—Festejo la decisión de conservar finalmente sus escritos —anunció con voz seductora, mientras, indulgente, daba por concluida la terapia de tantos años. No es fácil superar la costumbre de devorar papeles. Ella lo comprendía mejor que nadie. Nos saludamos con un generoso quejido, ensordecedor y enigmático, moviendo apenas las rabadillas. Y por puro placer, nos comimos las uñas.
martes, 9 de noviembre de 2010
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1 comentario:
Ay, Fabiana, qué difícil! Y qué bien te sale! Me gustó!
Besos,
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