viernes, 21 de agosto de 2009

Conserva fatídica - Diego Muñoz Valenzuela



Abrió con parsimonia la conserva de duraznos a pesar del apetito voraz que lo dominaba. Al doblar la lámina redonda de hojalata, vio un ojo que lo observaba fijamente, con una insolente expresión de curiosidad. El primer impulso fue arrojar lejos el tarro, pero muy a tiempo el ojo parpadeó con coquetería. Se contuvo y quedó mirándolo, hechizado. Era un ojo bello, glauco, límpido, dócil, dulce. Se enamoró de él. Imaginó que pertenecía a una admirable princesa víctima de alguna bruja. Arrancó uno de sus ojos e insertó el hallazgo en la cuenca vacía; dejó de sangrar por milagro. Vio el mundo de una manera distinta. Devoró los duraznos y tiró a la basura la lata. Abrió otra. Allí estaba el ojo, esperando.

Tomado de: http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

Enfermero de río - Graciela Pérez Aguilar



Tengo una sed desesperante. El enfermero rubio me ofrece un minúsculo pedacito de hielo para chupar. Cierro los ojos y veo que del techo de la terapia intensiva cae una catarata de agua dulce con sábalos, surubíes, patíes, bogas y mojarritas. Abro los ojos. El pedacito de hielo ha desaparecido y el enfermero rubio me sonríe. Apenas entreveo unas branquias sospechosas en su garganta, cuando se va.

Vida pública - Laura Elisa Vizcaíno




Nació en un mercado, se divirtió oliendo a la gente del metro, su lugar favorito eran los baños, conoció todos los restaurantes y tomó el sol en 62 parques. Se sentía tan popular que con mucha seguridad entró a la casa más alumbrada de la zona. Y de repente ¡zaz! el matamoscas le aplaudió su fama.

Tomado de: http://ficcionminima.blogspot.com/

El chupacabras - Diego Muñoz Valenzuela

Me queda mirando con sus malignos ojos de bestia y sus mandíbulas recargadas de aguzados dientes. Sus garras pueden destripar a un hombre de un solo zarpazo. Tiene un metro de estatura y su contextura es delgada, nervuda, ágil. Poco puede hacerme a mí, sin embargo. Salto sobre él antes que pueda advertirlo y le secciono el cuello de una sola dentellada. Su sangre es espesa, cálida, sabrosa; me reconforta. Lo succiono hasta convertirlo en un pellejo fofo que arrojo a la caja de los monstruos desechables.


Tomado de: http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

Sueño segundo: también desde la torre - Paloma Zubieta López


Pa’ Gon, por motivar mi búsqueda más allá de las estrellas.

El joven aprendiz de astronomía estudia el fenómeno de ingravidez con un modelo a escala de la Tierra y su satélite. Desvelado, se distrae con las golondrinas que vuelan cerca de la ventana y, por descuido, genera otra dimensión. Cuando descubre el distorsionado marco de referencia, recuerda que el maestro advirtió al respecto con voz grave: no puede pasar jamás pues atenta contra de las leyes del Universo. Sin embargo, el daño está hecho y ahora debe arreglar el estropicio. Abandona con rapidez la habitación para buscar ayuda. Su mayor torpeza fue salir por la puerta equivocada.

Tomado de: http://deesquinasyrincones.blogspot.com/

miércoles, 19 de agosto de 2009

Precipitación - Sergio Patiño Migoya


Voló con pericia varias veces alrededor de la catarata que caía a pico sobre el níveo paisaje de la hondonada. El lago era al fondo un fervor rugiente. Entonces la catarata se movió, la alcanzó de lleno y la mando directa a lo profundo. El travieso dios, no conforme con ello, tiró de la cadena.


