Mostrando entradas con la etiqueta Diego Muñoz Valenzuela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diego Muñoz Valenzuela. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de diciembre de 2009

Circo pobre 1 - Diego Muñoz Valenzuela


El payaso secó su transpiración con la toalla húmeda. Con mínimos y calculados movimientos se desprendió del traje colorido. Borró el maquillaje de su rostro sumergiendo la cabeza en una cubeta de agua espumosa, restregándose con sus manos diestras. Se colocó el atavío de trapecista eximio, se peinó a la gomina y se calzó las zapatillas plateadas. Tomó de la mano a la irreconocible mujer barbuda y salió con ella corriendo al escenario. El delirante público los esperaba ansiosos y estalló en aplausos al ver a las estrellas del show. La mujer voladora le guiña un ojo y le susurra al oído “a ver si llegamos con energía al número de acrobacia”. “Eso si no te corto en dos para el número de magia”, le contesta el trapecista excelso haciendo brillar sus lentejuelas.


Tomado de: http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

sábado, 7 de noviembre de 2009

La cigarra y la hormiga - Diego Muñoz Valenzuela


La cigarra provenía de una familia aristocrática y la hormiga —como las de su especie— era sierva de la gleba. La cigarra se permitía toda clase de diversión y abusaba del alcohol, la comida y el sexo. En sus raros momentos libres, la hormiga —por lo demás talentosa— aprendió a tocar el laúd y a improvisar en décima espinela. Vistas aquellas dotes juglarescas, la cigarra se dio maña para que la hormiga amenizara sus veladas bohemias. Cobró fama y ciertas prebendas para cultivar su arte el esclavizado himenóptero. En total secreto escribió algunas esperanzadoras piezas narrativas inspiradas por su deseo de justicia; entre ellas figura la conocida fábula que usted habrá recordado. Por cierto, la presente historia carece de moraleja.

Tomado de: http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

domingo, 20 de septiembre de 2009

Circo pobre 2 - Diego Muñoz Valenzuela


El trapecista pasa corriendo bajo los rociadores, se seca vigorosamente y se calza la malla de hombre de fuerza. Tras los aplausos regresa sudoroso para ducharse, secarse y disfrazarse de payaso. Unos minutos después repite entre carcajadas el mismo trayecto para vestirse de mago. Atrona la masa cuando retorna para ponerse el uniforme de domador y regresa de inmediato para meterse dentro del traje de león, ruge terriblemente en la arena y vuelve para convertirse en malabarista, y sigue corriendo para….

Imagen: Florist de Marcial Farfán

viernes, 21 de agosto de 2009

Conserva fatídica - Diego Muñoz Valenzuela



Abrió con parsimonia la conserva de duraznos a pesar del apetito voraz que lo dominaba. Al doblar la lámina redonda de hojalata, vio un ojo que lo observaba fijamente, con una insolente expresión de curiosidad. El primer impulso fue arrojar lejos el tarro, pero muy a tiempo el ojo parpadeó con coquetería. Se contuvo y quedó mirándolo, hechizado. Era un ojo bello, glauco, límpido, dócil, dulce. Se enamoró de él. Imaginó que pertenecía a una admirable princesa víctima de alguna bruja. Arrancó uno de sus ojos e insertó el hallazgo en la cuenca vacía; dejó de sangrar por milagro. Vio el mundo de una manera distinta. Devoró los duraznos y tiró a la basura la lata. Abrió otra. Allí estaba el ojo, esperando.

Tomado de: http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

El chupacabras - Diego Muñoz Valenzuela

Me queda mirando con sus malignos ojos de bestia y sus mandíbulas recargadas de aguzados dientes. Sus garras pueden destripar a un hombre de un solo zarpazo. Tiene un metro de estatura y su contextura es delgada, nervuda, ágil. Poco puede hacerme a mí, sin embargo. Salto sobre él antes que pueda advertirlo y le secciono el cuello de una sola dentellada. Su sangre es espesa, cálida, sabrosa; me reconforta. Lo succiono hasta convertirlo en un pellejo fofo que arrojo a la caja de los monstruos desechables.


