martes, 28 de julio de 2009

Psicoanálisis de la infancia - Alejandro Ramírez Giraldo


Psicoanálisis de la infancia - Alejandro Ramírez Giraldo

"Estoy de acuerdo con usted", le dice desde el diván a su psicoanalista. "El origen de todos mis problemas está en la infancia. Fue una infancia pobre, le advierto, y eso me marcó. Miro mi desfigurado aspecto en el espejo, repaso mis gustos sexuales y concluyo que simplemente soy un aborto de mi infancia. Pobre, muy pobre. Otros niños de mi edad y de mi barrio tenían hermanos mayores y esperaban de ellos la ropa que no les servía para vestirse con pulcritud. Yo, en cambio, no tenía hermanos mayores, sólo una hermana mayor que de todos modos me legaba su ropa."




Imagen: Carmen Carrillo

Sobre el autor: Alejandro Ramírez Giraldo

Contraofensiva - Sergio Gaut vel Hartman


Los funerales de Michael Jackson fueron el evento mediático más formidable de la historia. Miles de millones de televisores encendidos, el doble de ojos pendientes de cada detalle. Pero la verdadera importancia del hecho se reveló cuando un humilde empleado de estadísticas que trabaja en los sótanos de la CIS, la central de control de información universal, señaló que la audiencia había sido mayor que la población total de la Tierra. Gracias al sacrificio del Rey del Pop pudimos detectar a los seres del espacio exterior que se habían infiltrado entre nosotros y neutralizar su malévola invasión.

Imagen: Carmen Carrillo

Génesis (Gen 1,26) - Antonio Cruz


Génesis (Gen 1,26) - Antonio Cruz
(Para Teresita)

Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que mande sobre los peces del mar y las aves del cielo, a las bestias, a las fieras salvajes y a los reptiles que se arrastran por el suelo.”
Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó.
Desde entonces, el hombre vagabundea por la tierra creyéndose Dios.

Imagen: Carmen Carrillo

Coincidencia - Olga Liliana Reinoso


Coincidencia - Olga Liliana Reinoso
Yo también tenía ganas de matarlo. A cuchilladas. Hubiera hecho un festival de sangre. La primera, en el pecho. Y después, despanzurrarlo como a un colchón de plumas. Sí, absolutamente, con qué ganas lo hubiera matado.
Pero ahora no puedo, porque él está en la cárcel y yo, bajo tierra.

Sobre la autora: Olga Liliana Reinoso
Fotografía: Carmen Carrillo

domingo, 26 de julio de 2009

El que a hierro mata (Mt 26, 52) - Antonio Cruz


Para Carlos Rojas
El hombre desnudo, tendido sobre la camilla y con sus pies y manos apresados, tiembla. Un temor sobrehumano lo apresa. Se siente desamparado y muy solo.
Reconoce la escena pero él siempre la ha vivido desde el otro lado.
Un tipo, ataviado con bata verde, se acerca y dice con extraña sonrisa “El que a hierro mata a hierro muere”; luego dirige su mirada al sujeto que se encuentra en la cabecera y ordena “Dale anestesia al doctor para que podamos iniciar la cirugía”.

Juramento (Lev 19, 11) - Antonio Cruz


Para E. B.

Dejó el ministerio para asumir su nuevo cargo en el parlamento.
- ¿Juráis por estos Santos Evangelios hacer respetar la Constitución de la Nación Argentina?
- ¡Sí juro!
Estallaron los aplausos.
“La historia hablará de mí” se dijo emocionado para sus adentros.
No se equivocaba. La historia lo recuerda por su mala gestión y porque con el tiempo terminó por acomodarse con los sectores más corruptos de la sociedad para tener un empleo que le permitiese mantener el ritmo de vida al que se había acostumbrado.
A pesar de su condición de profundo conocedor de las Sagradas Escrituras, no cumplió con la palabra empeñada, cosa que está muy de moda entre algunos dirigentes de esta parte del mundo.

Herodes Antipas (Mt 14,3) - Antonio Cruz


Para Claudio Rojo Cesca
Yo, Herodes Antipas, he decidido que ese Juan, que se hace llamar el Bautista, debe morir. No soporto que tenga mejor discurso que yo, que sus mítines sean más concurridos que los míos y que tenga la osadía de criticarme por haber robado la mujer a mi hermano Filipo.