Tomado de: http://breventosybrevesias.blogspot.com/

Nueces - Esther Andradi


Los vegetarianos me dijeron que una nuez tiene las mismas proteínas que un bife. Así que el domingo compré nueces. Soy mujer de ideas antiguas o bien de escasos artefactos modernos. Ergo: no dispongo de rompenueces. De modo que pretendí partir a las condenadas golpeándolas contra la mesa. Imposible. Apelé a mi instinto y apreté una contra otra. Infalible.
La comprobación me enseñó que aun con feminismo y todo, la mejor forma de dividir a las mujeres no es aplastándolas contra el piso -como nos hacen a algunas- sino apretando una contra otra. Como las nueces.


Publicado en Come, éste es mi cuerpo, Buenos Aires, Ediciones Último Reino, 1997.

Tomado de: http://ficcionminima.blogspot.com/

Por imitación - Angela Schnoor


Seres gigantescos tiraban a los niños en poderosas y destructoras máquinas, triturándolos para producir alimentos. Las mujeres, confinadas en celdas inmundas, eran inoculadas con hormonas artificiales que obligaban a sus cuerpos a producir óvulos y leche en abundancia. Los alienígenas habían observado muchas películas sobre los procedimientos que utilizaban las industrias agro-ganaderas para procesar los animales del planeta conquistado.


Título original: Por imitação
Traducción del portugués: GvH

martes, 18 de agosto de 2009

Así habló Caperucita - Daniel Frini



—¡Basta de clases sociales, camaradas!— decía a los habitantes del bosque, mientras les ofrecía el contenido de su canasta — ¡Debemos bregar por la emancipación de todos los trabajadores de esta foresta!¡La dictadura del proletariado hará cesar esta explotación vergonzosa en forma de historia para dormir a niños con el opio burgués de un cuento simplón!¡El imperialismo capitalista no sabe del torrente revolucionario que corre bajo estos pinos!
La abuela, más curtida por los años vividos bajo el régimen del Lobo, sonreía a los animales como tratando de atenuar los exabruptos comunistas de su nieta, a la que todos en el bosque de Böhmerwald llamaban “La Roja”.

sábado, 15 de agosto de 2009

...Son ojos porque te ven - Jordi Cebrián


Me convencieron para que fuera al psicólogo, y me explicó que mi problema consistía en que tengo una cara con la que miro al exterior, y otra con la que me miro a mi mismo. Y al verme a mi mismo desde fuera, no me reconozco, ni reconozco la cara que me observa, que es la mía, o eso decía el psicólogo al menos, pues a esas alturas yo ya me había perdido y no entendía de que cuernos hablaba. Pero, por no desairarle, asentía con ambas caras, y miraba la suya como si me importara algo lo que dijera.

Inconclusa - Paloma Zubieta López


Ciega, se desdobla de deseo mientras el cuerpo se multiplica en forma exponencial y se dirige hacia lugares insospechados. Él no puede alcanzarla y, desesperado, la ve fugarse cada vez más lejos a pesar de todos sus intentos. Ella lo percibe como un eco incomprensible y se aísla en la mitad de la noche con los sentidos embotados hasta que se agota. Él se queda flotando con el corazón roto y ella se levanta de la cama insatisfecha, pensando que quizá debería probar una novedad, algo que —de verdad—, la excite.

Tomado de: http://deesquinasyrincones.blogspot.com/


Ilustración: fragmento de Cabeza Rafaelesca Estallada, de Salvador Dalí

El robot - Alejandro Ramírez Giraldo


He comprado un robot que hace a la perfección las labores domésticas: limpia, lava, cocina, atiende la visita, responde el correo, me da la comida y me lleva al baño. Su desempeño no tiene objeción, pero me desagrada un aspecto que me falta por configurar: no sé cómo hacer para que se calle y deje de decirme que es más inteligente que yo.
Tomado de: http://cuentominicuento.blogspot.com/

Sobre el autor: Alejandro Ramírez Giraldo

El piano de Furanji - Esteban Dublín


Era bien sabido que cada noche el Conde de Furanji conocía una nueva amante. Su belleza, su dinero y su poder eran razones suficientes para que las mujeres se derritieran en sus sábanas. Lo curioso era que cuando la pasión ardía en la habitación del Conde, su piano, sin intérprete alguno, empezaba a evocar solo una melodía que encendía el calor de los amantes. Las teclas se tocaban de manera independiente y, aunque nadie ejecutaba las notas, los sonidos estaban cargados de una enorme melancolía, de una pasión incontenible, de una tristeza particular. Solitario, el piano trataba de atraer una pareja con su música, como buscando el amor que le sobraba a su dueño.

