miércoles, 17 de febrero de 2010
El teatro de la nada – Sergio Gaut vel Hartman
Éramos dos personajes que habían olvidado los parlamentos de una obra insulsa.
—Diga algo, Don Rogelio —urgí—. La gente se impacienta. —Pero el sanjuanino siguió callado como si lo hubieran sorprendido con las manos en la masa, robando manzanas de la frutería. Así que no tuve más remedio que desempolvar el único poema que sabía. Di un paso hacia delante y recité—: “Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror... Y el espanto seguro de estar mañana muerto...” —Rogelio pegó un salto.
—¿Justo ése? —me reprochó. Tenía razón: no había sido una elección afortunada. Fue suficiente que recordáramos nuestra condición para que sucediera lo inevitable: nos desvanecimos en el aire. Los espectadores, aliviados, aprovecharon para ganar la salida, y cuando estuvieron seguros de que ya no los veíamos también se esfumaron.
Robo 3 - Héctor Ranea
En la Torre la búsqueda era frenética. Hugo, cuervo de la dinastía de espalda espejada, no aparecía por ningún lado. No era demasiado especial, ni siquiera demasiado viejo, pero era el único que tenía la extraordinaria virtud de brindar a la salud de quien le convidara cerveza. Apareció sano y salvo el lunes sin poder explicar su desaparición, obviamente. Atribuyeron la ausencia a su natural perversión que lo llevaba a beber cerveza irlandesa negra. De hecho, se encontró entre sus plumas una tarjeta con la dirección de un Pub, famoso por la calidad de su Stout.
El mejor beso - María Pía Danielsen
¿Puede el aire transformarse en arena, densa correntada que con bravura inunda mi pecho?
¿Volverse tan, pero tan pesado, que apenas respirar levemente demande ahogos y suspiros sin freno?
Tal vez tu aliento se volvió llamarada que penetra e invade las cavidades de mi cuerpo, trasmutándolo en antorcha viva, consumiéndolo en ardores profundos, rojos de fuego. Entonces, es tu boca llena de urgencias, la que recorre mis labios sumisos al deseo y dibuja, con pasión infinita, el mejor beso.
Dos antiguos - Griselda García
Primero la pantalla mental en blanco y después aparece él, cigarrillos y pañuelo perfumado con colonia. Éramos un joven matrimonio de octogenarios paseando del brazo por las avenidas, de vez en cuando sentándonos a descansar en algún café. Nos gustaban las mismas películas viejas, hablábamos de un tiempo ya ido, de palabras olvidadas como honor, lealtad, dignidad. Parecíamos de un partido político extinto.
Un día decidió emprender la retirada. Ahora miro su recuerdo como un álbum de fotos atesorado largo tiempo. Es como si lo llevara conmigo, en mí. Lo incorporé para mantener largas conversaciones en las que siempre da sus respuestas típicas. Imposible siquiera mencionar el efecto de ciertos perfumes, ciertas calles. Son curiosos los mecanismos que tiene la memoria para conservar un recuerdo. La alegría le gana a la saudade por varios cuerpos de ventaja.
María Graciela - Héctor Gomis
María Graciela se jactaba de ser una persona muy consecuente, por eso, después de haberle repetido a su hija en numerosas ocasiones que ella de mayor podría ser lo que quisiera, y ante la tajante respuesta de la pequeña: Mamá, yo de mayor quiero ser un pulpo, María Graciela besó con cariño a su niña y salió a comprarle una pecera para que fuera entrenándose.
Tomado de http://uncuentoalasemana.blogspot.com
lunes, 15 de febrero de 2010
Esas famosas últimas palabras - Jorge X. Antares
El superhéroe estaba a punto de salvar al mundo. Su puño se levantó para descargar el golpe final. A todos se les desorbitaron los ojos cuando el héroe dijo en voz alta: "¿Es políticamente correcto matar a un enemigo caído?"
De pesca con los amigos - Jordi Cebrián
Me convencieron dos amigos de la fábrica para que fuera a pescar con ellos al lago. Hay que ir de madrugada, justo antes de salir el sol, cuando una neblina flota sobre el agua. Me dicen que entonces los peces suben a miles, me explican también la leyenda de un pez enorme y hambriento que habita bajo las aguas y cuando ven mi cara de terror se burlan de mi credulidad. Me siento feliz en esta barca, pescando con ellos y luego el golpe, ya está, y oírles y saber que no era una leyenda y yo soy el cebo.
Infierno - Antonio Cruz
Siento náuseas y mi cuerpo flota en el vacío. Un olor repulsivo hiere mi pituitaria. Abro los ojos y la luz lastima mis pupilas. Intento recuperar el ritmo de mi respiración todavía agitada. Hay murmullos apagados.
¿Dónde estoy? Me siento vulnerable y a merced de todo. ¿Estaré en el infierno?
Siento pasos. Enfoco mis pupilas. Descubro un rostro mordaz y una sonrisa sardónica. El sujeto, vestido de verde, agita un frasco ante mis ojos.
En ese preciso instante se hace la luz en mi cerebro. El cirujano acaba de quedarse con mi apéndice.
Guillamo Fracasitodo
(Tratado de Medicina y cirugía - 1943)
Yocasta - Lilian Elphick
No dramaticemos, Edipo. Lo que pasó, pasó. En el mundo de la sangre, siempre hay puertas de escape. Fui tuya. Sí. Besaste el óxido de mis palabras y gozaste con ellas, en silencio, cuando aún tenías ojos para comprender que mi cuerpo te necesitaba, y se enroscaba en ti con el placer que sólo da la ignorancia.
Yo era una soga al cuello, bien firme; un amor anudado. Y tú, una historia ciega y solitaria que mis lágrimas recogieron para devorarla.
Soy tuya. Aún. Mis huesos te reclaman; la unión posible en esta cárcel de tierra.
Tomado de: http://lilielphick.wordpress.com/
sábado, 13 de febrero de 2010
Viento de palabras - María del Pilar Jorge y Rafael Vázquez
Ínfimos muros - J. Javier Arnau

