viernes, 30 de diciembre de 2011

Cucaracha – Armando Azeglio




Después del hongo radiactivo todo fue distinto. A los ciclos de ansiedad y pánico, se les sumó una fobia a algo cuya procedencia me resultaba imposible de identificar. Algo pretérito, capital, forzado a no detenerse, a sufrir la condena del eterno retorno. Algo que… hacía que me lavase mis eccemas con la propia orina. Era necesario esclarecer con pelos y señales lo que sucedió para, a partir de ese hecho, constituir un futuro nuevo y fresco; sin lamentos ni extinciones irreversibles. Esa era nuestra deuda para con los que vendrían. Añadir unidad a la diversidad, estudio a la erudición. Permiso a la simple imposición. Vi una cucaracha caminar. Pensé que era Gregorio Samsa disfrazado de Kafka que caminaba por mi cuento. Luego me supe ciudadano del mundo.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

La plaza del pueblo - Daniel Sánchez Bonet


De repente, como por arte de magia y muy poquito a poco, cada una de las cosas que formaban la realidad que él tenía alrededor fueron desapareciendo muy lentamente. Lo hicieron, primero, las mesas y sillas que recorrían aquella plaza de punta a punta. Después, los silenciosos árboles que la custodiaban y todas aquellas personas que bebían o bailaban entre sus concurridos confines. Desde arriba, lo hicieron también las estrellas que, centelleantes, la alumbraban sin cesar con su inagotable brillo.
Segundos antes, dos inocentes miradas se habían cruzado entre las más de mil millones de probabilidades que tenían de hacerlo.

Tomado del blog Microrrelatos a peso

Responsabilidad – José Antonio Parisi


La función ha terminado. Solos en el camarín, el ventrílocuo sienta al muñeco en su rodilla y le desliza la mano entre la camisa y la espalda. Lo sostiene agarrado por el cuello, le gira la cabeza desacomodándole la peluca y lo mira con furia. El muñeco entiende. Había advertido una equivocación en el diálogo frente al público y, masticando las palabras, el ventrílocuo le hace la primera pregunta. ¡Ojo con contradecirlo! Aunque el error no haya salido de su boca de cartón, debe articular afinadamente lo que el ventrílocuo desea escuchar. Y vendrán más preguntas y el muñeco, muerto de miedo, siempre deberá responder sin aumentarle la ira. En el mundo de los muñecos, ha escuchado hablar sobre el ventrílocuo. Y sabe que, si falla, el otro le hundirá los dedos hasta quebrarle la laringe.

Espíritus - Olga Appiani de Linares


Desperté y el fantasma prometido estaba en la habitación.
Ropa oscura, gestos exagerados, suspiros que rivalizarían con cualquier huracán tropical...
Muy teatral, demasiado "demodée", tirando a trágico. Y al parecer sin otro deseo que pasearse de un lado a otro, entre lamentos.
Amante de emociones fuertes, yo había pagado para ocupar la habitación con fama de encantada. Pero esperaba más que esos deambulares suspirantes.
—Oiga, joven... Si no piensa hacer algo más... fantasmal, digamos, pediré la devolución de mi dinero. Así, el único riesgo que corro es morir… ¡de aburrimiento!
—¡Oh, Muerte! ¡Oh, grave signo de un gran poder lejano! —declamó, en respuesta. Pasó el resto de la noche recitando a Novalis.

No logré que me reintegraran lo abonado.
Yo pedí un fantasma y eso tuve, dijeron; si no me había gustado que fuera el Espíritu del Romanticismo, debí prestar atención a la letra chica.

Tomado del blog: Palabras

Accidente cerebral - Albin Lainez


Cuando abrió los ojos estaba en un sanatorio. Manos y pies sujetos a la baranda de la litera por fuertes correas de cuero. Los médicos, que lo observaban en círculo, hablaban entre sí con un idioma incomprensible. Intentó pedir agua, forzando su garganta devastada por sed y silencios.
Alarmado, se oyó croar.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Ella me conoce bien (Moonlight drive mix) - Alejandro Bentivoglio


Paredes de papel en ensueños, bajo un sueño japonés, escribiendo nuestra historia en la caligrafía de la piel que se sabe cálida brisa. Somos dos que desconocen la apelación del final, sabemos ser quiénes somos.
La amo y ella lo sabe. Las palabras son tinta que pronuncia nuestro nombre en la elipsis de una luna imaginada que amortigua el pasado que no necesitamos.
La noche susurra y nos besamos tenues bajo el vértice de un haiku que nadie conoce.