Tomado de: http://estebandublin.blogspot.com/

Apocalíptica - Paloma Zubieta López


Llovió torrencialmente durante muchos días. Al inicio, las calles se convirtieron en canales y los habitantes se trasladaron a vivir en las azoteas. Luego, los grillos se multiplicaron y sólo se oía su canto incesante hasta que fueron devorados por los sapos. El agua fue sumergiéndolo todo y el silencio volvió a reinar. Cuando escampó, un lago había vuelto a aparecer en su antiguo lecho y ya nadie se acordaba de la Ciudad de México que, cual Atlántida, pasó a formar parte del imaginario colectivo.

Tomado de: http://deesquinasyrincones.blogspot.com/

jueves, 13 de agosto de 2009

Una de griegos y troyanos - María del Pilar Jorge


Mientras griegos y troyanos se trababan en singular combate, el caballo de madera, ya vacío, al descubrir a Helena asomada a una ventana, cobró vida. Sus miradas se cruzaron, Helena le sonrió a la bestia y saltó sobre su grupa.
Menelao todavía la está buscando y Paris llora sus penas.


Imagen de lar.vgo tomada de Flickr

Lluvia - Jose Luis Zárate


La lluvia deshizo las líneas, corrió los colores del mundo, desdibujó los límites precisos entre los objetos de tal manera que el cielo oscuro y los muros fueran parte unos de otros. Miro sin comprender. No el fenómeno, sino a los que arrojan las sombrillas y se lanzan sonriendo al agua.


Imagen de Jersey Jen tomada de Flickr

Nombre - Olga A. de Linares


¿Cuál es mi nombre?
¿Éste, con el que todos me conocen?
¿Por qué, entonces, lo siento tan ajeno?
Hay otro, debe haberlo, escondido donde yace también el rostro verdadero, subterráneo, incógnito, oculto igual que él.
Tal vez algún día alguien reconozca esos, mis secretos rasgos.
Tal vez en alguna mirada pueda verlos, en el momento exacto en que otra voz me llame, con las palabras sin mentiras del amor.

Imagen de googlit tomada de Flickr

En el tablero - Laura Elisa Vizcaíno


Me gusta aquel retraído que juega ajedrez, que me desviste despacio, que me cabalga en forma de “L”, que alfilea con inclinación, que se desliza en línea recta y que a punto de hacer el jaque me deshace en miles de peones dejándome ganar.

Imagen de Ben Heine tomada de Flickr

Besos III - Martín Gardella


¿Cómo romper el hechizo que me ataca, sin contagiar a quién se atreva a sanarme? Me remordería la conciencia que uno de mis besos de sapo condenara a una doncella a llevar una vida similar a la mía. Encontré la respuesta a mi dilema, cuando la vi llegar, saltando, hasta el borde de la laguna. Sin preámbulos, posé mis labios rugosos sobre su boca verdosa y amplia de rana. Tras un mágico destello, mi cuerpo recobró su antigua fisonomía humana y ella apareció, junto a mí, en forma de hermosa doncella. Desde entonces, nos encanta pasar largas horas juntos, liberando nuestras pasiones con besos fogosos; a veces, como ardientes amantes humanos, y algunas otras, como fríos anfibios del pastizal.