Encerrado, entre ínfimos espacios que conforman un mundo, una galaxia, tal vez un Universo, de palabras sin explorar. La nave de la imaginación va descubriendo nuevos puertos y, quizás, ensanchando las fronteras de párrafos y viñetas.
Con el tiempo, realmente un pequeño desliz en la idea primigenia del creador, tal vez sea capaz de escapar a esta celda de minúsculas proporciones, a este calabozo de irrisorias pretensiones; tal vez no, y mi sino sea vagar eternamente entre acristalados muros de una cámara extempórea, fugaz destino de una mente que daría por bueno el ver un rayo de esperanza, un mínimo atisbo de certidumbre en su idea de crear un lugar más acogedor para sus hermanos en intelecto.
Con el tiempo, realmente un pequeño desliz en la idea primigenia del creador, tal vez sea capaz de escapar a esta celda de minúsculas proporciones, a este calabozo de irrisorias pretensiones; tal vez no, y mi sino sea vagar eternamente entre acristalados muros de una cámara extempórea, fugaz destino de una mente que daría por bueno el ver un rayo de esperanza, un mínimo atisbo de certidumbre en su idea de crear un lugar más acogedor para sus hermanos en intelecto.
No me desampares - Daniel Frini
En "Y" - José Luis Zárate

El corte forense en “Y”, la disección, la sangre centrifugada bajo los microscopios, los órganos cuidadosamente dispuestos en frascos, por fin nos han hecho creer en hadas.
Tomado de: http://zarate.blogspot.com/
Tomado de: http://zarate.blogspot.com/
El examen del tesoro - Jorge De Abreu

