
De adolescente se enganchó de forma compulsiva al tabaco y al cannabis. En su época de estudiante, ya en la universidad, se aficionó sin medida a la bebida y a las drogas de diseño durante cada fin de semana. Su primer sueldo le sirvió para costearse su adicción al juego y después, con el tiempo, se convirtió en un conocido cliente de prostíbulos y burdeles clandestinos. Finalmente, su caso, ya insostenible, acabó en manos de expertos psiquiatras.
Dos años después, libre de cualquier tentación, sigue sin superar su adicción a las terapias de grupo.
Tomado del blog Microrrelatos a peso
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