Imagen de carla.martens tomada de Flickr

Pura vanidad - Laura Elisa Vizcaíno


Cuando desperté él ya estaba encima de mí, tomándome con sus manos callosas, restregándome contra el estiércol del piso, infectándome de su aliento a pescado. Traté de defenderme jalando sus cabellos y lo único que logré fue llenarme los dedos de algo pegajoso. Él intentaba sujetarme la cara mientras yo olía el sudor de sus axilas. Al morder mis labios y simular un beso, había algo más que saliva en esa boca, como trozos de pellejos y semillas, un sabor agrio, mezcla de las secreciones que me obligaba a probar. Cuando sentí todo el bulto de mugre dentro de mí, ya no pude hacer nada. Volteé a ver las ratas que me habían estado rodeando desde el principio y las envidié profundamente.



imagen de birdtoes tomada de Flikr

martes, 11 de agosto de 2009

Productos de limpieza - Jordi Cebrián


Productos de limpieza - Jordi Cebrián

Dos veces por semana una señora viene a hacer limpieza. Al principio, al volver del trabajo, me encontraba los dos o tres productos de limpieza que usaba. Pero veo que cada vez utiliza más líquidos y potingues: amoníaco, lejía, jabones de todo tipo, ceras, salfumanes, antipolvos, desengrasantes, antioxidos y cien botellas más con siglas extrañas que desconozco.
Temo que tanta química suelta no debe ser buena y que algo debe quedar en el ambiente y en lo que comemos. Pero me dicen que no y que el hecho de que ahora mis hijos brillen en la oscuridad no está relacionado.

Tomado de: http://cienpalabras.blogspot.com/

No hay enemigo pequeño - Jorge X. Antares


No hay enemigo pequeño - Jorge X. Antares

El villano dictador planetario murió mientras pilotaba su avión de combate en un ataque de diversión sobre un campo de concentración. Un inoportuno picor en la entrepierna le hizo perder la concentración y le abocó al fatal destino. El fabuloso hombre pulga salvó al mundo dónde los demás héroes más grandes y poderosos habían fallado.

Ciudad viuda - Esteban Dublín


Ciudad viuda - Esteban Dublin

Lo que le digo, sumercé, en este pueblo sólo hay viudas. Tremendo, claro, porque sí, una puede que sea mujer correcta, que le guarde luto al marido, pero no hay cuerpo que aguante semejante sequía. Mercedes cumplió el mes pasado veintiocho años sin hombre. Amelia llegó a los dieciocho. Aunque bueno, a la viuda de López le ganó la gana a los ocho años. Se fue pa’ otro pueblo y por ahí supe que conoció macho. Bendita ella. ¿Qué dice, perdón? Ah, sí, eso pasa a cada rato. Aquí no llueve agua, sino maridos. Pero no duran, sumercé. Con esa fuerza con la que caen, se vuelven pedazos. Vea ahí no más un bracito. ¡Comadre, la escoba!

Tomado de: http://estebandublin.blogspot.com/
Cuadro de Bruno Busnelli: http://www.brunobusnelli.com.ar/

Respiración artificial - Leandro Javier Oyola


Respiración artificial - Leandro Javier Oyola

Presté el libro, lo perdió y me devolvió una edición extraña.
Dudo que lo haya perdido, pues sospecho que quien lo perdió es un fetichista y lo ha guardado por ahí, vaya a saber para qué.

Nunca más le presto un libro.

Extraído con autorización de:

Las etapas del viaje - Héctor Ranea


–Así no vamos a ningún lado –dijo Ecomí Simnostri –pero llegaremos sanos. Ahora –agregaba con creciente furia– tenemos la suficiente tecnología para llegar en sólo dos años –pero fue interrumpido por Miser Olvidetti.
–Claro, pero es caro el viaje.
–Sí; cierto. ¿Pero hay derecho que con el pretexto del precio nos lleven a Alfa Centauri, después a Arcturus, luego a Mira hasta Eta Carina y vuelta a Betelgeuse? ¿Dónde fueron a parar los buenos viajes directos ahí? Finalmente, ahora tardamos lo mismo pero cada tramo es más rápido.
–Concede eso, al menos, Sire.
–Concedo; pero entre las esperas, los angustiantes trasbordos, las demoras, los tiempos fuera de criogenia y demás, esto así no va. No va.