El murmullo frenético de los estudiantes en el salón se interrumpió con la llegada del profesor. Éste entró renqueando, dejó las muletas en el sitio habitual y se sentó en el borde del escritorio.
Jim estaba nervioso, seguro había reprobado el examen.
Como presintiendo sus pensamientos, el profesor pronunció el nombre de Jim en voz alta. Le hizo una seña amable con la mano invitándolo a que se acercara, pero Jim no se engañaba: había reprobado. Todos se lo quedaron mirando cuando se aproximó al maestro.
El profesor Silver le lanzó una mirada inescrutable y le alargó un pedazo redondo de papel. En él estaba una marca negra y al reverso las palabras: “Tienes hasta el próximo examen”.
Jim sintió que las piernas ya no lo sostenían y cayó de nuevo en el fondo el barril, entre las manzanas.
Jim estaba nervioso, seguro había reprobado el examen.
Como presintiendo sus pensamientos, el profesor pronunció el nombre de Jim en voz alta. Le hizo una seña amable con la mano invitándolo a que se acercara, pero Jim no se engañaba: había reprobado. Todos se lo quedaron mirando cuando se aproximó al maestro.
El profesor Silver le lanzó una mirada inescrutable y le alargó un pedazo redondo de papel. En él estaba una marca negra y al reverso las palabras: “Tienes hasta el próximo examen”.
Jim sintió que las piernas ya no lo sostenían y cayó de nuevo en el fondo el barril, entre las manzanas.
jueves, 11 de febrero de 2010
Poco - José Luis Zárate

Poco sabemos qué ve cada persona en un hada. Algunos usan adjetivos: maravilla, magia, misterio. Otros renuncian a tratar de explicarlo siquiera.
Los cazadores, desde sus escondrijos, observan atentamente esos encuentros.
Miran los rostros, los gestos, las sombras y luces que bailan en las miradas.
Mientras no comprendan ese instante saben que aunque atrapen un hada no la habrán capturado por completo.
Tomado de: http://zarate.blogspot.com/
Mi bestia - Oscar Darío Velásquez Lugo

Aspiré montar toda mi vida en un caballo inmenso. De color desconocido. Pasear sin atinar por las praderas de este mundo para conocerte vida. Para enterarme de tus hechizos.
Quise cabalgar en un caballo... sin nombre ni apellido y pasar incógnito. Para no ser masa urbana ni de pueblo. Más bien del universum.
Veneré trotar a lomo pelado.
Quise medir la fuerza de la bestia con la humana y tasar las desventajas entre ignorancia y razón.
Un día, a un caballo brioso sabanero quise soltar riendas y enfrentar sin temor lo desconocido.
Observé que la bestia de reojo me miraba. Meras ilusiones mías.
Me tenía más analizado que yo a ella. La bestia no era sólo ella.
De todas formas, jineteamos sabanas sin saber acaso el rumbo.
Arizona - Ruy Feben
Ricardo comprueba por sexta vez que su teléfono no tiene batería. De no ser por su estricto sentido de la razón, juraría que está en una película de terror: su auto se detuvo de súbito a mitad de la noche en la carretera que va de Nogales a Tucson, en medio de la nada.Sólo queda esperar el amanecer. Bajo la noche estrellada como cuerpo acribillado, Ricardo duerme en su asiento. Afuera la oscuridad apenas sugiere rocas arenosas, víboras devorando ratas. Sueña que es sepultado en el desierto, justo antes de que una llamada improbable lo despierte de improviso.
Ricardo contesta con sospecha sin saber que, a dos metros de su rostro, alguien se dispone a disparar.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
Esto no pasa en cualquier lado – Héctor Ranea
Quería tantas cosas de regalo para la madrugada de Reyes que no hubieran bastado seis salarios de mi padre para darles satisfacción, tal vez más. Alguna vez recibí una lancha de lata impulsada por aceite como combustible. Dejaba un rastro negro en la bañera y un olor a murciélago muerto en toda la casa. Con esa nave fui pirata, claro. Modificamos al juguete hasta convertirlo en una nave espacial como las que habíamos visto en los rotograbados y los cómics y durante una siesta mi primo dijo haber volado con ella a la Luna y que de ahí se había traído un elefante. Reímos mucho del sueño hasta que del patio del vecino que vivía detrás de la carnicería se escuchó el berrido. Abrimos la ventana y ahí estaba la elefanta con un maravilloso moño rojo envolviendo su cuello. Quitándoselo nos cubrimos para todo el invierno con sus restos.
martes, 9 de febrero de 2010
Marte está lleno – José Vicente Ortuño