Tomado del blog: Memorias del Dakota
Sobre el autor: Alejandro Bentivoglio

Propio, Uno, el Único y Suyo - Helga Fernández


Uno es lo que es a pesar suyo, porque el Suyo no es tan importante como el uno aunque nunca deje de pretenderlo con sus ínfulas de único. Uno sabe que lo que tiene es tan casual como lo que no tiene en cambio Suyo cree que todo es mérito propio. Pero cuidado, no confundamos a Propio con Suyo porque entonces Uno dejaría de ser alguien por creerse El Único.

sábado, 24 de diciembre de 2011

El epítome de la belleza – Sergio Gaut vel Hartman


Hace algunos días, concurrí a una exposición de arte en el museo Larreta. Allí me fue presentado un médico recién llegado de España con el que entablamos una animada conversación. Durante la charla, entre varios temas muy interesantes, el sujeto deslizó que era cirujano plástico y que había operado a la duquesa de Alba. Yo no creí que fuera cierto y él se dio cuenta de mi desconfianza.
—Veo que no está nada convencido —dijo sonriendo—. Por ese motivo le ofreceré una prueba palpable de mis afirmaciones. Toque aquí.
Venciendo mis escrúpulos y aprensiones, toqué. Y debo aceptar que estaba en lo cierto.

Sobre el autor: Sergio Gaut vel Hartman

Furia y éxtasis – Héctor Ranea


Llevaba horas en la plaza mirando el palacio gris que había sido el hogar de una esperanza. Me parecía mentira estar ahí y lo que pensaba podría costarme la vida, pero no podía dejar que fluyera esa maldición repetitiva. Tanto debía ser mi éxtasis y furia contenidos que se me acercó una mujer:
—¿Sustancia, caballero? —dijo, con esa particular tonada, haciendo que desviara mi mirada a esos caramelos de malvavisco coloreado.
Girando mi cabeza lentamente vi sus facciones de gente de la tierra, a quienes tanto amaba. Nuestras miradas se fundieron en lágrimas mutuas por la misma persona asesinada hacía poco más de diez años, ahí donde ahora regía la bestia asesina.
Mirándonos, su voz tenue, apenas audible, repetía el pensamiento que yo había confinado a mi mente. Ambos maldecíamos al habitante ilegítimo de La Moneda.
Fue una tarde fresca, particularmente diáfano el aire de Santiago, recuerdo.

Sobre el autor: Héctor Ranea

Anita - Daniel Sánchez Bonet


Cubrió su sexo con el estrecho hilo de la tanga que acababa de comprarse y con la misma delicadeza, terminó de abrocharse su mágico sujetador push up. A continuación, se puso un ajustado vestido negro que apenas cubría algo de sus femeninas piernas y cerró la cremallera que colgaba por su finísima espalda. Después, se colocó dos enormes aros de plata, perfiló con un lápiz sus rasgados ojos y con un gloss intenso recorrió de lado a lado sus carnosos labios. Por último, se subió a unos  tacones de aguja y sólo entonces, se atrevió a salir por la puerta.
Decidido.

Tomado de Microrrelatos a peso

jueves, 22 de diciembre de 2011

Matrimonio - Daniel Sánchez Bonet


Mi padre es de esos tipos que sólo se fija en los pequeños detalles: que si la puerta no está cerrada con dos vueltas de llave, que si el gas se ha quedado encendido, que si alguien se ha olvidado de bajar la basura…
Aquella mañana, ni siquiera se percató de lo ocurrido con su mujer. Eso sí, no pasó por alto que uno de los cuchillos estuviera en la habitación.

Tomado del blog: Microrrelatos al peso

La despedida - Oriana Pickmann y Javier López


Tras la jornada laboral, mi jefe y yo nos despedimos:
—¡Hasta mañana, jefe! Por cierto... ¿nunca le he dicho que es usted un cabroncete malencarado y un dictadorzuelo que nos tiene amargada la vida a todos los trabajadores de esta empresa?
—¿Pero qué está usted diciendo? ¡Queda despedida!
Y asi fue como, tras la jornada laboral, mi jefe y yo nos despedimos.

Sobre los autores: Oriana Pickmann y Javier López

domingo, 18 de diciembre de 2011

Mientras tanto – Héctor Ranea


―Mamá, ¿qué hay de comer?
―¿Aparte de los gusanos, decís?
―¡Ufa! ¡Gusanos de nuevo no, ma! ¡Quiero comida de verdad!
―¿Te referís a comida como leche, carne, pan? Me temo que no; no habrá otra cosa, así que comé.
―¿Siempre habrá gusanos, mamá?
―No dije eso. Dije que no habrá nada más. Los gusanos subsistirán mientras dure el cadáver de tu padre. Mientras tanto, no protestes y seguí comiendo los gusanos, mientras duren.

