Leyenda - David Jorajuria


LEYENDA
David Jorajuria

Los últimos dragones recortan sus siluetas en la Luna y un príncipe de castillo distante cabalga sobre la niebla de la mano de Morgana. Quizá si supiera que ella está cautiva, tan cerca, pudiera rescatarla.
Ella llora desde los acantilados y la lluvia se detiene en los surcos que las lágrimas hicieron en su rostro. No tiene cómo llamarlo y la luminosidad de que la dotó Merlín hace que él la confunda con las estrellas.
Pero sabe que vendrá, algún día, cuando esté próximo a cumplirse el tiempo y hayan de ser ciertas todas las profecías. Entonces la encontrará, y al oír su nombre el valiente caballero se irá decepcionado de saber que Excálibur no era el nombre de una espada.

lunes, 14 de julio de 2008

Una noche de insomnio - David Jorajuria


UNA NOCHE DE INSOMNIO
David Jorajuria

Fue poco después de ir a la cama que oí el ruido pertinaz e insistente de una gota de agua que caía en el lavabo, maldiciendo mi sueño con su estúpido tic, tic, toc, tic.
Me tapé los oídos con la almohada, pero aún sin oírlo, supe que detrás de las plumas del relleno las gotas inmisericordes se afanaban en estropear la noche; tic, toc, toc…
Prendí la radio pero mi subconsciente se empeñó en escuchar, más allá de la estridencia, el ininterrumpido palpitar del agua; tic, toc, tic...
Al amanecer supe que me sería imposible soportar por más tiempo esa tortura, así que somnoliento y fatigado me levanté a cerrar la llave.

Ilustración de Cristina Godoy