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sábado, 9 de agosto de 2014

Juegos - María del Pilar Jorge


—Ese cura no es tu padre— dijo Amanda y se alejó corriendo. Reía. 
La perseguí. Cuando pasé junto al anciano sacerdote lo escuché murmurar. Nunca supe si estaba orando o si acababa de condenarme al infierno.
—Esa vieja de bigotes es tu abuela— le grité a Amanda, mientras señalaba a una señora entrada en años y en carnes. La mujer nos amenazó con su bastón.
Mientras huíamos, atravesamos toda la plazoleta, hasta que, al final, Amanda quedó acorralada entre el paredón de la última casa de la cuadra, un enorme árbol y yo. 
—No me toques —chilló—. Estás todo sucio.
Amanda jadeaba, yo también. Era primavera, teníamos doce años y su boca estaba muy cerca de la mía.

Acerca de la autora: María del Pilar Jorge

jueves, 3 de octubre de 2013

Palabras atrapadas en servilletas de papel robadas de un bar – María del Pilar Jorge

Para las palabras rebeldes, caprichosas, que aparecen y se escapan, como los duendes, los trasgos y los espíritus efímeros, son buenas las servilletas de papel. Esas servilletas que, en las mesas del bar, aguardan una boca ávida, que deje en ellas su marca. Pero nosotros sabemos que también están ahí para que podamos capturar palabras tiernas como croissants recién salidas del horno. Por eso, cuando las palabras esquivas llegan por fin, no podemos evitarlo; la pulsión es más fuerte: las atrapamos. Junto a ellas, llegan apresurados pensamientos y sueños fugaces. Pagamos nuestro café y nos alejamos felices, la servilleta guardada en un bolsillo o en la cartera: porque la consigna es seguir escribiendo, seguir viviendo un poco, un poquito más cada día en esas palabras, atrapadas en las servilletas de papel robadas de un bar.

Sobre la autora: María del Pilar Jorge


miércoles, 15 de mayo de 2013

Visita familiar - María del Pilar Jorge




No nos sorprendió su aparición, allí, en medio del bochinche y de las risas. La abuela se unió a la fiesta y, con el vino, tiñó de rojo sus labios secos. Cantó y bailó, sin parar, toda la noche. Conversó animadamente y reconoció en las pinturas que adornaban las paredes viejas escenas familiares. Pero en una de ellas sólo se apreciaba un sillón vacío bajo una glorieta.
Fue entonces que nos abrazó a todos y a cada uno; para luego suplicarnos con voz tenue que la dejáramos regresar. Finalmente, después de mucho cabildeo, decidimos volver a colgarla en la pared.


Acerca de la autora:  María del Pilar Jorge

lunes, 7 de enero de 2013

Instrucciones post apocalípticas para corroborar la supervivencia – María del Pilar Jorge


Tome un cuchillo bien filoso y hágase un leve corte en el brazo. Si mana sangre y experimenta dolor es porque aún está vivo. Desinféctese la herida y véndese bien. Si persisten sus dudas, usando un encendedor, vela o fósforo encendidos, acérquelos al otro brazo. Deberá notar un agudo ardor. En ese caso, aplíquese una pomada para quemaduras.
Si todo lo anterior no lo ha convencido de que usted no es un zombi, vaya al galpón o donde se le ocurra guardar las herramientas y busque un serrucho, apóyelo en el cuello y mueva la herramienta con firmeza hasta que logre separar la cabeza del resto del cuerpo. Después de eso, finalizarán todas sus incertidumbres y demás conflictos existenciales.

Acerca del autor:
María del Pilar Jorge

domingo, 6 de noviembre de 2011

Perfección fugaz – María del Pilar Jorge


La solipsita se sentía única, hermosa, perfecta, irrepetible: la responsabilidad de la existencia del universo, el girar de las esferas, el curso de los vientos, el flujo de las mareas, todo dependía de ella, o eso creía, al menos. El Guardián temió por la supervivencia de las especies y resolvió enfrentarla a la prueba suprema: los espejos. 
La solipsita se vio, a sí misma, repetida en cien imágenes. Los puños cerrados golpearon los espejos, una y otra vez, hasta romperlos. Cuando la sangre manchó los fragmentos de cientos de solipsitas, la criatura lloró por primera vez en su vida.

Sobre la autora: María del Pilar Jorge

lunes, 31 de octubre de 2011

Solución extrema – María del Pilar Jorge


En el recinto de la asamblea, la discusión era acalorada. La superpoblación mundial alcanzaría su pico máximo el 31 de octubre de 2011 y las fuentes alimenticias eran insuficientes para saciar el hambre de toda la población. Se habían propuesto cientos de sugerencias: guerras provocadas, suicidio masivo inducido por líderes de sectas espirituales, exaltación de la antropofagia, liberar a los presos de las cárceles.
Por fin, uno de los representantes sugirió: —Estimulemos la creación de redes sociales en Internet.
—Pedazo de estúpido, ya existen, ¿Qué clase de solución es esa?
—Sí, existen, pero en las vigentes, las opciones son “me gusta” y “comentar”. Yo propongo un nuevo sitio, que brinde al usuario una tecnología más avanzada, con opciones que oscilen desde el actual “bloqueo” hasta “te corto una mano”, “te serrucho el piso”, “eliminación total”. Todas vendrían acompañadas por herramientas virtuales, lo único real serían los muertos, por supuesto.