Sobre el autor: Héctor Ranea

Confesión – Armando Azeglio



“La verdad es un imposible necesario hijo”, sentenció el cura tallando cada palabra en el aire. La escena me llamó la atención. Me pareció que aludía mucho más al mundo de las parcas griegas (las que hilan, devanan y cortan) que a una epifanía cristiana. No solo porque en sus manos revolvía una soga (como si fuera la serpiente de un hilandero) sino porque la frase sonaba más a Zenón de Elea que a Aristóteles. De pronto, dio un salto sobre un cubículo con una superficie pulida a espejo. “Cuidado con las partes cuando no se las pueda integrar en un todo; se puede caer en algo así como un bochorno cósmico”. Y dicho esto cruzó la cuerda en una viga que atravesaba la estancia a lo largo. Se hizo la noche. El cuerpo quedó suspendido por el cuello. No quise hurgar en su historia. Tampoco esperé la absolución.


Sobre el autor:
Armando Azeglio

viernes, 16 de diciembre de 2011

Caminos - Armando Rosselot


Solo. Y ni siquiera me había dado cuenta de que ese es el único estado existente.
Con tanta inmensidad rodeándome, no logro reconocer casi nada - todo va cambiando de a poco-, sólo yo me creo algo estático e inamovible.
Corro, por los caminos que danzan a través de la sucesión de momentos, gritando incoherencias, al cambiar mi dirección una y otra vez.
Como al principio, como me dijo en uno de los vértices, la niña de ojos sin fondo que iba a ser.
Sigo adelante, con paso firme y sonriendo.

Frente al espejo - Peio Soria Jimeno



No reconocía al hombre que tenía frente al espejo. Habían sido más de diez años viendo otro rostro y no lograba acostumbrarme a aquella triste mirada, camuflada entre la espesura de unas cejas tan vulgares. El glamour de mi sonrisa se había desvanecido, dejando en su lugar cuatro dientes intercalados con huecos tan oscuros como los bemoles de un piano. La imagen de mi verdadera cara me desalentaba a pesar de la buena noticia que mi psiquiatra repetía con insistencia para animarme. Mi completa rehabilitación quedaba tan cerca que ya podía empezar una nueva vida en un apartamento tutelado… pero ¡qué demonios! Era más divertido ser Elvis.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Breve y no tan breve – Javier López


—¿De veras cree que el prólogo es adecuado a mi obra? —pregunté a mi editor, con el convencimiento de que no lo era en absoluto.
—¿Lo duda? Hemos contratado al mejor ensayista de este país, el señor Claudio Sánchez Adorno, cuya pluma está reconocida internacionalmente...
—Sí, si eso está muy bien, pero...
—¿Pero? ¿Tiene algo que objetar al esfuerzo realizado por la editorial en la publicación de su libro?
—No, no quisiera parecer desagradecido. Tan solo dígame si no resultará algo excesivo un prólogo de ciento treinta páginas para una microficción de noventa y seis palabras.

Frustración – Sergio Gaut vel Hartman


—Clama a mí, y yo te responderé —dijo Jehová—, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.
Jeremías sintonizó el basculador de calibración cuántica y bajó un poco el contador de haces, colocando el rastreador en un punto anterior del discurso periontológico.
—¿Estás en condiciones de resolver la ecuación de Navier-Stokes? —dijo acercando los labios al sintetizador, como si fuera necesario para que Dios lo oyera—. ¿O la conjetura de Birch y Swinnerton-Dyer?
—La ecuación se refiere a las derivadas parciales no lineales que describen el movimiento de un fluido y la conjetura se relaciona los datos aritméticos asociados a una curva elíptica. ¿Esas?
—Esas. A ver si lo tuyo es de verdad o puro alarde.
—Ni puta idea. Esas incógnitas ya estaban cuando creé el universo.
Jeremías le dio una patada al basculador y lo dejó hecho migajas.

La olvidadiza – Héctor Ranea


—¡Ay, querida, no sabés el susto que me di! —le dije a mi cuñada sentada frente a mí.
Ella meneó la cabeza, como preguntándome.
—Resulta que —comencé sin dejarla hablar— llego a la clase de gimnasia y todas me dicen: “¡Qué tal, tanto tiempo! ¿Por qué no viniste en todo este tiempo?” —Al principio, como te imaginás, me lo tomé en solfa. Pensé que era una broma.
Ella meneó la cabeza, como para contestar. Pero antes de que abriera la boca, le dije:
—Al ratito me di cuenta de que no era una broma, que me lo decían en serio. Es más, estaban preocupadas porque yo no daba pie con bola y no tenía ni idea de lo que me decían.
Mi cuñada parecía menear la cabeza, pero al fin se le cayó nomás. Ahí me di cuenta de cuánto tiempo hacía que estaba muerta. ¡Cómo pasa el tiempo!