Tomado de: http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

lunes, 20 de julio de 2009

Demonios vagos 1 - Diego Muñoz Valenzuela


Era un demonio tan pequeño como horrible. Lo encontré vagabundeando entre mis libros, de modo que me sentí autorizado para atraparlo y meterlo en un frasco. Emitió un espantoso hedor a azufre: saltó, bramó, expelió fuego por su pequeña y perversa boca. Me divertí contemplándolo: en verdad era un demonio muy temible, sólo que demasiado pequeño. Enfureció hasta el paroxismo cuando le anuncié que iba a convertirlo en amuleto. Estrellaba su menudo cuerpo escarlata contra las paredes transparentes con empecinamiento notable. Terminó por quedar extenuado. Después de varias semanas, luce más tranquilo. Quizás resignado. Insiste mediante señas en que desatornille la tapa del frasco, pero no. Desconfío de él. Suelto, no hay demonio manso; eso decía mi abuela.

http://www.diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

martes, 23 de junio de 2009

El esperador de muchachas - Diego Muñoz Valenzuela



El esperador se instala en las esquinas tumultuosas del centro comercial de la ciudad. Los años cargan sus espaldas de achaques, arrugas, canas y falta de garbo. Sin embargo, aún se viste con toques juveniles: un pañuelo de colores arrollado al cuello, una chaqueta de cotelé, zapatos terminados en punta. Se ubica frente al paso de cebra a esperar las muchachas que corren cuando el semáforo está a punto de cambiar. Así por un instante imagina que corren a sus brazos, arrobadas de amor, totalmente rendidas. Sonríe, cierra los ojos, encantado, y las muchachas pasan a su lado, sin verlo.

Tomado de: http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

martes, 19 de mayo de 2009

Malentendidos - Diego Muñoz Valenzuela



a Eloísa Muñoz Fehrmann

Con su último aliento, el presidente de la corporación sin fines de lucro, desangrado y destrozado por aquella letal furia de garras y colmillos, la increpó con voz entera: “te dije que necesitábamos un filántropo, no un licántropo”.

Tomado de: http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

domingo, 17 de mayo de 2009

Obsolescencia del amor - Diego Muñoz Valenzuela


Ya nadie necesitaba amor, había pasado de moda. Sólo interesaban los suntuarios, las tarjetas de crédito, los automóviles la ropa de marca. Los enamoramientos eran asunto de otros tiempos, al igual que las amistades leales y las iniciativas altruistas. Con frecuencia uno encontraba en la calle –entre toda clase de residuos y envases vacíos– cuerpos de cupidos atravesados por sus propias flechas. Era penoso ver aquellos inertes cuerpecillos rechonchos y rosados abandonados por doquiera, entre desperdicios, ratas y cucarachas, con sus cabelleras doradas mecidas por el viento de la ciudad indiferente.



Tomado de: http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

viernes, 15 de mayo de 2009

Paradojas de la Ingeniería Genética - Diego Muñoz Valenzuela



Programo la última instrucción y el laboratorio robotizado comienza a ejecutar mis especificaciones. En la esfera condensa una espesa masa de neblina en cuyo núcleo se forma la criatura. Unas horas después extraigo al primer perro inteligente. Habla inglés, francés y alemán. Posee una cultura universal vastísima, incluyendo niveles de Ph.D. en cinco áreas de conocimiento. Ciertas modificaciones le permiten hablar. Tiene un carácter dócil, humor genial y es leal a toda prueba. Salimos a caminar por la playa. Corre, juega con las olas, vuelve a mí, salta y lame mi rostro. Me recita en francés un poema de Prevért. Estoy feliz de haber diseñado a una hembra: comienzo a enamorarme. La bautizo Eva. Ella está de acuerdo.

lunes, 11 de mayo de 2009

Invasiones extrañas - Diego Muñoz Valenzuela


INVASIONES EXTRAÑAS
Diego Muñoz Valenzuela

Vinieron de múltiples colores y tamaños, silenciosos y de grandes ojos impasibles, en grupos cada vez más nutridos. Se contorsionaban y agitaban sus aletas para desplazarse por el aire, como si fuesen pájaros y no peces. En tanto los gigantescos cardúmenes se precipitaban por parques y bosques, las personas arrancaban de aquel hecho incomprensible. Pronto ocuparon todo el espacio disponible con sus cuerpos escamosos y la gente comenzó a morir de asfixia.

