miércoles, 3 de febrero de 2010

Albada (VIII) - Víctor Lorenzo Cinca


Al despertar, coloca con suavidad su fría mano sobre mi muslo desnudo y sonrío; desliza la otra horizontalmente desde mi pecho hasta el vientre, dejándome las uñas marcadas en la piel, y se me escapa una risita pícara. La sonrisa desaparece al instante de mi rostro cuando noto, cerca del cuello, una tercera mano.


Tomado de Realidades para Lelos

La paradoja de Bertrand Russell - Sergio Gaut vel Hartman & Rafael Vázquez Suárez


Isidoro Cañones trabajaba para una editorial que solo aceptaba redactar las autobiografías de aquellos que no podían escribirlas por sí mismos. Pero un día, entrando en la vejez, quiso narrar su propia historia. ¿Cómo hacerlo sin contravenir la norma? Por suerte los años le habían enseñado muchas cosas sobre el ser humano.
Se sentó frente al teclado del ordenador y comenzó a describir al extraño que todo hombre contiene en su interior. Ese sujeto, ese Isidoro Cañones casi ficcional, terminó representándolo a la perfección, más, tal vez, que si hubiera contado la verdadera historia.

Accesorios de invierno - Samanta Ortega


El gorro y la bufanda se pusieron de acuerdo este invierno y quieren matarme. Cada vez que salimos a la calle y mamá está distraída, la bufanda me estrangula y el gorro me tapa los ojos para hacerme caer. Pero yo no los dejo y con mis dos manitos les arruino los planes (aunque es agotador tener que luchar contra ellos cada dos pasos para aflojar a uno y acomodar al otro ). No hago más que decírselo a mamá, pero ella se ríe, me lleva la corriente un rato y no hace nada más.
Esta mañana los encontré sobre la silla esperando, pero no estaban solos. Los guantes los acompañaban. Me da miedo pensar en lo que puedan estar tramando.

Segundas opiniones - Víctor Lorenzo Cinca


Hace años, te marchaste para siempre, sin avisar, dejando mi corazón hecho añicos, y yo me quedé solo, destrozándome el hígado para olvidarte. Después de tanto tiempo, el alcohol no ha conseguido borrar tu recuerdo; y para colmo, el doctor sigue empeñado en que sufro un grave problema hepático, cuando en realidad -sólo tú y yo lo sabemos- se trata de una cardiopatía aguda.


Tomado de Realidades para Lelos

sábado, 30 de enero de 2010

Mirlitonnades - Héctor Ranea


El pájaro azul estaba parado en el respaldo del asiento de la plaza. Traté de sacarle una foto, pero hasta que no le ofrecí un poco de cerveza negra irlandesa, no se quedó quieto lo suficiente. Me hacía desenfocar la máquina con una mirada tan penetrante que crei que me quemaría. Pensé en su cabeza negra con plumas tan brillantes. El pájaro apenas se movía; sólo lo suficiente como para descontrolar mi foco. Tomé mi cerveza. No había maravilla alguna. Sólo un pájaro azul, pensé para mí. Le dejé mi tarro con cerveza. Tomó un poco, esperó a que le bajara del gaznate y posó para mí toda la tarde.

Todos somos Caín - José Luis Vasconcelos


El laureado escritor leía fragmentos de su nueva novela. El público disfrutaba, atrapado con la historia que trataba del plagio realizado por el hijo de un literato prestigiado a una reputada científica.
Todos sabían que la obra hundía sus raíces en la realidad y que el tema central había sido la nota principal de algunos diarios. "Todos somos Caín, por eso sonreímos cuando la sangre fluye", sentenció el autor.
El famoso escribidor estaba gozoso, pero antes de concluir su participación llegó su hijo, con pistola en mano, y disparó en repetidas ocasiones sobre el cuerpo de su progenitor.
Apenas unos minutos después de ocurrida la tragedia, apareció una historiadora que acusaba al descendiente del erudito por haberse apropiado de un cuento corto, en el que se detallaba cómo el vástago asesinaba a su ascendiente durante una conferencia.

Conferencia - Saturnino Rodríguez Riverón


El cuento estructura su cuerpo a partir de tres movimientos básicos:
El comienzo (o arranque); el final (o cierre); y la parte central o meollo (algunos teóricos la comparan con el pollo del arroz con pollo). El elemento fundamental del cuento es el comienzo, el intermedio y el final. Un cuento es un cuento, y sin cuento no hay cuento.