Héctor Ranea

Ilustración: "Las dos hermanas", de Giorgio de Chirico

lunes, 12 de diciembre de 2011

Paralizado - David Moreno



Las campanadas del reloj de la iglesia indicaron hace un rato que era medianoche. El silencio, desde entonces, se rompe tan sólo por el ulular de una lechuza que viene y va.
De mi boca se desprende un vaho espectral. Hace frío. Una intensa niebla cubre el techo de mi habitación.
Miro al candil de mi mesilla y compruebo que su tenue luz está a punto de apagarse. Debería levantarme de la cama para ir al baño antes. Pero un miedo atroz a poner un pie en el suelo me lo impide. Me ahogo con tan sólo pensarlo.
Y algo se mueve ahí abajo.
Mejor seguiré esperando.

Tomado de No Comments

Parásitos - Raúl Sánchez Quiles



El señor del traje y el puro se bajó del Audi acompañado por otros dos individuos de chaqueta y gafas negras. Me dio una bofetada, me pidió más austeridad y se llevó el cartel de “No tengo trabajo, sino hambre” y la lata con las monedas. No pude apuntar la matrícula, pero su cara me suena.

Tomado de Hiperbreves, S.A.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Fuga - Sergio Gaut vel Hartman



Desperté bañado en el viscoso aceite de las heridas de Arquelao, lo que me sugirió que la pesadilla era profética. Dejé que esa idea fluyera arrastrando el tibio licor que la noche había depositado en los recovecos de mi alma y esperé la purificación, pero no fue suficiente; metí dos dedos en el hueco, extraje la nuez y descubrí el deterioro al primer vistazo; costras de savia seca se adherían a la rugosa superficie y un rastro de humo sugería que el núcleo estaba agotado. Eso significaba que en la realidad moriría dentro de las siguientes tres horas, pero no tenía ningún interés en permitirlo: cerré los ojos y armé la fuga. Del otro lado, recién renacido, Arquelao esperaba con el arma lista para liquidarme. Empecé a reír; el pobre diablo, atado a una única fase, no tiene idea de cómo son las cosas. 

El espejo en que la medianoche no hace sombra – Héctor Ranea



Mis ojos fueron incapaces de soportar mi mirada. Ese reflejo en un espejo semejante había hecho de mí, de todos nosotros, seres ambulantes sin destino. Cada vez que nos mirábamos a un espejo rememorábamos aquella reflexión y, acobardados por esa penetración cerebral profunda, nos retirábamos descerebrados, malcontentos, fríos, medrosos. Nuestros amores se fueron apagando, por el arte, por la música, por el cuerpo del amado o amada, por la luz y por la oscuridad. Pronto, hasta los cuervos tuvieron más estima de ellos mismos que nosotros de nuestra propia existencia y fue en esos tiempos que se decidieron a tomar en devolución los ojos que nos habían prestado.
Desde entonces (soy) somos incapaces de sostener nuestros recuerdos con las órbitas vacías de los ojos prestados y todo fue para peor.

Piedras y piedritas - Daniel Frini


En soledad, alrededor del sol, gira el Asteroide Zadunaisky, Una gran piedra de más de cuatro mil millones de años. Un poco por debajo de su Norte hay un gran cráter de unos diez kilómetros de diámetro, originado por el impacto de otra piedra en épocas remotas. Dentro de él, hay otros cráteres más pequeños y, lógicamente, más nuevos. Uno de ellos, bastante curioso debido a su forma elíptica, se formó por el choque de otra piedra hace unos cincuenta millones de años. Allí, sentado con la espalda apoyada sobre el borde de acresión, hay un astronauta. Su casco muestra un agujero de bordes limpios, consecuencia de otra piedra del tamaño de un garbanzo que lo atravesó de lado a lado. Está allí desde hace unos seiscientos mil años. En su pecho, quemada por una larguísima exposición al Sol cercano, puede verse una insignia de la Unión Soviética.