Tomado de http://www.diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

sábado, 25 de abril de 2009

Jugando a Rodin - Diego Muñoz Valenzuela


Se enamora de la estatua de mármol. Allí permanece, inmóvil, enloquecido de pasión, consumido por el deseo. Con el paso de las horas va petrificándose. Se desnuda y se aproxima a la mujer, la abraza, la anuda con sus piernas y sus brazos. Se torna blanquecino, marmóreo. Los guardias recogen las ropas abandonadas y cierran la galería.


Tomado de http://www.diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

martes, 7 de abril de 2009

Mentiras verdaderas - Diego Muñoz Valenzuela


Foto de Nanim Rekacz

MENTIRAS VERDADERAS
Diego Muñoz Valenzuela

Le dije que la amaba; le mentí. Con ojos lacrimosos y voz entrecortada, ella declaró que no podía vivir sin mí; mintió descaradamente. Respondí a su engaño con un apasionado beso, aunque no pensaba en ella. Simuló una pasión arrobadora y logró conmoverme. Me dejé conducir por su timo y le declaré amor sempiterno, indestructible, a sabiendas de la falsedad de mi promesa. El abrazo se traspasó de intensas emociones causadas por la ráfaga de mentiras mutuas. La cuestión es que nos hemos tragado esta quimera. Llevamos décadas hablando falacias, imaginando ímpetus que no existen y configurando un idilio tan embustero como inquebrantable. Otras parejas nos consideran ejemplo a seguir. Reímos cuando lo señalan; nos tomamos las manos y sonreímos satisfechos por la perfección de nuestra farsa.


Tomado de http://www.diegomunozvalenzuela.blogspot.com/


Otros cuentos de Diego Muñoz Valenzuela

http://quimicamenteimpuro.blogspot.com/2009/01/rehabilitacin-de-circe-diego-muoz.html

http://quimicamenteimpuro.blogspot.com/2009/01/cabeza-de-televisor-diego-muoz.html

http://quimicamenteimpuro.blogspot.com/2009/02/minificcion-diego-munoz-valezuela.html


jueves, 26 de febrero de 2009

Mutatis mutandi - Diego Muñoz Valenzuela


MUTATIS MUTANDI
Diego Muñoz Valenzuela

La chica se empeñó en cambiar su nariz: quería una más pequeña y respingada. Sus abnegados padres se lo concedieron. Hay que decir que antes ella se había teñido el pelo de rojo e insertado siete piercing en aquellas escasas partes de su cuerpo todavía no cubiertas por un tatuaje. Tras sucesivas pataletas convenció a sus progenitores para realizar nuevos cambios. Se agrandó los senos, aplanó su barriga, estilizó sus piernas y afirmó sus nalgas. Y muchas otras cirugías. Dos años después poco quedaba de ella misma. Sufrió una crisis identitaria que agravó su bulimia y la depresión endógena que la afectaban. Desesperada, se arrojó desde la terraza de un edificio. Nadie reconoció sus restos.

Tomado de http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

domingo, 22 de febrero de 2009

Necrofilia 1 - Diego Muñoz Valenzuela


NECROFILIA 1
Diego Muñoz Valenzuela

La doctora se acercó libidinosa a la mesa de disecciones del Instituto Anatómico Forense. Voluptuosamente se desprendió de su delantal y quedó desnuda, hermosa y palpitante frente al cuerpo que descansaba sobre la mesa, cubierto con una sábana amarillenta. Verificó la etiqueta que colgaba de una de las manos exánimes y asintió satisfecha. Arrancó la manta y descubrió el cuerpo también desnudo del cadáver, provisto de un enorme sexo erecto. Lo bañó con vaselina y saltó sobre él con salvajismo. El olor a formol la excitaba cada vez más. Gemía como un animal embravecido. Junto con el feroz orgasmo, él regresó a la vida y clavó sus colmillos en la yugular de la legista. Y murieron y vivieron felices para siempre.

