
Al flaco
Luis decide por fin que es hora de partir. Apoya la guitarra en el umbral; ya no la necesita. Se quita la ropa, los anteojos, los rulos, la cadenita… hasta la voz deja. Abandona todo, o casi. No puede borrar el duende tatuado en su hombro izquierdo. Fermín lo acompaña desde que dio el primer paso y será la contraseña para entrar en la vida cuando dé el último, el que acaba de dar mientras los niños lo saludamos con mensajes escritos en el cielo.
4 comentarios:
Bellísimo homenaje al alma de diamante! Creás un clima muy intimista, como las canciones de Luis. Saludos van!
gracias sandra
gracias sandra
coincido: muy bello homenaje
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