Acerca del autor: Daniel Frini

Héroe sádico - Leonardo Dolengiewich


Se acercó hasta el borde del acantilado, mucho más allá del límite indicado por el guía turístico. Todos lo miraron, alguno le gritó que volviera, que no se arriesgara. Se arrojó sin inmutarse.
Cuando no estaba salvando al mundo, Peter Parker se divertía a costa de los turistas que visitaban la ciudad.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Educando a Violeta – Héctor Ranea


―¿Tengo que darle la mano al señor, papá? ―dijo Violeta, acongojada.
―Sí; se una niña educada ―dijo el señor Cuarnes.
―Te la devolveré―. Terció Forbes.
La niña se desatornilló la mano con parsimonia, como quien no quiere dar lo que le es caro.
―Tome ―. Espetó.
El señor Forbes se la engulló de un bocado. La niña, a punto de un llanto desconsolado, dirigiéndose al padre:
―¿Viste lo que hizo? ¿Cómo me la va a devolver ahora, papá?
Y Forbes le contestó: ―Ni te molestes Violetita. Es un muñeco. El ventrílocuo soy yo. Y ahora prepará tu patita, nena. Tengo hambre.

Encuentre al autor en: Héctor Ranea

Virgen - Claudia Sánchez


La teoría se la sabía al dedillo. Su madre ya le había explicado todo lo necesario para esa noche.
Pero al momento de ponerlo en práctica, no contaba con que la correctora, mujer del escritor, fuese tan puritana.
Ahora no sabía cómo proceder con esa túnica blanca encima, con un agujero en la entrepierna y otro en el ombligo.
Ya estaba por sacársela cuando los escuchó detrás de la puerta. Su flamante marido hablaba con una mujer en un tono muy íntimo: “no te vayas amor, en diez minutos acabo este trabajo y estoy contigo”.
Pero ¿qué estaba sucediendo?
—Ay mi vida, pero ¿cómo te han puesto esa bata? —le dijo con ternura—. Ven, quítala… la cabeza va por aquí. Así. Bueno, ¿Te has decidido ya? ¿Qué hacemos… caoba… castaño? Tu pelo virgen tomará muy bien cualquiera.
Bien, la historia continuaba. Porque los hombres no las prefieren rubias.

Encuentre a la autora en: Claudia Sánchez

Obcecación - Lucio Maggi


—No seas boludo, hijo. Eso no sirve.
—Dejá de joder, viejo. Ya soy grande y sé lo que hago.
—Pero mirá que quien me lo dió me dijo que es fenómeno para lo que vos querés hacer, eh.
—No me rompás las bolas...
El hombre bufó. ¿Será de dios que los hijos llevan la contra siempre? ¿Por qué las relaciones padre-hijo en un momento dado empiezan a responder al principio de acción y reacción? Movió la cabeza con desencanto e insistió, aun sabiendo que iba a perder.
—¿Entonces este kevlar no lo querés, Ícaro?
—¡Metételo en el culo!
Y arrancó a volar. Y se hizo mierda, obvio.

Okupa - Fernando Puga


Avanzo entre tus huesos de papel manteca que al roce de mi hálito se deshacen como terrones de azúcar en el agua. Te gano la batalla. Te convierto en remedo de ti mismo, una mala copia del guerrero que doblegaba a cuanto desgraciado osara cruzarse en su camino. Llegaste tarde a la contienda de tanto andar mirándote al espejo, de tanto andar cazando mariposas, de tanto construir castillos en el aire. No me guardes rencor, soy inocente. No puedo renunciar a mi naturaleza. En ti me llevas. Conmigo seguirás hasta que se apague el último leño de tu hogar. Que sirva de consuelo lo bueno que has vivido: algún antiguo amigo que aún hoy te recuerda, algún amor que debió ser más correspondido y esos frutos que ya están maduros, prontos para retar a sus propios demonios.

Encuentre al autor en: Fernando Puga

martes, 6 de diciembre de 2011

Recurrente y empalagoso - Sergio Gaut vel Hartman


Gutha Cunz leyó el cuento de Chuang Tzu y la mariposa antes de irse a dormir. No hay que leer estas cosas con el estómago lleno, reflexionó. Y tuvo pesadillas, claro. Soñó que era Tzu, luego la mariposa y finalmente un monstruo híbrido de chino y mariposa que leía el cuento de Chuang Tzu y la mariposa antes de irse a dormir, lo que le provocaba espantosas pesadillas. Pero aquí no termina la cosa. A continuación, Gutha Cunz soñó que no podía despertar de una pesadilla en la que el emperador de la China obligaba a sus súbditos a soñar la historia de Chuang Tzu y la mariposa diecinueve veces por día. Menos mal, pensó Gutha Cunz al despertar, que todo esto es un sueño. No estuvo tan seguro de esto cuando la doncella, Danaus Plexippus, preguntó.
—¿Café o té? ¿Con leche o solo? ¿Crema? ¿Azúcar? ¿Tostadas o mediaslunas?