Tomado de http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

sábado, 14 de febrero de 2009

Amores insectiles - Diego Muñoz Valenzuela


AMORES INSECTILES
Diego Muñoz Valenzuela

El hombre araña perseguía a la mujer mosca con evidentes malas intenciones. Por fin la acorraló en un callejón solitario y oscuro. Se aproximó rápidamente corriendo por la muralla con sus precisos movimientos de arácnido. Detuvo su marcha ante ella y extendió sus extremidades para envolverla en su abrazo de seda. Notó que sobre la trompa de su víctima había otra artificial, que terminaba en sendos filtros. Entonces ella extrajo de su bolso el insecticida, lo roció sobre el rostro de su enemigo, y se sentó a esperar las consecuencias.

Tomado de http://www.diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

martes, 10 de febrero de 2009

Exposición de pechos - Diego Muñoz Valenzuela


EXPOSICIÓN DE PECHOS
Diego Muñoz Valenzuela

a Juan Carlos Sánchez

Concurrió dichoso a la exposición de pechos: era su gran oportunidad. Los había de todos los tamaños y contexturas: mínimos y firmes, grandes y fláccidos, enormes y turgentes. De aureolas rosadas, cafés de todas las tonalidades, casi negros. Pezones erectos y pezones blandengues, puntudos y suaves, lisos y granulosos. Pechos con curva en su parte inferior y otros rectos, prominentes, desafiantes. Separados y convergentes, abundantes y magros, Todos bellos, suaves, atractivos. Se relamía en la contemplación de aquellas divinidades; oró antes ellas, trémulo y devoto. Cada cual le pareció perfecto, lamible, succionable. Allí quedó, atrapado en su imaginación desorbitada, sin poder decidirse por uno de ellos, desesperadamente ansioso como un bebé hambriento de vida.

Tomado de http://www.diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

viernes, 6 de febrero de 2009

Minificción - Diego Muñoz Valenzuela


MINIFICCIÓN
Diego Muñoz Valezuela

Intenta otra vez, pero logra un mamarracho, igual que en la oportunidad anterior. Ensaya de nuevo, pero el esfuerzo es vano, estéril. Otro adefesio resulta. Está empeñado en escribir microcuentos para el importante concurso. ¿Cómo podría adivinar que sus talentos son otros? En el camino acumula una importante cantidad de supuestos relatos. Concluye que se trata de un libro, excelente por cierto. No se da cuenta que él mismo, su vida, es un microcuento.

viernes, 30 de enero de 2009

Don Quijote 2005 - Diego Muñoz Valenzuela


DON QUIJOTE 2005
Diego Muñoz Valenzuela

Don Quijote resucita para celebrar sus cuatrocientos años. Recorre el globo dando conferencias que coronan los múltiples homenajes del mundo hispanoamericano. No sabe qué hacer con tantos viáticos y honorarios, y los acumula en los bolsillos de su traje de lino beige. Aburrido del constante acoso de admiradores y estudiosos, escapa por la puerta de servicio del lujoso hotel de turno y entra a una hamburguesería. Con tantos cócteles y cenas de celebración ha engordado visiblemente. Han tenido que confeccionarle sucesivas armaduras que se adapten a la creciente barriga. Con un fajo de dólares apretado entre sus dedos, se ubica en la fila más corta, evaluando doblar las raciones de queso y papas fritas. “La que se ha perdido Sancho por no acompañarme”, murmura y comienza a engullir su italiana especial.

Tomado de http://www.diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

sábado, 24 de enero de 2009

Cabeza de televisor - Diego Muñoz Valenzuela


CABEZA DE TELEVISOR
Diego Muñoz Valenzuela

La cabeza del hombre había ido tomando la forma del televisor que contemplaba buena parte del día. Mientras más miraba, más iba metamorfoseándose con el aparato. Sus rasgos se fueron desdibujando, hasta que la cara se convirtió en una gran superficie grisácea donde –en momentos gratos para él- surgían imágenes en movimiento. Unos pocos meses bastaron para completar la transmutación: su cabeza llegó a ser perfecto émulo de artefacto televisivo. Se prendía o apagaba –mediante un control remoto- a solicitud de las personas que lo acompañaran, quienes sintonizaban el programa que más les apeteciera. Tras un severo desorden psíquico resultante de la competencia entre los protagonistas de las series que exhibía, cayó en depresión y decidió apagarse para siempre. Sin embargo, nadie quiso aceptar este hecho: todos se sentaban a contemplarlo ávidamente. Después de un tiempo, sus cabezas empezaron a cambiar.

Tomado de http://www.diegomunozvalenzuela.blogspot.com/