Sobre la autora:

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Apocalipsis now - María del Pilar Jorge


El clima era cálido y el ánimo de aquellos que saturaban con sus vehículos las calles, pésimo. En medio de la batahola de bocinazos y bárbaros insultos, un hombre de aspecto místico, que aferraba entre sus brazos a un icono de ébano, tropezó contra un auto: ese mínimo gesto fue estímulo suficiente para que el conductor abriera la portezuela esgrimiendo un látigo. Aunque el primer lonjazo alcanzó a lastimarlo en el cartílago auricular, el peatón continuó su carrera.
El conductor entró al vehículo y, con un gesto rápido, sopapeó al niño que lo acompañaba. A pesar del angustioso llanto de la criatura, el hombre comenzó a tocar la bocina de manera insistente.
En ese ambiente sórdido, donde todo parecía válido, la ciudad se transformó en un gigantesco set en el que se rodaba una película de temática apocalíptica cuando una pestífera lluvia cáustica se precipitó a torrentes. Recién entonces, los demás sonidos se apagaron.

Sobre la autora: María del Pilar Jorge

martes, 30 de agosto de 2011

Sensaciones – María del Pilar Jorge


Sólo siento el sonido del silencio. El salado sabor de los sollozos traza líneas sinuosas sobre mis labios secos. Surgen recuerdos salvajes que sobrepasan los siniestros rincones salamandrinos y se escapan con sigilo, serpenteando en el suelo de la sala. Simple y sencillamente, su sitio es sustituido por sinfonías de sueños rotos. Sobrepuesta, silabeo sentimientos, sensaciones y subrepticios sofismas.

Sobre el autor: María del Pilar Jorge

miércoles, 3 de agosto de 2011

La magia de los espejos - María del Pilar Jorge


En el cuento de la Cenicienta nada se dice de los espejos. Sin embargo uno de ellos jugó un papel muy importante en esa historia: borró la tristeza del rostro de la muchacha, la ayudó a disfrazar sus lágrimas y le permitió dibujar una sonrisa. Sin su asistencia, de nada le hubieran servido el vestido de fiesta y los zapatitos de cristal.

María del Pilar Jorge

sábado, 2 de abril de 2011

El otro – María del Pilar Jorge


El anciano entretenía sus ocios hablándole a su imagen reflejada en el espejo. Por fin, cansado de no obtener respuesta alguna, le dio la espalda a ese otro octogenario que parecía contemplarlo con enojo y se alejó. Recién cuando el eco de los pasos del viejo murió en el pasillo, el extraño que existía del otro lado del espejo comenzó a contestarle.

sábado, 5 de marzo de 2011

Filósofo - María del Pilar Jorge

Anonadado por el grotesco espectáculo, el policía se acercó al hombre desnudo, que paseaba por la vereda su obesa figura. Lo increpó duramente, degenerado fue lo más suave que le dijo.
El hombre simplemente le sonrió, mientras contestaba: 
—Al que nace barrigón, es al ñudo que lo fajen.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Lobo – María del Pilar Jorge


El lobo, disfrazado de abuela, llamó a Caperucita desde la cama. La niña avanzó con una sonrisa; en la canasta llevaba frutas y golosinas, pero en el fondo, oculto, guardaba un cuchillo.
La descarada bestia no lo sabía, como tampoco que la abuela ya hacía un mes que se había muerto.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Tiempos violentos – María del Pilar Jorge

—Doctor, estoy muy angustiado, siento que la gente me ignora o se burla de mí. El otro día traté de ayudar a una anciana a cruzar la calle, le juro que sólo quería ayudarla, y la vieja me corrió a bastonazos. Sólo puedo pensar en la muerte.
El psicólogo encendió un cigarrillo y dejó que su mirada se perdiera siguiendo la voluta de humo. Luego se enfocó en su paciente: el decrépito zombi lo miraba con sus grandes ojos azorados.
—A ver —murmuró, por fín, el terapeuta—, hábleme de su madre…