Moisés (Ex 2, 1) - Antonio Cruz


Para Manolo Coronel
El niño fue arrojado por la comadrona a las aguas del Mishky Mayu. No era cosa que se supiera en el pueblo que la hija de un prominente comerciante había dado a luz un niño sin padre.
Un pescador lo rescató y a pesar de que la policía trató de identificar a sus progenitores, nunca pudo lograrlo. Por aquellos tiempos no existían las pruebas de ADN.
El pescador, lector apasionado de La Biblia, se hizo cargo del niño y lo bautizó Moisés, por la historia bíblica, y Gutiérrez porque ese era su apellido.
Moisés se crió como hijo del pescador y a duras penas pudo terminar la escuela.
Cuando el caudillo histórico regresó a la provincia, Moisés Gutiérrez, se transformó en puntero político de la zona, aunque nunca lideró a nadie.
Ni siquiera pudo ser electo diputado provincial.

viernes, 24 de julio de 2009

El cambio - Saurio




Mucha gente conoce la historia de Gregorio Samsa, el hombre que se convirtió en una cucaracha gigantesca. Pocos conocen la historia del otro Gregorio Samsa, la cucaracha que se convirtió en hombre diminuto. Gregorio Samsa fue repudiado y temido por su familia y amigos, un paria de su sociedad. Encontraron su cuerpo en un cucatrap, y la policía determinó que se había suicidado con un cóctel fatal de Baygón y gamexane.
Nadie ―excepto yo y ahora tú, querido lector― sabe que todo esto ocurrió porque un ángel novato tergiversó un par de archivos en la base de datos del Libro de la Vida.
Y nadie ―ni siquiera yo y menos tú, querida lectora― sabe qué es lo que pasó con ese ángel. No ha caído en el infierno ni tampoco en Berlín. Simplemente desapareció y eso fue todo.

Códigos - Adriana Menéndez


Siempre esperando, tanto que ya no sabía qué. Cansada de pretender que no le importaba, se envió un ramo de flores con una tarjeta que decía “Te amo”. Se lo agradeció de una manera descomunal. Él, como en ese momento no quería que le contestaran, no preguntó. Sólo dijo: “Por favor, mi cielo, es lo menos que te merecés”. Se llamó a silencio y decidió volver a perderse en la cotidianeidad del trapo rejilla y la lavandina. A la noche hicieron el amor, aunque era lunes.

Los bondis de Eta Carina - Héctor Ranea


Desde que poblamos este sistema alrededor de la Bestia palpitante no tenemos descanso. Los cortocircuitos son a cada hora, los supermercados se quejan de que sus cajeras se descomponen con ese periodo, los tractores se engranan. Todo por esa estrella veleidosa. Y eso que estamos lejos, ¡eh!. No sé a qué político se le ocurrió mandarnos acá. A veces me pongo a pensar si no habría que enseñarles un poco de Astronomía. Mirá que mandarnos a orbitar una gigante como ésta. Es un escándalo. Claro, el diez por ciento de lo que salió este viaje está en los bolsillos de algunos tinterillos cagatinta, seguro. Mientras, tengo que manejar este bondi temperamental que cada hora me deja plantado y no permite subir gente, así que suelo recibir reprimendas. Un día me bajan el sueldo y ¿sabés el bolonqui que les armo, no?

lunes, 20 de julio de 2009

Temporal – Sergio Gaut vel Hartman & Héctor Ranea


La tarde estaba en vías de llorar a través del sauce mientras el Sol parecía nadar sin prisa. El mundo entero se detenía en el calor del viento Norte que derretía hasta el deseo más profundo. El tipo decidió pasar el tiempo con un buen refresco pero lo invadió la creatividad y decidió que la mejor manera de pasar el tiempo era matándolo. Craso error. Debió saber que al tiempo hay que usarlo en propio provecho, es buen esclavo de quienes son sus súbditos pero el enemigo más sanguinario de quienes quieren matarlo. Lo encontraron con un reloj en su tráquea, un almanaque de mármol encastrado en el ano y una miríada de agujas de minutero clavadas en el damero de la piel... muchos días después. Ironías del tiempo.