—¡Marte está lleno de marcianos! —gritó el astronauta mientras lo sacaban de la lanzadera inmovilizado con una camisa de fuerza—. ¡Os digo que Marte no está desierto, son invisibles para poder espiarnos!
—Denle un sedante y déjenlo dormir un par de días —dijo el médico de la Agencia Espacial Calagurritana—. El pobre diablo ha pasado por una experiencia traumática.
—Sí, ser el único superviviente de una expedición a Marte debe de ser terrible —dijo un científico bajito, calvo y monoceja.
—Además, volver solo en la nave es para enloquecer —añadió otro científico de aspecto tan anodino que no vale la pena describirlo.
—La mente humana tiene extrañas formas de reaccionar —intervino el camillero que ataba al astronauta con esmero.
—¡Vaya que sí, pero si no lo hubiésemos traído nosotros…! —exclamó un marciano, invisible a todos ellos. Pero claro, nadie pudo oírlo
Sólo una gota – Sergio Gaut vel Hartman

El marciano viajaba en el moderno subterráneo de Megápolis, la nueva capital de la Tierra Unida, y no salía de su asombro. Todo era tan nuevo, tan eficiente, tan perfecto. Estaba maravillado por las cosas que veía, estupefacto. Entonces, con los ojos abiertos y la respiración entrecortada, recordó el hacinamiento que soportaba diariamente en el inmundo subte de su planeta natal y evocó el estropeado vagón que recorría el fondo del canal entre nubes de polvo rojo. Esa reminiscencia desencadenó en él una ácida e hiriente melancolía, la desconsolada nostalgia del que se encuentra en el exilio. El cuerpo del marciano empezó a agitarse con el movimiento convulsivo que en su especie equivale al llanto, e incapaz de controlarse, derramó una gota de líquido viscoso, una preciosa gota que en Marte podía significar la diferencia entra la vida o la muerte de un ser vivo.
Los otros - María Fabiana Calderari

Desde que llegamos a este páramo, hemos habitado cuerpos salvajes de formas recortadas. Pieles suaves, miradas felinas. Fuertes y voraces. Apresados a un instinto de resguardo y dominados por la traición. Se les ha vuelto fría la sangre. Se les han entorpecido las manos. No hemos encontrado entre estos despojos de humanidad ningún corazón de hombre.
domingo, 7 de febrero de 2010
Algo en la boca - Claudio G. del Castillo

En una cueva de las Montañas Umbrías:
–¡Esther Lidia, el niño se metió algo en la boca! –se alarmó papá.
–¿Qué cosa es? –rugió mamá desde la cocina.
–Por el sombrero que asoma diría que es un gnomo. Abre la boca, nené.
–Pues que lo mastique y se lo trague que el almuerzo demora. Mierda de humano que me has traído y no se ablanda...
–¡Manda co…! –alcanzó a gritar el gnomo mientras desaparecía entre los labios del pequeño troll.
Acerca del autor:
El insólito despertar de Arturo Monteblanco - Jazmín Martínez

Esa mañana, cuando Arturo Monteblanco abrió los ojos llenos de lagañas, amodorrado aún, no notó el cambio. Se levantó de su cama y se metió a la ducha, como todos los días. Cuando quiso enjabonarse la cabellera, descubrió que su pelo había desaparecido. En ese momento, cual Buda iluminado, Arturo se dio cuenta de una cosa: jamás volvería a tener piojos.
Eskimales - José Luis Vasconcelos
Testigo lúcido - Maria Fabiana Calderari