lunes, 10 de agosto de 2009

Proyecto - Héctor Ranea


Al planeta lo tenemos bien identificado. Hasta hace poco recibíamos información muy interesante. Cosas que sucedían, discursos de personas que parecían ser importantes, masacres, temporales, accidentes, y otras cosas.
Nuestros científicos desenmarañaron esa información y revelaron que eran seres inteligentes, en cierto sentido, pero involucrados en una vida poco sabia, con guerras, religiones, matanzas por el poder y una rica historia, filosofía y ciencia.
Pero empezaron a emitir todos esos programas, lamentablemente, como ristras de ceros y de unos: una pena. Deberemos desarrollar la tecnología para interpretarlos y seguramente vamos a perder parte de los programas que seguíamos y nos resultaban divertidos.
Nuestros líderes quieren armar un proyecto para visitarlos. Estamos a cien mil unidades solares de ellos, de acuerdo a nuestros cálculos. Con un poco de buena suerte llegaremos en menos de dos siglos para estar con ellos, si no se han matado con sus guerras.

Diálogo de tigres V - Lilian Elphick


Los tigres de la noche imaginan tantas cosas. Construyen historias increíbles, saborean palabras, desgarran metáforas. La selva los proteje de los cazadores que disparan tinta en blancos papeles. Y en la oscuridad lamen su nostalgia de ser, hasta despedirse en la rebeldía del viento.
¿Cuándo te veré otra vez?
Cuando no dejemos huella.
Crujen las ramas. Dos venados huyen ante los haces de luz y la metralla constante de realidades.

Tomado de: http://lilielphick.blogspot.com

Diálogo de tigres IV - Lilian Elphick


La tigresa está triste. ¿Qué tendrá la tigresa? En cada árbol ha frotado su historia de rayas y colmillos, trigo trigando su boquita de fresa.
Cuando la luna se alza en su locura, el tigre muerde una cola que podría ser la suya, e imagina el diálogo:

Somos un sueño imposible.
Has estado leyendo a Borges.
No, sólo canto boleros.

¿De dónde vienen estas palabras? –se pregunta el tigre, acechando a la tigresa. Y no comprende que ella es parte del sueño, que en esos cinco metros que los distancian hay puntos suspensivos que se descuelgan como arañas urdiendo lo interminable.

Tomado de: http://lilielphick.blogspot.com/

Diálogo de tigres III - Lilian Elphick


Luego de caminar por las extensas planicies de la escritura, los tigres llegan al río del silencio. Ahí se bañan y olvidan que están hechos de tiempo y de sangre. A sus pieles mojadas se adhiere la palabra ‘pez’. La tigresa puede nadar debajo del agua a gran velocidad; el tigre da brincos contra la corriente. Juegan a acariciar burbujas.
—¿A quién le contaremos nuestra historia? —pregunta ella.
—¿Cuál historia? —pregunta él.
Los tigres jadean bajo el sol implacable y sus patas se hunden en la arena. Tienen sed. Saben que morirán si no encuentran una mano que morder, aquella que los escribe en la mitad de la noche.

Tomado de: http://lilielphick.blogspot.com

Diálogo de tigres II - Lilian Elphick


Dos tigres salen a cazar. Una va al sur; el otro, al norte. Al final del día, se encuentran.
Estás herido.
No. La herida eres tú.
La flecha está enterrada en tu lomo, no en el mío.
Morirás antes de que amanezca; ahí reposará tu desvarío.
Yo estoy muy lúcida; puedo oír cómo se te va la vida.
Tu herida se agranda, tus palabras huyen.
Tu corazón se detiene, enamorado.
¿Enamorado?
No era una flecha cualquiera…

El silencio se instala, dividiéndolos. Se miran, y comprenden.
Una corre al poniente; el otro, al oriente.

Tomado de: http://lilielphick.blogspot.com/