Unas monedas - Jordi Cebrián


Unas monedas, pidió el mendigo tras su historia, así que el rey mandó que lo arrojaran desde lo alto del palacio, como ejemplo para sus súbditos de que el dinero requiere esfuerzo. Aun se cantan canciones de aquel día, en que el pueblo se indignó, y se alzó como nunca antes. Se aprendieron lecciones diferentes, aquel día. El rey también aprendió algo, aunque nunca pudo contarlo a nadie, y quienes le conocieron dicen que, antes de ser colgado, mantenía su porte y su arrogancia. Pero todo esto son historias que se cuentan, ya sabeis, a cambio de unas monedas, majestad.

Tomado de: http://cienpalabras.blogspot.com/

Amor pétreo - Jorge X. Antares


—Dime que me quieres —dijo la gárgola a la estatua de la bailarina. El silencio provocó la caída de la gárgola ante el dolor de la respuesta. La bailarina, viendo los miles de pedazos de piedra dispersos por el suelo, maldijo que no todas las estatuas tuvieran capacidad para hablar.

Terapia intensiva - Sergio Gaut vel Hartman


Aquel escritor era un enigma para los médicos de la unidad de terapia intensiva. Técnicamente estaba en estado de coma, pero en realidad se debatía entre varios estados: punto y coma, punto seguido, punto y aparte, puntos suspensivos, dos puntos... Por más que se había esforzado, nunca aprendió las reglas de puntuación.

Demonios vagos 1 - Diego Muñoz Valenzuela


Era un demonio tan pequeño como horrible. Lo encontré vagabundeando entre mis libros, de modo que me sentí autorizado para atraparlo y meterlo en un frasco. Emitió un espantoso hedor a azufre: saltó, bramó, expelió fuego por su pequeña y perversa boca. Me divertí contemplándolo: en verdad era un demonio muy temible, sólo que demasiado pequeño. Enfureció hasta el paroxismo cuando le anuncié que iba a convertirlo en amuleto. Estrellaba su menudo cuerpo escarlata contra las paredes transparentes con empecinamiento notable. Terminó por quedar extenuado. Después de varias semanas, luce más tranquilo. Quizás resignado. Insiste mediante señas en que desatornille la tapa del frasco, pero no. Desconfío de él. Suelto, no hay demonio manso; eso decía mi abuela.

http://www.diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

Recuerdos desborrados - Héctor Ranea


Poco a poco su memoria verdadera se abrió paso entre los recuerdos falsos. Empezó a contar las caras de sus primos, a enumerar las lastimaduras en las rodillas, los ataques de asma, las veces que había soñado que esta noche debería suceder lo que estaba sucediendo. Los archivos pasaron raudos por su mente que los perdía para siempre, a pesar del esfuerzo puesto para recuperarlos del abismo de su memoria vacía. Algunas escenas le dieron el asco que se presenta cuando la memoria no coincide con la historia. Otras le dieron la sabiduría del después. En todo caso, fue por eso que sin titubear abrió la ventana y.

Imagen de Wikipedia

sábado, 18 de julio de 2009

Todo tiempo futuro fue peor - Raúl Brasca


Todo tiempo futuro fue peor - Clara Obligado

Anoche se sobrepuso a las balas que lo acribillaron y huyó de la policía entre la multitud. Se escondió en la copa un árbol, se le rompió la rama y terminó ensartado en una verja de hierro. Se desprendió del hierro, se durmió en un basural y lo aprisionó una pala mecánica. La pala lo liberó, cayó sobre una cinta transportadora y lo aplastaron toneladas de basura. La cinta lo enfrentó a un horno, él no quiso entrar y empezó a retroceder.Dejó la cinta y pasó a la pala, dejó la pala y fue al basural, dejó el basural y se ensartó en la verja, dejó la verja y se escondió en el árbol, dejó el árbol y buscó a la policía. Anoche puso el pecho a las balas que lo acribillaron y se derrumbó como cualquiera cuando lo llenan de plomo: completamente muerto.