sábado, 18 de septiembre de 2010

El Guardián - María del Pilar Jorge



Era un suburbio tranquilo, habitado por vecinos pacíficos.En ese barrio nunca se sentían insultos ni improperios. Además, nadie tenía perros y los gatos eran criaturas mansas que se deslizaban quedamente por las noches.
David disfrutaba tanto de su trabajo de guardián, que la sola idea de alejarse de allí, el día que se retirara, lo aterrorizaba más que la de la propia muerte.
Por eso, metódicamente, durante veintinueve años, ahorró centavo tras centavo hasta que, por fin, se pudo comprar una pequeña parcela donde edificó su vivienda.
Luego de decorar el nuevo hogar, organizó una fiesta y se despidió de sus amigos.
Después de su suicidio, los cuidadores del cementerio juran que, en las noches calmas, se escucha el tintineo de las llaves de David, durante su rutinaria ronda nocturna

sábado, 13 de febrero de 2010

Viento de palabras - María del Pilar Jorge y Rafael Vázquez


Cuando el temporal sacude las ramas y agita las hojas de los árboles, busco refugio en mundos escondidos en los poemas. Mientras el agua golpea los vidrios de las ventanas, abro un libro, me visto con sus cálidas palabras y me abrigo de la tormenta. Después, sólo quiero correr y dejar que la lluvia moje mi rostro, mi pelo, mi ropa. Entonces, cierro el libro y dejo de leer tus versos.

viernes, 16 de octubre de 2009

Algo nuevo - Héctor F Ranea Sandoval & María del Pilar Jorge


Se asomó a la mañana con ganas de hacer algo nuevo. Le sonrió al espejo una y otra vez, hasta que el reflejo dejó de ser una mueca absurda, para convertirse en una sonrisa franca.
Entonces, se sentó ante su p.c. y junto con el viejo monitor se dedicó a hacer avioncitos de papel virtuales, que se escaparon por la ventana. Corrió a buscarlos y los encontró en el parque, escondidos entre las hojas de los eucaliptos.

jueves, 13 de agosto de 2009

Una de griegos y troyanos - María del Pilar Jorge


Mientras griegos y troyanos se trababan en singular combate, el caballo de madera, ya vacío, al descubrir a Helena asomada a una ventana, cobró vida. Sus miradas se cruzaron, Helena le sonrió a la bestia y saltó sobre su grupa.
Menelao todavía la está buscando y Paris llora sus penas.


Imagen de lar.vgo tomada de Flickr

domingo, 18 de enero de 2009

Martes Trece - María del Pilar Jorge


Emilio era muy cuidadoso. Había tomado todos los recaudos para evitar cualquiera de esas catástrofes que suelen producirse en un martes trece. Tal vez por eso, a pesar de todos los augurios nefastos, ése había sido un día tranquilo. Su jefe le ofreció un ascenso y Estela, la rubia de contaduría, le dedicó una tenue sonrisa. Al final de la jornada, después de dejar todo meticulosamente ordenado en su oficina, salió a la calle. Esquivó una escalera apoyada contra una pared (uno nunca sabe), y —con una sonrisa payasesca en su fofo rostro— encaminó su marcha rumbo a la paz hogareña. No era cuestión de andar dando vueltas por ahí, para que lo atrapara la desgracia.
Lo último que escuchó fue el repentino bocinazo del auto que dobló de contramano.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Hambruna - María del Pilar Jorge


No fue nuestra culpa. Estábamos famélicos. Por eso, comenzamos a devorar todo lo que encontrábamos a nuestro paso. Nuestros bocados favoritos eran los viejos, los niños y todo aquel que fuera poco ágil para buscar un rápido refugio. Ahítos, complacidos, recorríamos las calles como grandes señores, exhibiendo aquellos merecidos trofeos: brazos, piernas y alguno que otro miembro pequeño de olor excitante. Los humanos son ingeniosos, pronto recurrieron a las prótesis. Nos llevamos más de un chasco con las piernas ortopédicas. Afortunadamente, algunos lucían su flamante pata de palo. Es bueno afilar los dientes en la madera, mientras uno escucha los chillidos del portador de semejante preciosura. La única forma de callarlo era arrancarle la otra pierna, o, mejor aún, la cabeza. Como lo bueno dura poco, nos quedamos sin provisiones.
Pero… no me mires con esa cara, ¿no tendrás algo para darme de comer?

domingo, 2 de noviembre de 2008

Tortura - María del Pilar Jorge


Lo sintió hurgar en él, con tenacidad brutal. Un malestar difuso comenzó a transitar sus entrañas. Con los ojos vueltos hacia arriba, se retorció una y otra vez, en un vano intento de desasirse. Pero no logró ahuyentar a su enemigo. Aulló. Sintió frío, un frío que brotaba de la oquedad abierta en su pecho. Poco a poco, comenzó a perder las fuerzas. El cansancio amortiguó la sensación ominosa. Se desvaneció.
Sumergido en un sueño confuso, en el que siluetas y colores se deslizaban en una bruma incierta, sólo lograba despertar por breves momentos. Cuando lo hacía, el dolor punzante retornaba. Por fin, amaneció. La herida se había cerrado, pero las cadenas le impedían moverse. Transcurrieron inútiles horas, hasta que la noche regresó, y con ella, el águila. Prometeo se agitó una vez más.