Recomiendo fervientemente la experiencia de hacerse un ecodoppler. No es sencilla porque la medicina actual no favorece el goce estético. Pero, ¡qué sensación subacuática e inolvidable acompaña el poderoso sonido de la sangre corriendo por las venas! Ballenas y delfines deben saber algo al respecto porque, desde hace un tiempo, atosigan con mensajes incomprensibles mi casilla de mail.
Mostrando entradas con la etiqueta Graciela Pérez Aguilar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Graciela Pérez Aguilar. Mostrar todas las entradas
lunes, 1 de marzo de 2010
sábado, 29 de agosto de 2009
Amaneceres y anocheceres - Graciela Pérez Aguilar

Amaneceres y anocheceres - Graciela Pérez Aguilar
En las salas de terapia intensiva siempre es de día. Pero es un día raro, de luz fría, sin crepúsculos rojizos ni amaneceres resplandecientes. Solamente amanece cuando alguien se despierta de un coma prolongado y anochece cuando ya no hay más remedio.
viernes, 21 de agosto de 2009
Enfermero de río - Graciela Pérez Aguilar

Tengo una sed desesperante. El enfermero rubio me ofrece un minúsculo pedacito de hielo para chupar. Cierro los ojos y veo que del techo de la terapia intensiva cae una catarata de agua dulce con sábalos, surubíes, patíes, bogas y mojarritas. Abro los ojos. El pedacito de hielo ha desaparecido y el enfermero rubio me sonríe. Apenas entreveo unas branquias sospechosas en su garganta, cuando se va.
sábado, 8 de agosto de 2009
La costurerita que dio aquel mal paso - Graciela Pérez Aguilar

La costurerita que dio aquel mal paso - Graciela Pérez Aguilar
Se despertó tendida sobre la grava del terraplén. Con esfuerzo, levantó la cabeza y vio que, de su pierna herida, manaba una corriente de sangre. Con enérgica determinación volvió a desmayarse y soñó que emergía del otro lado de su arteria femoral, muñida de hilo y aguja.
—¡Qué sutura tan fina! ¡Le salvó la vida! —exclamó más tarde el médico de la guardia.
—¡Qué sutura tan fina! ¡Le salvó la vida! —exclamó más tarde el médico de la guardia.
sábado, 1 de agosto de 2009
Noche de brujas- Graciela Pérez Aguilar

Los aquelarres suceden en sitios imprevisibles y, esa noche, la cita fue en una sala de terapia intensiva. Como casualmente yo estaba allí, internada en gravísimo estado, tuve la suerte y el privilegio de participar. Mis amigos se admiran cuando les cuento la experiencia del vuelo, pero no me creen.
miércoles, 27 de mayo de 2009
Remedios para melancólicos - Graciela Pérez Aguilar

Es sabido que los pacientes internados durante cierto tiempo experimentan un síndrome que, a veces, se llama hospitalismo y produce depresión y melancolía. Modestamente, imagino que se podría paliar llevándoles ramos de malvones o crisantemos, olor a pis del gato familiar, pasto mojado por la lluvia, ruidos del tránsito de la calle en que viven, olor a guiso de mondongo o a ternerita con arroz, conversaciones de los vecinos y el tacto de las sábanas de sus propias camas. Claro que no siempre es posible introducir subrepticiamente todo eso dentro del bolso que intentamos pasar por la guardia.
jueves, 21 de mayo de 2009
Vida cotidiana en emergencia - Graciela Pérez Aguilar

El padre del muchacho que está tendido junto a mi cama de terapia intensiva, le habla. Al principio, le habla de cuánto lo extraña y de todo lo que van a hacer juntos cuando se mejore. Después, le habla de lo triste que está su madre por su ausencia y por el accidente. Más tarde le habla de su propia desesperación por sentirse culpable de haberle prestado el auto. Y, en un punto yo, que estoy acostada en la cama de al lado, siento que el muchacho, que está en estado casi vegetativo, agradecería que su padre se quedara, por una vez, en silencio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