Tomado de "Por favor sea breve", antología, Editorial Páginas de Espuma, Madrid, 2001.

Telequinesia - Raúl Brasca


Telequinesia - Raúl Brasca

-Habrá que creer o reventar- le dijo el hombre que salía de la habitación cuando él entraba. El terminó de entrar. La mujer esperó que se sentara, cerró los ojos y, con voz cavernosa, llamó a la mesa provenzal que estaba en el primer piso. Moviendo ágilmente las patas, como un perfecto cuadrúpedo amaestrado, la mesa bajó por la escalera. -Esto es increíble- exclamó él. Y, antes de que pudiera explicarse mejor, reventó.

Longevidad - Luis Chitarroni y Raúl Brasca


Longevidad - Luis Chitarroni y Raúl Brasca

No son las parcas quienes cortan el hilo ni es la enfermedad ni la bala lo que mata. Morimos cuando, por puro azar, cumplimos el acto preciso que nos marcó la vida al nacer: derramamos tres lágrimas de nuestro ojo izquierdo mientras del derecho brotan cinco, todo en exactamente cuarenta segundos; o tomamos con el peine justo cien cabellos; o vemos brillar la hoja de acero dos segundos antes de que se hunda en nuestra carne. Pocos son los signados con posibilidades muy remotas. Matusalén murió después de parpadear ocho veces en perfecta sincronía con tres de sus nietos.

Tomado de "Antología del cuento breve y oculto", Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 2001.

La uña - Max Aub


La uña - Max Aub

Pedro Pérez se vengó de Miguel y Lucía.
El cementerio está cerca. La uña del meñique derecho de Pedro Pérez, enterrado ayer, empezó a crecer tan rápido como le colocaron la losa. Como el féretro era de mala calidad (pidieron el ataúd más barato) la garfa no tuvo dificultad para despuntar deslizándose hacia la pared de la casa. Allí serpenteó hasta la ventana del dormitorio, se metió entre el montante y la peana, resbaló por el suelo escondiéndose tras la cómoda hasta el recodo de la pared para seguir tras la mesilla de noche y subir por la orilla del cabecero de la cama. Casi de un salto atravesó la garganta de Lucía que ni ¡ay! dijo, para tirarse hacia la de Miguel traspasándola. Fue lo menos que pudo hacer el difunto: tambien es cuerno la uña.

Premonición - José Luis Zárate


Premonición - José Luis Zárate

Supo que iba a morir por culpa de una bala perdida, el 12 de marzo de ese mismo año, en la esquina de Rosado y Manríquez. También supo que sus intentos por evitar ese sitio la llevarían irremediablemente a él, que nadie iba a creerle y suplicar ayuda o clemencia por algo que no sucedía aún era inútil, que el kevlar iba a perderse en el correo, que el arma comprada para defenderse se trabaría, que el sueño le estaba negado en el tiempo que faltaba, que iba a dejar de comer y todo le iba a parecer manchado de muerte, una máscara cruel, y que el 12 de marzo, en la esquina de Rosado y Manríquez, ella iba a recibir feliz la bala, porque la temible espera llegaba a su fin.

Tomado de: http://zarate.blogspot.com/

jueves, 16 de julio de 2009

La cena - Héctor Ranea




–Consistirá –dijo el Marqués de Lovrian –de varios platos de codornices condimentadas con las más variadas especias y los más deliciosos…
El otro no dejó que terminara el repertorio.
–Ahórreme los detalles pantagruélicos. Quiero saber si estará su esposa.
–Mi esposa actual, querido Barón de La Muré, sólo será servida durante la Acción de Gracias, aún falta que maduren los arándanos.

Miedo - Jordi Cebrián




Desde la noche que la atacaron, tenía miedo. Hoy en el metro vio a un hombre, y algo en su mirada la atemorizó. Luego, camino de casa, volvió a verle. Aceleró el paso hasta escapar, pero después, en su escalera, allí estaba, esperándola, con aquella mirada. Ella gritó, salió corriendo, pero en la puerta él la agarró, estate quieta, estate tranquila. Ella le golpeó, siguió corriendo, gritando, y allí estaba él, en el paso de peatones; y dentro del coche; y sentado en aquel banco; y vestido de policía, corriendo hacia ella, pidiendo ayuda por radio, si, rápido, está loca.