Dilación – Sergio Gaut vel Hartman


El jugador contempla el tablero desde el cenit; su mano vacila, a punto de cometer el fatal error. Entonces, incapaz de detener el movimiento iniciado, se finge ciego y, haciendo gala de una irritante torpeza, derriba la mayor parte de las piezas. Evita así ser derrotado, por supuesto, aunque esta nueva postergación del desenlace sólo sirve para acercarlo otro paso al peor de los infiernos: el abismo negro en el que habita un déspota caprichoso (yo) que juega a ser un dios y disfruta con el sufrimiento de su creatura.

martes, 26 de enero de 2010

Sólo un minuto - Jorge X. Antares


Salió del coche a comprar el periódico y dejó a la pequeña Tiara en el asiento de atrás, afianzada en la sillita de viaje y jugando con un gatito de peluche. Sólo sería un minuto. Cerró el coche y anduvo rápidamente hacia el quiosco de prensa.
Nada más cruzar la calle, notó cómo se le rompía el corazón y caía al suelo. La gente se arremolinó a su lado y sus últimos pensamientos fueron para su hija. Nadie sabía que estaba allí.

Foto: Gaviotas de Puerto Montt, Nanim Rekacz

Ausencias de reflejos - Rafael Vázquez Suárez


No vemos lo cotidiano del mismo modo, acostumbrados a las mismas imágenes un día tras otro, los ojos las asimilan al fondo borroso y familiar, de este modo pueden concentrarse en lo diferente, en lo que quizás nos hiere o nos salva.
En estos paseos de la mirada sobre las cosas conocidas, no es extraño asomarnos al espejo y sentir de pronto el vértigo de la ausencia ocupando el lugar exacto donde debería estar nuestro rostro.

Foto: Puerto Montt, Nanim Rekacz

Cuento que huele a sangre, que huele a polvora - Jordi Cebrián


Cuando las fieras cierran los ojos, en ese instante previo a abalanzarse sobre su presa, vislumbran un segundo su pasado furioso, su estirpe de luchas y colmillos y entonces todas las fieras son la misma fiera, en ese instante previo en que el tiempo se congela.
Cuando el cazador cierra los ojos, en ese instante exacto en que aprieta el gatillo, vislumbra su pasado furioso, su estirpe de lanzas y cañones y entonces el cazador es la caza misma, en ese instante previo que huele a pólvora y a miedo.
Luego es el silencio y la sangre todas las sangres.

Tomado de: http://cienpalabras.blogspot.com/

Las mil y una bodas - Martín Gardella


Mientras el centro comercial permanece abierto, un vestido blanco se exhibe inmóvil en el escaparate. Cada noche, apenas el sereno abandona la sala, comienza la fantástica escena de la boda, en la que la novia imaginaria contrae matrimonio con un muñeco elegante de la sección de hombres. Todo el mobiliario los observa, mientras bailan un mágico vals vienés entre los percheros. La fiesta continúa alegremente hasta el alba, en que vuelven la quietud, el desamor, la indiferencia. Antes que se enciendan las luces del salón, los recién casados acuerdan su divorcio, sólo por las dudas. Saben que así sufrirán menos por la ausencia, en caso que uno de ellos tuviera la desgracia de partir.

Tomado de http://livingsintiempo.blogspot.com/

Foto: El Frutillar, Nanim Rekacz

La señorita galaxia - Ruy Feben


Tentáculos peinados en una tiara que brilla como diamantes uranianos. Vestido rojo ceñido a las tres caderas que coronan su cintura ínfima, escote que anuncia sólo lo necesario de los seis senos que hasta parecen naturales. Labios carmesí y colmillos nacarados, sonrisa letal. Es hermosa. Toma con sus pezuñas las manos de sus contendientes humanas, que no guardan ni la remota esperanza de ganar.
- Y pensar que de humana se veía tan común… - se oye en las butacas.
- ¿Quién iba a decir que su operación de cambio de especie la volvería reina de los concursos de belleza?
El auditorio queda en silencio justo cuando el jurado anuncia el veredicto que ya todos conocen.

Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/

Foto: Puerto Mont, Nanim Rekacz

Con mis propios ojos - Juan Armando Epple


Cuando el barman supo que ese hombre que pedía una copa era de Chile, pero llevaba largo tiempo en Madrid, le confidenció que el había vivido muchos año en Valparaíso, señalándole orgulloso un afiche clavado en la pared.. Luego agregó nostálgico:
—Lástima que el tiempo termina borrando los recuerdos.
—No siempre, amigo. Podemos ver el país más cerca cuando estamos lejos. Reconozco el sabor de este vino a ojos cerrados. Cuando llueve como hoy vuelvo a oler los grandes aguaceros del sur. En una escarcha matinal puedo palpar las nieves de nuestra Cordillera. Una vez pude escuchar en una playa de Galicia el oleaje salobre de Chiloé.
Ya ve, amigo. Se puede inventar un país con la memoria.
Luego tomó su bastón blanco y salió a la calle.

