sábado, 6 de agosto de 2011

El animal interior - Sarko Medina Hinojosa


El hocico listo, los dientes amarillos contra la luz de la Luna brillando, las patas tensas, el miembro erecto por la excitación y la sangre hirviendo de deseo por desgarrar tu cuerpo… ¿Qué me hace mejor que el lobo estepario, el tiburón solitario, el león sanguinario o el oso gregario… de repente que además tengo una cuarenta y cinco apuntándote ¿No?

La miseria se extiende - Saturnino Rodríguez Riverón


La miseria se ha extendido de tal manera que hasta los mendigos han perdido las escudillas, otrora distintivas, que el arte y la literatura se encargaron de difundir como arquetipos.
Ahora colectan el producto de la caridad pública en envases reciclables de refresco o cerveza. Por carecer, carecen hasta de sus atributos.

Saudades de Excicra - Héctor Ranea



No había mucho que hacer en el IMOC después de que el Profesor Fenisiten hubiera disuelto a los exgetas y abandonara el terruño con lágortras en los monocortes. Sin embargo, un gomanauta clonado, guardado en el artelabio mayor, comenzó a moverse estimulado por los neutrinos de quark gluón que llegaban de Proción. Al despertar y encontrarse solo, miró la pantalla, lo último que vio Fenisiten antes de calcinar los exgetas. Y la vio; ahí estaba ella, la innombrable, colmando sus expectativas… si no fuera porque estaba sola. Lo carcomía la saudade.
Antes de denunciar a Fenisiten por haber usado la imagen de la Excelentísima Groara, tenía que hacer algo, aunque la transferencia de ADN le estaba vedada. Spleen, saudade: llámese como se llame, igual su sueño de cien años estaba empezando a surtir efecto. ¿Cuál era el código para denuncias por abuso de la figura de Su Majestad?

Seres desconocidos - Daniel Sánchez Bonet

A Lucía le costó algunos años entender que tanto el amor como la amistad se construían con el tiempo y que, por tanto, era imposible que nacieran así de repente, como lo pudiera hacer, por ejemplo, una flor. Por ello, finalmente se resignó a aceptar que los flechazos eran simples invenciones válidas para ambos casos y que, del mismo modo, tampoco existirían entonces, ni las almas gemelas, ni menos aún, eso de las medias naranjas.
Sin embargo, aquella tarde, todo cambió, sobre todo para Lucía, después de que un chico desconocido le salvará la vida en un cruce de carreteras.

jueves, 4 de agosto de 2011

Generala cuántica – Sergio Gaut vel Hartman


Está comprobado que Dios juega a los dados y que Einstein estaba equivocado. O que Dios jugaría a los dados (se muere de ganas) pero nadie quiere jugar con él porque todo el universo sabe que Dios es un tramposo. O sea que Einstein no estaba del todo equivocado. La verdad es relativa después de todo.

Sergio Gaut vel Hartman

El destino – Xavier Blanco


Le costaba caminar, cuánto tiempo sin hacerlo. Estaba entumecida, dolorida, rígida, yerta, acalambrada. Demasiados días allí sentada, horas y horas moviendo un pie y luego el otro, flexionando las rodillas, arqueando los codos, girando el cuello. Lo peor eran las cuerdas. Pensando que la felicidad es correr y cortar el viento, saltar y tocar las estrellas. Soñando ser su propio dueño, levantó la mirada, se estremeció, lo distinguió a lo lejos. Él la observó y aceleró su caminar. Se quedó quieta, inmóvil, como si una fuerza externa hubiera paralizado sus extremidades. Presa del pánico, cerró los ojos en el mismo momento que él la asió por el cuello, y volvió a ligar las cuerdas a la cruceta. Por sus mejillas, de madera, caían dos lágrimas. Maldito destino. Volvía a ser una marioneta.