Mi ojo izquierdo, testigo lúcido, pudo verlo todo.
Comenzada la batalla, las piezas caían, una a una. Se arrinconaban, se desmoronaban, desaparecían.Como heraldos valientes surcaban la nada y retornaban a sus puestos de combate, tras fecundos esfuerzos.
Una a una, se encorvaban, atemorizadas, sorbidas por la más extrema oscuridad. Finalizado el acto, tan solo podía divisarse algún vestigio carcomido, en firme posición.
—Necesita más aumento, señora —concluyó el oculista, luego del examen.
viernes, 5 de febrero de 2010
Retratos - Esteban Dublín

El talento de Apolinar Manzano ha trasgredido el terreno de lo artístico. Sin que él lo sepa, sus dibujos se escapan de los cuadros cobrando vida. Una mañana, cuando fue a ver el caballo que había pintado, descubrió que ya no estaba en el lienzo. Le pareció extraño, pero en ese momento pensó que tal vez había dejado su dibujo en medio de sus otros cuadros, perdido entre su característico desorden. No obstante, cuando no encontró el retrato del niño en el árbol, ni el de la mujer semidesnuda, ni el del ángel con sable, Apolinar pensó que estaba al borde de la locura. En un arrebato de inspiración, pintó un autorretrato referido a su estado mental en el que se sumergía en el mar. Cuando despertó, sintió un roce húmedo en la piel y, aún preso del letargo, divisó una gigantesca ola elevándose sobre él.
Descubrimientos científicos que se perdieron en la historia I - Daniel Frini

El aporte más importante del Doctor Frankenstein, además de su logro en la reanimación, después de más de veinticuatro horas, de material orgánico muerto; fue el de eliminar el rechazo entre órganos de donantes cadavéricos distintos. Resultó una pena que los ignorantes y miedosos habitantes de la villa de Darmstadt quemasen el castillo. Los documentos del doctor, invalorables, se perdieron en aquel incendio. Idiotas.
Metempsicosis romana - Héctor Ranea

Un mosquito picó a Julio César en las Galias. El mosquito fue devorado por un sapo. El sapo pasó a formar las huestes de sapos sagrados de los druidas anglos que lo llevaron con ellos a Stonehenge y fue devorado por un cuervo de Winchester. El cuervo fue capturado por los Beefeaters de Londres y lo prepararon en escabeche, que fue la última comida de Ana Bolena. El cuello de Ana lo devoraron diez gusanos gigantes pero los enterraron y ahí un topo ladrón se los llevó a un oso holgazán que después de desayunarse con gusanos, se murió ahogado en el Canal y una orca le comió un costado. La orca fue a la Patagonia donde quedó varada en Madryn y ahí unos zorros se la comieron. El zorro que comió más, corrió menos cuando los vinieron a matar los choiques porque habían roto sus nidos. El choique macho comió sin querer del seso del zorro. Maté al choique de un tiro de carabina. Comimos esa noche un guiso de alón, churrasco de picana de ese choique y pastas con jugo de garrón de choique. Soy Julio César.
Sweetie – Ruy Feben

Vaya cumpleaños. Cuando la uña de mi meñique cayó de súbito por la coladera del baño, supe que sería un mal día. Peor cuando mi mujer me recordó, con sus modos habituales (a gritos), que hacía falta pasar por el vino para mi fiesta.
La calle estaba desierta. En la radio decían que una epidemia asola la ciudad: los enfermos vomitan, pierden pedazos de carne, y luego se vuelven caníbales.
Frente a la vinatería, uno de esos enfermos devora a una mujer. Veo los ojos rugiendo de sangre, el rostro con basca, las manos sin uñas arrancando una costilla. No sé si es asco o nerviosismo: vomito. Entiendo que será imposible conseguir vino esta tarde.
Mi mujer va a matarme.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
Sin trucos - Samanta Ortega

Retocó el maquillaje y cubrió la pequeña manchita verde. Recibió a su marido con el plato preferido. Cenaron. Recogió la mesa. Puso la vajilla sucia en la lavadora. Miraron un rato de tele y se fueron a la cama. Hicieron el amor. Después, la mujer le dio un beso de buenas noches, arropó al marido y le dijo hasta mañana, antes de que se quedara dormido. Por último, tomó la escoba y salió volando por la ventana.
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