domingo, 12 de octubre de 2008

Pastor de dragones - Jorge Martín


PASTOR DE DRAGONES
Jorge Martín

El pastor de dragones se consideraba un hombre afortunado. Al amanecer con un silbato ultrasónico movilizaba la manada de ciento cincuenta dragones libélula. Para él eran los más hermosos, con las alas traslucidas y coloreadas, ellos le respondían con cantos de reconocimiento. No los dejaba tranquilos insistiendo que jugaran hasta casi el mediodía. Para comer hacía sonar una pequeña campana. En pocos instantes el espacio sobre el comedero se cubría de sus hambrientos pajarillos como le gustaba describirlos. Los dragones sólo comían presas vivas; no era por crueldad, por lo que las soltaba para que corrieran un poco hasta que alguno de sus pequeños se impulsaba en picada, marcaba una con el aliento cálido, que la dejaba a medio cocinar y de un bocado se la engullía. Gracias al sustento de Valhalas, la época de hambruna había pasado, ahora estaba plagado de turistas.

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