Tomado de: http://cienpalabras.blogspot.com/

Nocturno - Oriana Pickmann


Era un virtuoso. Nadie podía arrancarle notas más vivas al instrumento como lo hacía él.

Lograba interpretar, como en una herida abierta, los más intensos tonos del dolor. Hay quienes dicen haber visto una nube azulina en la sala mientras él interpretaba melodías tristes de amor. Muchos lloraban por sus amores de vidas pasadas, por sus caricias perdidas, por los besos nunca entregados. Las lágrimas se convertían en notas para su partitura. Y él tocaba, tocaba sin parar, como nadie. Con toda la pena que su alma cargaba, tocaba. Se deshacía, pues él también lloraba notas en sus pentagramas. Sonidos melancólicos y profundos, como de submarinos en celo, como de cisnes enamorados.
Algunos afirman que se fue desvaneciendo con su música. Le vieron desaparecer. Se llevó la tristeza ajena consigo. Nunca se supo qué instrumento era.


Tomado de: http://www.nuncaessiempre.blogspot.com/

Primer deseo - Laura Elisa Vizcaíno



El genio apareció a mitad del desierto dispuesto a conceder tres deseos al primer peregrino que pasara por ahí. Seguro de su omnipotencia y colmado de vanidad y soberbia, se sentó a esperar a algún suplicador de milagros. De repente un hombre pasó de largo por lo que el genio, lleno de ansiedad por mostrar sus poderes, tuvo que interponerse en su camino. Aquella persona que parecía más necesitada que nunca, pronunció su primer deseo: “Protégeme de lo que quiero” y el genio tuvo que desaparecer.

Después de la batalla - Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman



Humea el campo en el que se oculta el rey blanco. En los zarzales, los monjes negros se solazan contemplando a los alfiles enemigos despedazados y a los caballos comidos por peones hambrientos. La dama, perdida la razón, vaga entre las viejas osamentas de elefantes que no supieron si avanzar o morir. Mirándola desde fuera del tablero, la derrota luce aún peor. El padre no comprende cómo es posible que su hijo, de apenas tres años, le haya dado semejante paliza en la primera partida que juega en su vida. Hace dos o tres ágiles cálculos, mucho más eficientes que los realizados sobre el tablero y lo vende al canal de televisión “Amazing Facts” en siete millones de dólares. Nunca le gustó perder a nada.

martes, 14 de julio de 2009

La mujer de la pared - Carmen Frontera Quiroga


La mujer parecía parpadear, reír, incluso atusar sus cabellos. Me paraba contemplando largos minutos aquel graffiti. Un día ella descendió de la pared, me tomó en los brazos y me dejó ocupando su lugar. Ahora todos me contemplan como yo la contemplaba a ella.

Mano Dura - Alberto Subiela


Sebastián y Marcos no se conocen, pero comparten la amabilidad de carácter y una sincera preocupación por querer lo mejor para quienes los rodean y para la humanidad. Se cruzaron en la Avenida Cabildo, aquel 11 de Junio, Sebastián iba en su Gol hacia Belgrano a comprar un regalo y Marcos en su 206 en la misma dirección. Al ver un auto salir, Sebastián frena para ocupar el ansiado estacionamiento. Marcos, que llegaba tarde al trabajo, embiste violentamente el auto de Sebastián. Ambos bajan, empujando a patadas las ahora arrugadas puertas de chapa. Insultos, gritos, piñas, tumultos, se detiene el tráfico y la policía los lleva detenidos. Cuando al rato son liberados, ambos repiten una frase: “esto es un viva la pepa, un quilombo, este gobierno de mierda no hace nada”. Gracias a la maravilla del automóvil, la Mano dura ganó dos nuevos abanderados.

Círculo vicioso - Saurio


El buey solo bien se lame. Y está solo porque se lame bien. Se lame, se lame, hasta que se convierte en una masa de baba bovina que repugna a vacas y toros por igual.
Y entonces el buey se queda solo. Y se lame, porque está solo. Bien se lame en su soledad.