© Xavier Blanco 2011.
Tomado del blog: Caleidoscopio

miércoles, 3 de agosto de 2011

La magia de los espejos - María del Pilar Jorge


En el cuento de la Cenicienta nada se dice de los espejos. Sin embargo uno de ellos jugó un papel muy importante en esa historia: borró la tristeza del rostro de la muchacha, la ayudó a disfrazar sus lágrimas y le permitió dibujar una sonrisa. Sin su asistencia, de nada le hubieran servido el vestido de fiesta y los zapatitos de cristal.

María del Pilar Jorge

Aire - Laura Ramírez Vides


Y finalmente acá estoy. Acostada panza arriba, mirando el cielo, buscando nubes sin encontrarlas. El aire es suave; la brisa, leve; el sol, respetuoso de no molestar a mis ojos hipersensibles a su luz. No sé cómo llegué. ¡Lo necesitaba tanto! Un poco de silencio, de calma, de paz. Demasiado ruido -afuera y adentro- no me dejaba pensar. ¿Cómo reconstruir si no hay lugar? Estaba rota; ahora vacía. Buen momento para empezar.

Tomado de El patio de la morocha

Laura Ramírez Vides

domingo, 31 de julio de 2011

La vida tiene un precio - Isabel Mª González


Quiso ser humano: aprendió a mentir. No tardó en darse cuenta de que sería el único que no podría permitirse el lujo de hacerlo sin ser descubierto. Era tan difícil no mentir nunca, si incluso tenía que mentirse a sí mismo para poder seguir viviendo. Hoy, apesadumbrado, observa como su nariz se pierde en el horizonte sin que pueda hacer nada por evitarlo. Allí se le pone el sol, allí le sale la luna, y allí se queda dormido soñando despertares de maderas finas.

miércoles, 27 de julio de 2011

Buena noticia - Anna Rossell


El Consejo estaba reunido para escuchar con mística atención el informe del jefe de la expedición:
“Procrean por estímulo de cálidos vínculos emocionales, su cuerpo es un amasijo de huesos, nervios, músculos y cartílagos, su color es más o menos pálido o de ébano, han desarrollado una tecnología de rápido crecimiento que les hace pasar horas ante pantallas pobladas de iconos –por ello se sienten como Dios, son arrogantes, pero no se respetan lo más mínimo-: a menudo viven en condiciones pésimas y sórdidas, tratan a su entorno de modo bárbaro, sus ríos son pestíferos, sus cáusticas ciudades están cubiertas de una densa película de niebla y compensan su maltrato con parques temáticos, legan a sus vástagos esta tendencia evolutiva, que llaman “progreso”. La previsión era válida: no hay nada que temer; su civilización se autodestruirá en breve. Nunca alcanzarán nuestro planeta.”

Con la fidelidad de una sombra - Fernando Puga


La sigo, como siempre. Mis pies descalzos, en sus huellas. Va hacia la cornisa. ¿Saltará? Acaso mis ojos ardientes en su espalda le hagan volver la vista atrás. El estruendo al golpear contra las rocas se pierde entre las olas. Me desvanezco. Fría, esa mujer ingrata me abandona a mi suerte.

Linda manito - Silvia Alejandra García


Qué linda manito que tengo yo. Mi gato la trajo del baldío de enfrente. Se parece mucho a las manos de mi abuela, la que vivía con nosotros. Pero hace unos días, mientras mi papá que estaba solo con ella se acostó a dormir la siesta, mi abuela se escapó a la calle y se perdió. Como tiene Alzheimer…

El usurpador – Nedda González Núñez


Es noche cerrada. El hombre bajo la lluvia esconde su cara que es apenas una sombra inmóvil, entre el cuello subido y el ala del sombrero.
Cuando paso a su lado un hálito frío roza mi nuca, y empiezo a sentir sus pasos rápidos detrás de mí.
Lleno de un espanto tal vez irracional, trato de adelantarme aunque presiento que es inútil. Y es así; en un minuto estoy acorralado.
Giro y ahogo un grito, al ver que el hombre no tiene facciones. Pero mi silencio, no es bien recompensado.
Unos dedos como garras me destrozan las vísceras lentamente, mientras su rostro, que se va transformando en mi propio rostro, va develándose al compás de mi agonía.