Tomado de http://www.letrasdechile.cl/

Foto: Puerto Montt, por Nanim Rekacz

domingo, 24 de enero de 2010

La metamorfosis - Saturnino Rodríguez Riverón


El bravucón de siempre en una taberna de Praga:
—Ven acá, chico, ¿tú eres hombre o cucaracha?
Y la respuesta, inusual en un tugurio como ese:
—Ambas cosas, incluso. Yo soy Gregorio Samsa.

Imagen: Out of the Darkness de Chris Carter

Albada (IX) - Víctor Lorenzo Cinca


Me despierto de golpe y me encuentro tendida en el suelo, desubicada. Un hombre, a mi lado, me mira con incredulidad y sorpresa, inspeccionando cada rincón de mi cuerpo. Los dos estamos desnudos. Antes de lanzarme un guiño y una sonrisa pícara, alza las manos al cielo en señal de agradecimiento, aunque las baja rápidamente para cubrirse una herida reciente debajo de la axila.


Tomado de Realidades para Lelos

Imagen: Fluid Dynamics de Chris Carter

Tristeza – Sergio Gaut vel Hartman


Olegario Funes era escritor y hombre triste por naturaleza. Un día, haciendo coincidir sus dos características, decidió participar en un concurso de cuento breve cuyo tema era la infelicidad. No alentaba el sueño de ganar, por supuesto, pero el asunto le venía como anillo al dedo. El texto no debía superar las cien palabras. Nuestro escritor se sentó ante el teclado de su computadora, y escribió:
“La tristeza es aquello que ya nunca podremos tener. Las mujeres que no amaremos, los libros que no leeremos, los atardeceres que no veremos, los viajes que no haremos, los adelantos científicos que no disfrutaremos. Siento el espanto seguro de estar mañana muerto, como dijo el poeta y me aseguro de haber capturado la mayor infelicidad: la nada, ese manto sin color, espera para abrazarme eternamente”.
Olegario ganó el concurso, recibió 30.000 dólares y con eso se compró un tratamiento para ser inmortal.

Imagen: The New Evolution de Chris Carter

No vuelve - Alejandro Bentivoglio


Cuando al muñeco se le acabaron las pilas pensamos que lo mejor era tirarlo, porque nadie tenía ganas de ir hasta el kiosko para comprar pilas nuevas y lo cierto es que ya no nos servía para nada.
Fue entonces que el muñeco se levantó, se puso un pequeño sombrero y se fue dando un portazo.
—Ya volverá —nos dijimos.
Pero ahora que es de noche, se nos ocurre que un tipo con orgullo sabe darse cuerda ahí donde jamás la tuvo.


tomado del blog: http://memoriasdeldakota.blogspot.com/

Imagen: When Heads Begin to Roll de Chris Carter

Insurgencia del minicuento - Saturnino Rodríguez Riverón


Este cuento terminó ayer. Si lo estás leyendo ahora, será que se rebeló y quiere perdurar en el tiempo. De pequeño se le notaba lo levantisco. Sin duda le dará por crecer. Quizá a la vuelta de unos años se haga un hombrecito.

Imagen: Integrated System de Chris Carter

Historias de carretera (4 ) - Jordi Cebrián


He pasado decenas de veces con el coche por esa curva, junto al desfiladero, conduciendo solo, recordando siempre la historia que cuentan sobre una chica que hace autostop por las noches y que acaba resultando ser el fantasma de una joven que se estrelló en esa curva. Pero a mí nunca me ha ocurrido. Siempre que recojo a alguna joven autoestopista, deseo secretamente que la leyenda sea verdad y ella esté muerta, pero nunca es así. Tras la trivial conversación, siempre he de ser yo quien le muestre mi auténtico rostro y lance otra vez el coche por el desfiladero.

Tomado de: http://cienpalabras.blogspot.com/

Abiso a navegantes - Jorge X. Antares


El hultimo maextro fue colgado y kemado alas puertas de la heskuela. Des de entonzes bibimos felizes sin la hamenaza de sus emseñanzas y sin penshamientos malos contra la fhe.

Indiscreción - Maria Fabiana Calderari


Dieciséis guerreros y cuatro caballos conspiraron contra el más puro amor. Desdichada ella se refugio en la torre, enmudeciendo de pena. Su amante inmóvil, hasta hacerse polvo. Los traidores victoriosos no fueron desenmascarados. Hacinados los otros, aguardan la ofensiva.

Tomado de: http://facalderari.blogspot.com/

miércoles, 20 de enero de 2010

Balance – Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman



El anciano, a punto de expirar, mandó llamar a sus familiares y les dijo:
—Me quedo más tranquilo... He reflexionado y llegué a la conclusión de que viví muchas vidas gracias a los libros leídos y que acumulé miles de potenciales vidas, que jamás viviré, gracias a los libros que no llegué a leer. Ahora puedo dejar todo eso de lado y valorar el pequeño logro que implica ser el protagonista de este microcuento por lo que resta de la eternidad.

