
Un gato negro.
—¡Como los de las brujas! —anunció el complacido padre.
—¡Ah, son los que caminan en puntitas de pie! —coreó la animada madre.
El niño echó un vistazo al gato y dijo:
—¡Un gato! ¡Un gato! ¡Papá me ha regalado un gato!
El gato echó entonces un vistazo al niño y rumió:
—¡Un niño! ¡Oh, sí, un niño! ¡Me han regalado un niño!
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