lunes, 25 de julio de 2011

Chicana fallida – Sergio Gaut vel Hartman


Cuando John Lennon se hartó de Yoko Ono fraguó su asesinato, se ocultó en una pensión de Parque Patricios, Buenos Aires, Argentina, y adoptó una identidad ficticia gracias a una eficaz cirugía plástica realizada por el famoso Maurice Mirac. Lo que no pudo evitar es que la japonesa razonara de un modo parecido y tras convertirse en Yoshio Watanabe viajara a Sudamérica para volver a enamorarlo convencida de que nada les calzaba mejor que envejecer juntos limpiando sacos y batones en la tintorería Nagasaki, comprada por monedas a Tatsuya Nakadai, que por entonces quería cambiar de actividad para dedicarse a la cetrería virtual.

Retórica erótica – Javier López


—¿Sabe alguien cuál es la figura de construcción, que consiste en emplear en la oración uno o más vocablos innecesarios para que tenga sentido completo, pero con los cuales se añade expresividad a lo dicho? —pregunta el profesor de literatura, temiendo que no va a recibir ninguna respuesta.
—Ahh, mmm, siiií, lo tengo entre los labios, en la punta de la lengua, casi puedo saborearlo —responde Marita, la chica más sexy de la clase, que parece conmovida por sacudidas sexuales.
—Está bien, señorita Sánchez, ¿va a decírnoslo? —el profesor muestra su evidente nerviosismo.
—Ahhhhhh, mmm, oh dios, siiiií, está a punto de llegarme, ¡me viene, me viene! —y la escena hace recordar a Meg Ryan en “Cuando Harry encontró a Sally"—. Me vino: ¡el pleonasmo!

Lo peor de lo peor - Jorge X. Antares


El Oscuro Señor del Oscuro Sitio se retiró a su siniestras dependencias. Incluso sus más curtidos siervos temían las nuevas maldades que podrían estar gestándose en su retorcida mente. Dentro de la habitación se escuchó un golpe y todos huyeron aterrados. Nadie vio a su Amo sentado en su butaca viendo la televisión, llorando y maldiciendo a la bruja que había matado a Blancanieves.

Avance - Héctor Ranea


Capacitorio, monje casi budista del monasterio de Santa Reparata in Bordelio, estuvo a punto de suicidarse sin saberlo al invocar erróneamente a San Tificado, quien lo mandó a cruzar el puente de Gualeguaichú disfrazado de rollo de papel, en castigo por suspenderle la siesta. Afortunadamente para Capacitorio, el camión que lo transportaba lo disimuló como hostias de papel maché para un programa de televisión.

jueves, 21 de julio de 2011

Evolución - Javier López


De niño me decían que era un cero a la izquierda. Con ese lastre viví hasta que me di cuenta que yo no era un cero cualquiera. Era un cero binario, un bit. Un día encontré a mi uno, y formamos pareja. Ahora somos felices: con nuestra prole y sus descendientes, hemos llegado a convertirnos en una megafamilia.

Engaño - Olga Appiani de Linares

El vendedor aseguró que las plumas de la almohada que acababa de comprar eran de cisne; imaginé entonces que mis sueños podrían volar alto y lejos… Pero no se puede confiar en los vendedores… Pasé la noche huyendo de las intenciones amorosas de un gallo y de las sospechosas invitaciones de un zorro. Ahora, ya despierta, me preocupa el destino del huevo al que di a luz poco antes de amanecer.

martes, 19 de julio de 2011

La apariencia no es sincera - Sebastián Chilano

No sé qué me rompe más las pelotas, si las moscas que me dan vuelta por la cara todo el día o tener que cagar parado y sobre el pasto. La dualidad me tiene podrido. A los estudiosos de la mitología les parezco un ser hermoso. ¿Qué carajo saben los eruditos de mi sufrimiento? ¿Saben que no puedo ir a la playa por la prohibición al ingreso con animales? ¿Que no encuentro dónde sentarme si quiero ir al cine? ¿Que soy puto si un tipo se quiere subir a mi lomo para dar una vuelta? No hay nada que hacer. En mi caso todo está perdido, mi vida es una mierda.
Soy la prueba, mitad hombre, mitad caballo: las cosas a medias no sirven.

