Se asomó a la mañana con ganas de hacer algo nuevo. Le sonrió al espejo una y otra vez, hasta que el reflejo dejó de ser una mueca absurda, para convertirse en una sonrisa franca. Entonces, se sentó ante su p.c. y junto con el viejo monitor se dedicó a hacer avioncitos de papel virtuales, que se escaparon por la ventana. Corrió a buscarlos y los encontró en el parque, escondidos entre las hojas de los eucaliptos.
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