Dispara, y falla. La manzana ha quedado intacta, así como su hijo, también intacto. Sus saetas van a parar directamente al continente africano, como si una puntería selectiva hubiera poseído su brazo. Silba la cuerda del formidable arco y cae abatido un negro. Ni una sola de sus flechas ha dado en el blanco.
sábado, 5 de diciembre de 2009
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