Catarsis - Claudia Sánchez


No, no estoy enojada contigo. Estoy enojada conmigo, por no poder manejar bien mis circunstancias. Estoy complicada, con la casa nueva y con lo que falta hacer y con la mudanza y con mi madre y con mi hijo y con la falta de tiempo y recursos y la inacción ajena y propia. Y tengo tanto que hacer antes de marzo... y no puedo avanzar y me frustro y me paralizo y entonces me siento y escribo porquerías como éstas. ¿Me disculpas?

Tomado del blog: Cortitos

Al margen de la ley - Saturnino Rodríguez Riverón


El reo estuvo preparando la fuga durante diez interminables años. Después de procurarse lo necesario y seguir el plan paso a paso, meticulosamente, pudo escapar como lo había concebido: con todas las de la ley.

domingo, 17 de julio de 2011

Colaboración solidaria – Héctor Ranea


Adiviné que se pondría la camisa que le regalé para su último cumpleaños. Sin nada al cuello, claro. También supe que le sería difícil subir hasta ahí, por lo que dejé una banqueta suficientemente fuerte, para que no caiga de antemano. La soga la preparé con dedicación y amor, ella la vio y no pudo resistirse. Yo no sabía que se estila sacarse los zapatos, pero creo que a esa conclusión no le fue complicado llegar, siempre tuvo recursos técnicos. Escuché un golpe, emitió un rezongo con ronquido. Cuando termine de sacudir las piernas, la bajo. ¿Qué menos puedo hacer por ella?

Sobre el autor: Héctor Ranea

Imagen: Nature hurt, de Adjisketcherromance en deviantArt

La gran patraña - Sergio Gaut vel Hartman


Los marcianos de la tercera invasión se sorprendieron mucho al descubrir que los jerarcas del planeta rojo les habían mentido. Sus paisanos, aparentemente muertos en las dos primeras —y fallidas— invasiones, ocupaban lugares claves en casi todos los gobiernos e instituciones de la Tierra. Barak Obama, Bin Laden, Benedicto XVI, Bill Gates, Angelina Jolie, Mario Vargas Llosa y hasta Leonel Messi son marcianos. Más corrompido que ninguno, Arnold Schwarzenegger, declaró al Sirte News la misma tarde en que las naves aterrizaban en el Central Park.
—Por fin un poco de carne fresca. Ya estaba harto de comer humanos.

Sobre el autor:  Sergio Gaut vel Hartman

Imagen: Purgatory, de Brabaderke en deviantArt

Macondo y la tecnología – Javier López


Cada viernes, durante 15 años, se había acercado hasta la lancha que repartía el correo, para comprobar si llegaba una misiva que nunca llegó.
Su vida se fue consumiendo, su hijo murió y su esposa enfermó. Hastiada de la situación, un día ella le preguntó:
—Y ahora dime: ¿qué comeremos mañana?
—Mierda —respondió el coronel.
Ese fue el retrato de la decadencia de uno de sus personajes más recordados que nos dejó García Márquez.
Lo que omitió el premio Nobel es que el contestador del viejo coronel estaba atiborrado de mensajes que confirmaban que se le había concedido la pensión por haber servido bajo las órdenes de Aureliano Buendía durante su juventud.
Murió sin saberlo, por culpa de la legendaria torpeza de los ciudadanos de Macondo con la tecnología.

Sobre el autor: Javier López

Imagen: Blue, de Bluedance en deviantArt

Grieta - Rafael Blanco Vázquez


Miró por la mirilla y admiró:
—La de cosas que pasan ahí afuera.
Entonces llamaron a la puerta, toc toc.
Abrió y era ella, una insigne desconocida.
—Vengo a seducirte.
Se besaron, pero el cuerpo de ella era escurridizo.
—Chico, no sé si te podré consagrar todo mi tiempo, mi vida rebosa cosas.
—Pero yo quiero estar contigo.
—A mí me gustan tus besos.
Se besaron, pero el cuerpo de ella se escurrió.
Él miró sus manos vacías y pensó:
—Otro sueño que se esfuma.
Y se acostó.

