EL OSO POLAR
Manuel Moya
Es terrible, terrible: un oso polar viene cada noche a poseerme. Yo lo dejo hacer, lo dejo hacer de puro miedo y si hasta ahora no he gritado, ha sido para que no acabe por descuartizarme. Llevo dos años así y creo que ya no podré aguantarlo más. Un día de éstos, lo juro, pondré un cepo de osos a la entrada, pero si no funciona, te lo prometo, informaré al director, ¿me está oyendo, Padre Ignacio?
Publicado en Minguante
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