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sábado, 28 de junio de 2008

Extinción - Damián Cés


EXTINCIÓN
Damián Cés

—Tanta esperanza perdida, tanto dejar, para esto —musitaba Genomi, sentado en lo alto del acantilado con la mirada fija en el oscuro mar.
Los dos soles ya se escondían y varias bandadas surcaban los ocres del cielo, mezclando sus graznidos con el rítmico roce de las olas sobre las piedras.
—Esa será mi ultima canción, éste, mi ultimo paisaje —Genomi seguía hablando, aunque no tuviese interlocutor a la vista—. Cuando llegué al sistema solar, en busca del único planeta habitado por humanos, me dije: quedan pocas oportunidades, espero encontrarlos aún con vida. Pero al igual que aquí, hallé solo ruinas.
Genomi cerró los ojos. Acababa de decir sus últimas palabras, la humanidad, a nivel universal, también.

Codicia verde - Damián Cés


CODICIA VERDE
Damián Cés

—Parecen rumiantes
—¡Son rumiantes!
—¡Que lejos que están de nosotros!
—El señor en su magnificencia supo separar a su rebaño.
Los frailes tomaban el té a la sombra.
No lejos de allí, un grupo de aborígenes de aspecto macilento transportaban las piedras que extraían de la mina de oro. Mascaban sin cesar hojas de coca.
De pronto se oyeron gritos. Un soldado traía a la rastra a uno de los indios.
—¡Repite a los padres lo que dijiste sobre esa porquería que mastican!
—Que es nuestro oro verde —contestó el indio, tembloroso.
Los esclavos fueron muriendo y el dorado mineral dejó de ser extraído mientras en su lugar se acumulaba una gigantesca parva de hojas.

viernes, 27 de junio de 2008

La denuncia - Damián Cés


LA DENUNCIA
Damián Cés

Por su ubicación, la hoja en blanco fue testigo de los acontecimientos, pero fiel a su idiosincrasia, no lo iba a denunciar.
Pero la pluma, siempre solidaria e intachable, lo haría. No dejaría impune el crimen del plagiario. Así, tras un esfuerzo sobrehumano, largó la última gota que rubricó el nombre asesino, para luego, caer inerte sobre el papel.

La imagen lo es todo - Damián Cés


LA IMAGEN LO ES TODO
Damián Cés

—¡Pará! ¡No saltes! —gritó la mujer, desesperada.
—¿Por qué no? Estoy convencido de que el cuerpo es el espejo del alma, así que… no soy nada.
—Qué equivocado estás. Te conozco; sos una persona maravillosa.
—¿Sí?, decime entonces lo que ves en mí.
—Y… nada, por supuesto.
—Lo ves —dijo el hombre, y un alarido acompañó la caída.
—¡No, hombre invisible, no!

Traición - Damián Cés


TRAICIÓN
Damián cés

El filo atravesó el cuello sin sangrarlo. Las manos, inútilmente, quisieron sujetar el rostro, en un vano intento para que lo mirase.
—¿Por qué?, si yo te amaba —gritó, sin ser escuchado.
Bastó que ella riera, lujuriosa, y tocara a su amante, para que el etéreo esposo se esfumara.

miércoles, 18 de junio de 2008

El confiado - Damián Cés


EL CONFIADO
Damián Cés

El alcohol y el opio están terminando un trabajo que empezó hace años. No me siento bien en mis minutos finales, aunque no sé lo que es estar bien desde hace mucho tiempo. Y tengo merecido este sufrimiento. ¿A quién se le ocurre tomar de aliado a un sicario de Mefistófeles?
Siempre fui así: un estúpido confiado. Ni hablar si la traición provenía de un miembro del sexo débil ¡Débil! ¡Increíble! Sigo llamándolo así, a pesar de comprobar en carne propia lo falaz de este adjetivo.
Que sencillo fue vencerme. Insinuaciones y un desafió me llevaron a aspirar ese subyugante humo. Bien, aquí estoy; listo para presentar mis podridos pulmones como tarjeta de invitación al Averno.

lunes, 16 de junio de 2008

Tripanosoma mortal - Damián Cés


TRIPANOSOMA MORTAL
Damián Cés

Me sentía a gusto en ese abdomen de fríos líquidos, acunado y protegido.
Jamás le hice daño, ni siquiera se me cruzo por la cabeza hacerlo, pero aún así, como un desecho, me defecó.
Y ahora, en esta corriente que se parece al infierno, soy arrastrado a través de las arterias de mi nuevo huésped.
Quizá pague justo por pecador, pero no me volverá ocurrir, no me volverán a abandonar. Sí, sé que el resentimiento envenena, pero igual matare a este hombre.