Sobre el autor: Rafael Blanco Vázquez

Imagen: The eye, de Ibeamy en deviantArt

Lo siento, tengo que irme - Olga Appiani de Linares


Le bajo el cierre despacio y ella me deja ver, insinuante, lo que tiene debajo.
No sé cómo decirle que si estoy acá es solo por obligación, que no es momento para que nos acostemos, ni ha llegado la hora de pasar, una vez más, toda la noche a su lado en ese abrazo que tanto cuesta romper cada mañana.
Así que terminaré de desvestirla y me iré, dejándola desnuda y sola sobre la cama deshecha y ya fría...
Ojalá entienda que, de vez en cuando, toda almohada necesita que se le lave la funda.

Tomado del blog: http://olgalinares.blogspot.com/

Sobre la autora: Olga A. de Linares

Imagen: Melissa--Angel, de  Artnsm en deviantArt

Comida de trabajo - David Vivancos Apelluz


Hace tiempo que dejé de ir a comer con mis compañeros al bar del juzgado para hacerlo en mi despacho. Aunque sus platos difícilmente habrían satisfecho las expectativas del gourmet más exigente, sería injusto achacar mi decisión a la calidad de lo servido: de hecho, también había ido allí algún domingo con los niños. Mi elección tampoco guardaba relación con la crisis, ya que sus precios eran razonables. Fue fruto de la casualidad, supongo. No recuerdo cómo probé mi primer expediente pero sí su agradable sabor en mi paladar. Devoré providencias y papel timbrado con fruición desde ese día hasta la mañana en la que el juez entró en mi despacho alertado por los muchos documentos que últimamente se habían, digamos, traspapelado. Innecesario fue improvisar una excusa plausible: mis carrillos hinchados de celulosa me delataron. Dejó sobre mi escritorio una apelación particularmente incómoda. Ya sabe qué hacer con ella, dijo.

Imagen: Abstract land, de Amyandromain en deviantArt

viernes, 15 de julio de 2011

La llama - Carla Dulfano


Una pequeña llama basta para iluminar toda una habitación -vociferó inesperadamente un hombre parado en el fondo del templo.
-Qué hermosa metáfora –dije.
-No es una metáfora, estaba hablando con el portero. Hoy habrá corte de luz y me pregunta si una vela bastará para dar luz a todo el recinto.
-¡No hará falta! –gritó una mujer sentada a mi lado-. Dios va a hacer un milagro y habrá luz.
-Los milagros no existen –le expliqué.
-¡Los que no crean en los milagros divinos serán castigados!
-Señora, Dios sólo castiga a los buenos. Los malos pueden pagarse un abogado.
De pronto la luz se cortó y yo encendí una linterna que traía por casualidad.
-Te dije, querida, que Dios lo iba a solucionar.
-La linterna es mía…
-Pero él hizo que se te ocurriera traerla.
La miré con misericordia y no dije nada más.

Carla Dulfano

El circo invisible de John Doe - Alejandro Bentivoglio


Llegó a la ciudad y pronto se agotaron las entradas. La carpa era enorme, pero el público apenas entró. Durante dos horas permanecieron sentados y aplaudieron y vitorearon el vacío de las pistas centrales, las cuales estaban cubiertas de polvo y suciedad. Los niños rieron cuando no salieron los payasos. Los padres elogiaron la belleza de las muchachas que no estaban ahí cabalgando valientemente ningún elefante.
Cerca de las nueve de la noche todos se fueron comentando la maravillosa representación que jamás había tenido lugar en ese pequeño y feliz pueblo sin nombre.

Alejandro Bentivoglio

Tomado del blog http://memoriasdeldakota.blogspot.com