Ilustración: Salvador Dalí "Las torres" (fragmento)

Albada (XI) - Víctor Lorenzo Cinca



Me despierto solo y ―como todas las mañanas― emprendo la desesperada búsqueda por el este, a primera hora, mientras media ciudad todavía duerme. Desde que oí hablar de ella, hace ya una eternidad, la persigo incansablemente, rastreando sus pasos, intuyendo su ruta, soñando con un encuentro que tarde o temprano ha de producirse. Pero aun así, cada día se repite la misma historia de amor frustrado, el mismo intento vano por conseguir acercarme a ella. Todos dicen que somos distintos, que nuestra relación es imposible, pero pese a todo, me niego a aceptar que jamás podré acariciar su cara, ni siquiera la oculta, con mis rosáceos dedos.

Ilustración: Frances MacDonald "Moonlit Garden" (fragmento)

Accidente en la vía - Alejandro Ramírez Giraldo


Lo único que se escuchó fue el estridente sonido de los frenos del carro. Luego los transeúntes gritaron: "Lo mató, lo mató." El conductor, flemático en exceso, sólo atinó a mirar el reloj y a murmurar: "Llegaré tarde."

Tomado del blog: http://cuentominicuento.blogspot.com/

Ilustración: Currier & Ives "Across the Continent" (fragmento)

Sobre el autor: Alejandro Ramírez Giraldo

Novicio insaciable - Héctor Ranea


El profesor de Teología dejó helado al novicio. Lo conminó a que guardara inmediatamente el gato de nueve colas que había sacado del pañol de instrumentos de tortura y lo instó para que nunca, pero nunca nunca usase un cilicio. El novicio estaba atormentado y no sabía si decirle que con el gato de nueve colas noche tras noche, embebiéndolo en ginebra, se daba latigazos en la lengua y que, poco tiempo atrás, había comprado un cilicio casi sin uso de otro novicio muerto, el cual tenía accesorios adecuados para curar esa fiebre genital que lo atormentaba.

Buenos días - Samanta Ortega



En veinte minutos se dio cuenta de los fallos de la presentación, la corrigió y terminó. Había trabajado en ella todo el día anterior. Hubo felicitaciones y palmaditas de hombro.
En esos mismos veinte minutos también habló, de manera impecable, con el jefe y le pidió el aumento de sueldo que se venía mereciendo desde hacía un año. También le alcanzó el tiempo para descubrir qué regalarle a su mujer en Navidad.
Feliz y más satisfecho que otras mañanas cerró el grifo de la ducha y se dispuso a arrancar el día lleno de optimismo.

Padre nuestro que estás en el cielo - José Leandro Urbina



Mientras el sargento interrogaba a su madre y su hermana, el capitán se llevó al niño, de una mano, a la otra pieza...
—¿Dónde está tu padre? —preguntó.
—Está en el cielo —susurró él.
—¿Cómo? ¿Ha muerto? —preguntó asombrado el capitán.
—No —dijo el niño—. Todas las noches baja del cielo a comer con nosotros. El capitán alzó la vista y descubrió la puertecilla que daba al entretecho.

Ilustración: Odilon Redon "La celda de oros" (fragmento)

Complicidades - Juan Armando Epple



Suelen encontrarse en la calle o en un parque y caminar un trecho juntos. Él dobla su bastón blanco plegable, porque le estorba, y le habla y le habla en voz alta, sin mirarla. La sordomuda despliega con elocuencia su lenguaje de signos.
No saben que a veces el amor es ciego. No saben que también puede ser sordo y mudo.

Tomado de http://www.letrasdechile.cl/

Ilustración: Toulouse-Lautrec "Aristide Bruant dans son cabaret" (fragmento)

lunes, 18 de enero de 2010

Una lección de etnografía – Aldo López & Sergio Gaut vel Hartman


Los tiempos cambian, y la televisión no fue siempre lo que es ahora. Hace algunos años, un cuarto de siglo, tal vez, presencié una escena que ha permanecido en mi memoria. Había ido a buscar a mi hijo a la casa de uno de sus amigos y cuando llegué, los niños estaban frente al aparato, entretenidos mirando dibujos animados. De pronto, entre dos cortos, apareció la publicidad de una película de ciencia ficción y el amigo de mi hijo, señalando la pantalla en la que había aparecido un ser extraterrestre, preguntó.
—¿Qué es eso, papi?
El hombre se atragantó con la intempestiva pregunta y atinó a responder.
—Son indios de Marte, hijo.